![Geneviève Jacques, directora de Programas del CMI [Foto: Denise de Rocchi]](/picture/Jacques.jpg)
Las religiones retoman lugar en la vida pública
Entrevista: Edelberto Behs, PORTO ALEGRE, Brasil
Cuando Genevieve Jacques, directora de Programas del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) terminó su exposición sobre "Combate a la Intolerancia y Respeto a la Diversidad" en el III Foro Social Mundial de Porto Alegre, alguien le preguntó ¿Cree que las religiones tienen todavía lugar en el mundo de hoy?
Ante más de 700 personas reunidas en uno de los almacenes del puerto, uno de los lugares de la ciudad donde se realizó el Foro, Jacques respondió con calma y convicción: "La religión tiene una de las respuestas más poderosas al tema de la identidad".
Este y otros temas relacionados con religión y sociedad fueron abordados por Jacques en entrevista exclusiva con ALC durante el Foro. Graduada en Matemáticas y Economía, Jacques militó desde temprano en el movimiento ecuménico de su pais natal, Francia.
Fue, durante 15 años, secretaria general de CIMADE, una ONG que apoya a los refugiados y migrantes y combate el racismo. Desde 1996, integra el equipo de relaciones internacionales del CMI y en 1999 asumió la dirección de Programas del organismo ecuménico internacional.
Aquí sus declaraciones:
ALC: ¿Cómo evalúa el Foro Social Mundial?
Jacques: Es difícil hacer una evaluación global del Foro como un evento, porque cada cual participa en varios temas del programa. Lo que se puede evaluar y opinar es sobre la participación ecuménica en el Foro, especificamente la del Consejo Mundial de Iglesias y de las organizaciones vinculadas a él.
Los amigos brasileños, que organizaron el Foro Ecuménico Brasileño, con miras al Foro Social, consideraron muy positiva la manera en la cual, este año, por primera vez, organizaciones ecuménicas que se identifican por una misma visión de justicia, se encontraron en el Foro.
Así tuvieron mayor visibilidad en la tienda "Kairós" y organizaron eventos comunes. Esto se considera un avance muy positivo en comparación con otros años, cuando la participación fue más dispersa.
Pienso que esto es probablemente lo más importante que se puede señalar; un avance muy significativo en la cooperación entre las agencias ecuménicas y en particular entre las agencias ecuménicas, el CMI y la organización brasileña. Esto es muy positivo.
En la evaluación que hicimos (el lunes 27 de enero, en la sede de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil, en Porto Alegre, representantes de iglesias, de la Coalición Ecuménica y de organismos ecuménicos nacionales e internacionales) vimos varias cosas que tendremos que mejorar para el próximo año.
La primera es tener una preparación previa más organizada. Comprobamos que muchas organizaciones propusieron actividades, seminarios, talleres, con la lógica de sus propios países y se encontraron aquí con la propuesta de seminarios con los mismos temas, la misma propuesta y los mismos horarios, que les hacían la competencia. Es importante evitar esto.
También estuvimos de acuerdo en que es mejor no concentrarse en pequeños seminarios y adoptar una visión un poco más estratégica. Vamos a profundizar esto en el CMI. Tendría que ser más específica la participación de las iglesias, del CMI y de las organizaciones ecuménicas.
Para las próximas ediciones del Foro, tenemos que preparar cómo aportar una perspectiva ética y espiritual en todo el proceso de discusión. No se trata de coordinar, de imponer una línea, sino de valorizar mejor la presencia ecuménica, muy importante, en un Foro como éste.
ALC: ¿Porqué las iglesias demoraron tanto su participación en el Foro Social Mundial?
Jacques: No se puede decir que se tardaron, porque las iglesias brasileñas estuvieron presentes desde el primer Foro.
ALC: Pero no tuvieron ninguna visibilidad ni, incluso, representación...
Jacques: No sé, pero puedo responder por parte del CMI. En el Primer Foro no me acuerdo si estuvimos presentes, porque no actuaba el Programa en esa ocasión.
En el Segundo Foro solamente algunos colegas participaron y al regresar fueron muy claros cuando compartieron su experiencia y dijeron: "Tenemos que organizarnos mejor, es necesario ir mejor preparados. Es un evento muy importante, en el cual el CMI tiene que participar al lado de las iglesias, en particular las de Brasil y de América Latina, y al lado de los movimientos que el CMI ha acompañado por años.
