Líder del Consejo Nacional de Iglesias critica planes económicos y bélicos de Bush
WASHINGTON, Estados Unidos, Febrero 3, 2003
La propuestas económicas para Estados Unidos del presidente George Bush, lo mismo que sus planes para atacar a Irak, fueron duramente criticados por el secretario general del Consejo Nacional de Iglesias (NCC por sus siglas en inglés) Bob Edgar.
En un analisis del mensaje sobre el estado de la Unión, que el presidente presentó la semana pasada ante el Congreso, el líder de la entidad que agrupa a las principales iglesias protestantes de Estados Unidos señaló: "El presidente no lo dijo, pero el país lo sabe: la Unión se encuentra en un estado de gran intranquilidad".
Mucha gente, agregó, se siente incómoda con una política nacional que da prioridad al recorte de los impuestos a los millonarios y cubre esa reducción con fondos que deberían destinarse a ayudar a niños que no tienen seguro médico, niños cuyas familias viven en la indigencia todo el tiempo.
A otros estadounidenses, agregó Edgar, les preocupa que el presidente insista en aumentar la deuda pública nacional, cargando sobre sus hijos y nietos una obligación que amenaza al bienestar de las generaciones por venir, mientras un relativo puñado de opulentos norteamericanos pueden aumentar su lista de lujos.
La creación de un Departamento Nacional de Seguridad interna añade poco a nuestro sentido de seguridad, cuando el presidente no dice cómo se financiará y cuando las comunidades locales no pueden cubrir los presupuestos de su policía, bomberos y hospitales, advirtió.
Todos nos sentimos también intranquilos por el tono de la retórica belicista del Presidente. Los estadounidense tienen derecho a sentirse preocupados por la moralidad de una invasión preventiva norteamericana (a Irak), que, aún con las mayores precauciones de nuestra parte, matará a una horrenda cantidad de civiles inocentes.
La Organización Mundial de la Salud estima que esa guerra causará al menos medio millón de víctimas. Y UNICEF advierte que tres millones de personas quedarán al borde de la muerte por hambre.
Además de la intranquilidad, un asalto estadounidense a Irak seguramente provocará un aumento masivo del terrorismo antinorteamericano, que podría hacer menos seguro nuestro país.
Considerando estos costos, nuestro sentido común nos dice que debe haber un camino mejor que la guerra. Nuestra fe nos obliga a buscar ese camino mejor, concluyó Edgar.

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