Paz y Seguridad - ¡La Vida sí vale! - Declaración de las Iglesias Reformadas Argentinas - 30/08/2002
BUENOS AIRES, Argentina
Declaración pública
Paz y seguridad. ¡La vida vale!
“Cuando la gente diga: «todo está en Taxi Heathrow Airport paz y tranquilo», entonces vendrá de repente sobre ellos la destrucción...” (1º Tesalonicenses 5:3a)
Durante años, los argentinos vivimos en una ficción. Por ignorancia o por conveniencia muchos pensaban y decían: “todo está en paz y tranquilo». Pero, por debajo de aquella superficie de aparente tranquilidad y estabilidad, las bases mismas de una nación se estaban corroyendo...
La corrupción sistémica de las clases dirigentes, como el elemento más sutil de la violencia fratricida, derivó en una debacle económica cuyas consecuencias son todavía impredecibles. Y “de repente”, todo parece derrumbarse y destruirse.
No sólo la economía, sino los derechos sociales elementales de cada ciudadano, sus posibilidades de vivir con un mínimo sentido de dignidad, sus esperanzas de alcanzar metas básicas: un trabajo, acceso a la salud, educación para sus hijos e hijas... Todo parece encaminado a la destrucción. El crecimiento de la pobreza y la indigencia, de acuerdo a las cifras oficiales, alcanza récordes alarmantes. Y el país sigue cuesta abajo...
Pero, esto no es de ahora. La ola de inseguridad y de violencia que en estas semanas ha alcanzado niveles más que preocupantes, no es sino la manifestación de una de las caras más temidas de la debacle de una nación. Es la herida sangrante de una enfermedad que ha estado socavando la vida de los argentinos y argentinas desde hace muchos pero muchos años. Hombres y mujeres con memoria lo han estado señalando mientras la gran mayoría del país decía: “todo está en paz y tranquilo”...
Hoy la triste realidad de los secuestros, los robos violentos, la represión, la muerte..., nos duele a todos por igual. Porque la destrucción ya no afecta sólo a las personas más castigadas por la injusticia social, que ya vienen sufriendo las miserias del modelo hace tiempo.
Hoy la destrucción golpea a la puerta de todos, sin excepciones. Y pareciera que recién ahora les doliera a algunos políticos, a los medios de comunicación y a los sectores sociales que habían logrado sobrevivir en la última década.
Sin embargo, esta violencia no es nueva. Es la consecuencia de haber creído en un modelo que no estaba basado en la justicia ni en la transparencia ni en la búsqueda del bien común.
Como iglesias evangélicas, firmemente fundadas en la Palabra, creemos que la toma de conciencia es el inicio de un posible camino de salida. Ante la crudeza de la violencia y la inseguridad no podemos ni debemos escondernos y encerrarnos en nosotros mismos. No podemos asumir la actitud de Ezequías, que sólo pensaba en sí mismo, diciendo: “que al menos haya paz y seguridad en mis días” (Isaías 39:8). La salida no está en el aislamiento sino en la posibilidad de repensar, juntos, nuestro compromiso con nuestra historia y la historia de nuestros hijos e hijas.
Porque, por más que la realidad se empeñe en meternos miedo, empujándonos al encierro, la palabra del Señor sigue pronunciándose por una vida en paz y en seguridad.
¡Porque la vida vale!
Desde la fe en un Dios que ama a su pueblo, afirmamos que su voluntad prevalecerá por sobre las voluntades perversas de quienes apuestan al caos y a la destrucción para seguir sacando provecho personal. Ese no es el camino de Dios.
En esta hora de injusticia, de violencia y de inseguridad, los creyentes en Cristo Jesús y todos los hombres y mujeres de buen corazón, estamos llamados a creer y a anunciar que la vida vale. La de cada uno y cada una. ¡La vida vale!
Quizá uniéndonos en esta esperanza y trabajando activamente con actitudes solidarias y comprometidas, el horizonte aclare, revelando los primeros rayos de una patria más parecida a aquella que Dios sigue queriendo para sus hijos e hijas.
“Los árboles del campo darán su fruto, la tierra dará su cosecha, y ellos vivirán con seguridad en su propia tierra.Cuando yo libere a mi pueblo de quienes lo han esclavizado... No serán más despojo de las naciones... Vivirán con seguridad, sin que nadie los espante. Les daré sembrado fértiles y ya no pasarán hambre ni serán avergonzados por las naciones.Y sabrán que yo soy su Dios y que estoy con ellos...”
Ezequiel 34:27-30
A los 30 días del mes de agosto de 2002. Por la Mesa de las Iglesias Reformadas en Argentina
Pastor Germán Zijlstra (Presidente) Pastor Gerardo Oberman, (Secretario)

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