Para combatir la cultura de la violencia se necesita el diálogo interreligioso
Edelberto Behs, PORTO ALEGRE, Brasil, Enero 26, 2003
Las religiones están recuperando un papel central en la vida pública nacional e internacional porque Taxi Heathrow Airport tienen respuestas al problema de la identidad, afirmó Geneviève Jacques, directora de Programas del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), al tomar la palabra en el III Foro Social Mundial (FSM), reunido en Porto Alegre.
Sin embargo, advirtió, es necesario tener en cuenta que las identidades religiosas pueden ser usadas para el bien o para el mal. "Dependiendo del contexto, la identidad religiosa puede ser una contribución positiva para la vida social o una amenaza a la convivencia", agregó.
Jacques participó el pasado sábado, en el panel "Combate a la intolerancia y respeto a la diversidad: solidaridad como fuerza transformadora en la lucha contra el pensamento único", reunido en los Muelles del Puerto, uno de los locales donde se desarrolla el Foro.
Subrayó que el proyecto neoliberal de globalización presenta la ilusión de universalidad, "pero representa la amenaza más peligrosa a la universalidad de los derechos humanos".
Se trata de un intento ideológico de controlar el conjunto de las realidades humanas y de imponer el pensamiento único, cuya consecuencia es la cultura de la violencia, "una cultura de opresión que penetra todos los niveles de la vida de la humanidad", puntualizó.
El fenómeno de la mundialización, declaró a su vez el periodista Phillippe Merlant, de la Organización No Gubernamental Interactions, de Francia, quiere imponer un modelo de vida uniformizado, a través del consumismo, quebrando la aceptación de la diversidad.
Históricamente, dijo Merlant, que integró la mesa de debates, el capitalismo siempre se presentó como un adalid de la diversidad, defensor de la libertad, siempre que no lesionase sus intereses, como en el caso de movimientos contestatorios. Necesitamos revivificar el pluralismo.
"No se trata de construir un mundo nuevo, sino un mundo que acepte todos los mundos posibles", sostuvo.
Otra panelista, la sudafricana Phumi Mtetwa, del grupo de lesbianas y gays y del diálogo Sur-Sur, afirmó que el capitalismo es exclusivo e intolerante por su propia definición.
Laura Ruiz, de Just Act, de Estados Unidos, afirmó que hay algo errado en su país, cuando hay más negros en las cárceles que en las escuelas.
También cuestionó la enseñanza que se da en las escuelas norteamericanas. Nunca se aprende en la escuela que parte de Estados Unidos fue arrebatada a México, o sobre la esclavitud, o sobre las reservas a las que los indios fueron trasladados a la fuerza, dejando atrás sus tierras, señaló.
El jamaiquino Dudley Thompson, del movimento pan-africano, exigió que las naciones esclavistas paguen reparaciones por cuatro siglos de explotación y esclavitud. "Existe una peste siniestra que se extiende por el mundo. No es el SIDA, sino la supremacía de los blancos".
Esa supremacía conduce al imperialismo. Las naciones esclavistas no se llevaron solamente el oro, el marfil y las piedras preciosas del continente africano, sino que robaron personas inteligentes, reduciéndolas a la condición de mercaderia.
La deuda de la esclavitud nunca fue pagada, es un crimen que no prescribe. "Portugal, España, Estados Unidos, Holanda, Francia, Inglaterra, tienen que confesar que se equivocaron" , afirmó. Para Thompson, la educación es la clave de la libertad. Los esclavos ni siquiera eran alfabetizados, porque el conocimiento representaba un peligro para el señor esclavista, indicó.
Genevieve Jacques sostuvo que erradicar la violencia, implica erradicar las causas profundas que la generan. "Para eso es preciso permanecer al lado de los sectores de la población que sufren a causa de las múltiples formas de violencia que tienen su origen en estructuras económicas y sociales injustas", señaló.
Destacó que el CMI ha tomado iniciativas para promover alternativas a la cultura de la violencia, como la Década para la Superación de la Violencia (2001-2010), instando a las iglesias para que renuncien a toda justificación teológica de la violencia y para que reafirmen la espiritualidad de la reconciliación y de la no-violencia activa.
Con esa Década, las iglesias también quieren aprender la espiritualidad e iniciativas de construcción de la paz de otras religiones, colaborando con ellas, dijo Jacques.
Además, recalcó, busca oponerse a la creciente militarización del mundo y a la proliferación de armas y pertrechos bélicos. El movimiento ecuménico, afirmó la representante del CMI, que congrega a 342 iglesias de más de 100 países, propone "leer las señales de los tiempos" y promover el diálogo, la cooperación interreligiosa y las redes de intercambio y de comunicación, así como apoyar acciones prácticas para combatir la cultura de la violencia.
Jacques subrayó que el Foro Social Mundial es un espacio para compartir experiencias y sueños a partir de la diversidad. "Un espacio donde el encuentro permite ampliar horizontes", reunir esfuerzos y promover estrategias de acción "para avanzar en la construcción de alternativas para otro mundo posible'".
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