No es solamente una decisión de Ginebra, sino la respuesta a peticiones de organizaciones con las cuales trabajamos. Tal vez las iglesias no entendieron, al principio, la importancia que podía tener y que ahora tiene este encuentro único como expresión de la sociedad civil, de la cual son parte las iglesias.
Me alegra que ahora hay una presencia muy significativa y todos estamos convencidos de que es uno de los espacios donde las iglesias, el movimiento ecuménico, que participa en la lucha por la justicia en la sociedad civil, tienen que estar presentes.
ALC: En su intervención, afirmó que uno de los principios para la superación de la intolerancia es la lectura de las señales de los tiempos. ¿Faltó esa lectura a las iglesias en la primera edición del Foro?
Jacques: Tal vez se puede decir que sí. Es siempre un desafío ser capaz de leer las señales de los tiempos. En cuanto a mi participación en el debate sobre la intolerancia, es importante señalar que fue una iniciativa del Foro Ecuménico brasileño el proponer este tema a la organización internacional del Foro Social.
La decisión fue priorizar, en el marco de la Década para la Superación de la Violencia, una reflexión sobre el tema de la lucha contra la intolerancia y la promoción del respeto a la diversidad, como algo muy importante en estos tiempos.
ALC: ¿Qué otras relaciones puede definir el CMI a partir del Foro, que no sean con organismos eclesiales? ¿Existe esa posibilidad?
Jacques: Sí, no solamente existe sino que se está haciendo. Uno de los aspectos importantes de este tipo de evento son los encuentros, las relaciones que se establecen con diferentes redes.
Mis colegas que están trabajando en el tema de justicia social y en la reflexión respecto al proceso de globalización, hicieron muchos contactos en Porto Alegre con otras redes que buscan, por ejemplo, un comercio justo, que luchan contra el SIDA, que promueven la justicia económica.
Asi se desarrollan redes de cooperación entre los movimientos cristianos, el CMI en particular, y otras redes de la sociedad civil.
ALC: ¿Existen colaboraciones concretas ya establecidas?
Jacques: En particular, podría citar dos; una de ellas respecto al comercio internacional, orientada hacia un comercio justo. La Alianza Ecuménica de Abogacía ha lanzado una campaña titulada "Un comercio para las personas y no personas para el comercio", y ha establecido contactos con otras redes que trabajan en el mismo sentido.
Todo el mundo reconoce que es necesario crear sinergias entre las diferentes redes, que pueden movilizar diferentes tipos de público.
El segundo ejemplo, muy importante, está en la movilización contra el SIDA, en la que la organización ecuménica trabaja y tiene que trabajar con otras redes que pertenecen a la sociedad civil, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esa cooperación ya existe.
ALC: ¿Cuáles son los mayores desafíos que tiene actualmente el CMI?
Jacques: A fines de enero del 2003, cuando en otra parte del mundo se escuchan rumores de guerra, pienso que la búsqueda de alternativas a la guerra y de otro tipo de respuestas a las amenazas que existen en el mundo, serán, en los años venideros, un gran desafío.
Cómo desarrollar un movimiento que busque una respuesta no violenta al conflicto existente. El CMI tomó una posición muy clara contra el uso de la fuerza en el caso de Irak en particular, pero en general en los problemas internacionales, como en el caso del Medio Oriente, exigiendo una solución urgente al problema de la región.
Hay un enfoque muy serio en torno al asunto de la guerra y de los efectos dramáticos de la cultura de la violencia que se vincula a la supuesta guerra antiterrorista.
ALC: ¿El CMI trabaja, ahora, en la Década para la Superación de la Violencia y trabajó, recientemente, en la Década de la Mujer. ¿Cómo evalúa esas iniciativas? ¿Son un buen método de trabajo y de concientización?
Jacques: Lo que aprendimos en la Década de Solidaridad de la Iglesia con las Mujeres es que se necesita mucho esfuerzo para concientizar seriamente, para que el mensaje llegue a las iglesias.
Considerando eso, en la Década para Superar la Violencia hemos tratado de desarrollar una metodología que llama a las iglesias a considerar su propia situación desde el principio, sin proponer una campaña al comienzo, ni plantear soluciones o perspectivas.
