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Martes 30 de Octubre, 2007

Dwain Epps [Foto: Peter Williams]
Dwain Epps [Foto: Peter Williams]

CMI reitera su preocupación por agudización de la guerra en Colombia

BOGOTÁ, Colombia, Mayo 13, 2002

Ante la terrible matanza de más de cien civiles, entre ellos 40 niños, en Bellavista, en un enfrentamiento entre dos grupos irregulares, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas y reafirmó su preocupación por la agudización del conflicto y porque la paz impere en Colombia.

En un mensaje de solidaridad a las iglesias cristianas colombianas, el organismo ecuménico mundial dice: "De diversas fuentes nos ha llegado la noticia de la muerte, el pasado 2 de mayo, de más de cien civiles refugiados (entre ellos unos cuarenta niños) en una iglesia de Bellavista, Municipio de Bojayá - Chocó, en enfrentamientos entre los paramilitares y las FARC" (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

El mensaje a las iglesias colombianas fue enviado por el pastor Dwain C. Epps, director de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales del CMI.

"La magnitud de la tragedia pone en evidencia, una vez más, las repercusiones del conflicto armado en la población civil. Nuestro corazón se acongoja ante una violencia que trasciende los límites de lo imaginable", agrega.

"En reiteradas ocasiones hemos expresado nuestra preocupación por la agudización de la confrontación armada, que también tiene ahora como objetivo las iglesias, que históricamente han cumplido el papel de santuarios en diferentes conflictos en todo el mundo y cuya función ha sido preservada en el derecho humanitario internacional", señala el CMI.

"Una vez más apelamos a la paz, sabiendo que es un anhelo profundo del pueblo colombiano. Rechazamos enérgicamente las posiciones de quienes reclaman una salida armada al conflicto. Los últimos años han demostrado, en la práctica, que la aplicación del Plan Colombia ha hecho recrudecer la violencia en varias regiones", afirma.

"Reconocemos y apoyamos en este contexto el esfuerzo que las iglesias cristianas hacen en aras de la paz y la reconciliación. Por ello, les pedimos que transmitan a los familiares de las víctimas nuestro sentido pésame", expresa el mensaje.

"También les pedimos que compartan nuestro mensaje con los protagonistas involucrados, FARC y paramilitares, así como con el Gobierno, al que varias ONG (Organizaciones no Gubernamentales), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Defensor del Pueblo habían comunicado alarmados previamente el peligro que acechaba a las poblaciones de Bojayá y Vigía del Fuerte", precisa.

"A la vez que oramos por la paz para el pueblo colombiano hemos de seguir acompañando las diferentes iniciativas ecuménicas que se esfuerzan por superar la situación actual. Empeñados en el "Decenio para Superar la Violencia: las iglesias en pos de reconciliación y de paz", pondremos todas nuestras energías en seguir empecinada y creativamente el mandamiento del salmista "busca la paz y sigue tras ella" (Salmo 34,14)", subraya finalmente el CMI.

Según informes de prensa, unos 400 paramilitares de las Autodefensa Unidas de Colombia (AUC) tomaron el pueblo de Vigía del Fuerte el 21 de abril último. El uno de mayo fueron atacados por unos mil guerrilleros de las FARC, que los obligaron a retirarse a Bellavista, municipio de Bojayá, al día siguiente.

Tras una feroz lucha en las calles, los paramilitares se atrincheraron en el templo católico, una construcción de cemento y ladrillo, en la cual se habían refugiado decenas de civiles con sus mujeres y niños. Para terminar la lucha, los guerrilleros arrojaron al interior del templo un bidón de acero, de los que se usan para el gas doméstico, lleno de explosivos y metralla. El estallido mató a 147 civiles, entre ellos 40 niños.

El paupérrimo departamento de Chocó, sobre el litoral del Pacífico y fronterizo con Panamá, ha sido escenario de violentos enfrentamientos entre las FARC y las AUC, sostenidas por los terratenientes de la zona. El lugar donde se produjo la matanza del dos de mayo se encuentra a unos 150 kilómetros al sur de la frontera con Panamá y a igual distancia al norte de Quibdó, la capital del departamento, donde está replegado el ejército, que no intervino.