Lo más importante es que en cada parte del mundo las iglesias, y también la comunidad cristiana, se den cuenta de la gravedad de la situación y analicen los efectos y las causas de la violencia en su medio, y elijan cuáles son los puntos más importantes, sin tener que esperar que vengan directivas de Ginebra.
Pasados dos o tres años, se puede decir que en muchas partes del mundo el mensaje fue escuchado. Esto no quiere decir que todas las iglesias están de pie para luchar contra la violencia. Seguramente no, pero se sabe que éste es un llamamiento que debe ser tomado en serio por los que tratan de tomar en serio el Evangelio.
Y que hay una oportunidad de actuar juntos durante esa Década. Hay cosas muy interesantes que se están produciendo en África, en Asia, cada cual con su propio enfoque. Espero que la movilización crezca y llegue a nivel de las congregaciones.
No basta tener una gran ceremonia nacional para lanzar la Década contra la Violencia, en particular cuando se piensa en países del tamaño de Brasil. Un lanzamiento nacional es importante,pero no es suficiente. Lo mejor sería el desarrollo de muchas iniciativas y de la creatividad de las personas en torno a esa idea tan importante, para reforzar el espíritu, el compromiso de todos.
Uno de los peores riesgos que enfrentamos es la desesperanza, como dice Galeano la peste de la desesperanza nos amenaza. Pienso que este esfuerzo es tan especial que debemos tomar en cuenta las cosas increíbles que hacen las personas que nada conocen, que no son las estrellas del sistema, y que luchan para sobrevivir, para enfrentar las rupturas sociales, para ofrecer otro tipo de cosas.
Las mujeres están desempeñando un papel muy importante, en muchas partes, en sociedades desgarradas por la violencia, pero en las que re-crean relaciones de vida. Pienso que necesitamos valorizar esto.
ALC: ¿Una contribución de la Iglesia no sería la proclamación de la esperanza y trabajar el tema de la espiritualidad?
Jacques: Pienso que cuando nos despertamos en la mañana y escuchamos los noticieros es sobrecogedor lo que se oye. No sabemos a dónde vamos, lo que se ve es aterrador. No necesitamos promover una esperanza barata, de falsas promesas, sino la esperanza de que, como se dice aquí, en una perspectiva cristiana, "otro mundo es posible".
Cristo vino a decir eso, que hay otro mundo, que el plan de Dios para este mundo es un mundo mejor, un mundo de justicia y de paz. Y que somos llamados a contribuir a eso. Que ya existe, sin saberlo, pero que necesitamos abrir los ojos.
Ya existen múltiples ejemplos de esta nueva semilla de esperanza que está brotando. Es preciso retomar del Evangelio todo lo que da sentido a los esfuerzos que hacemos para promover la convivencia fraterna, las relaciones entre personas y comunidades internacionales, con respeto a la diversidad, dignidad humana, que son fundamentales para la justicia.
Uno de los desafíos es hablar del papel de las iglesias cristianas, pero también de las religiones en general. Hoy existe una expectativa mayor sobre el papel de las religiones. Ellas tienen una reserva de sentido para las personas.
Pueden ser fuente para la superación de la violencia, o, por el contrario, incentivar la oposición violenta. Es preciso dar valor al diálogo interreligioso como una necesidad de nuestro tiempo y convocar a las religiones que tienen como aspecto central el respeto a la dignidad humana, la paz y el respeto a la Creación, para que de la cooperación salgan recomendaciones que puedan ayudar a las comunidades.
ALC: ¿Cómo ve el crecimiento de las iglesias pentecostales en América Latina?
Jacques: En el cristianismo hay un esfuerzo importante para tratar de comprender la diversidad de la familia cristiana, de comprender la cultura de otros, de valorizar lo afectivo y la espiritualidad. Hay que tratar de entender lo que se expresa a través de esto.
Conozco muchas iglesias y cristianos que necesitan avanzar para superar estereotipos. Esto también es válido para los pentecostales, que a veces tienen concepciones muy rígidas, incluso a veces sectarias, de otros cristianos. Para que nos encontremos en el camino es necesario superar los estereotipos y las dificuldades de reconocer que hay varias expresiones en relación con la fe cristiana.

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