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Domingo 13 de Enero, 2008

Líder laico de la Unión Evangélica Bautista Española [Manuel López]
Líder laico de la Unión Evangélica Bautista Española [Manuel López]

Pablo Simarro

Entrevista: Manuel López, España, Enero 8, 2008

Madrid–Lleida

 Pablo Simarro, presidente del VII Congreso Evangélico recientemente celebrado en Barcelona, responde en esta Taxi Heathrow Airport nueva entrevista de nuestro colaborador en España Manuel López a las preguntas relacionadas con la valoración de la histórica cita celebrada bajo el doble signo de “No están todos los que son” –ausencia de uno de los núcleos históricos de referencia, la Iglesia Evangélica Española (IEE)– pero “son todos los que están” –por ejemplo, la participación, por primera vez en un Congreso Evangélico en Europa, de líderes de iglesias de la etnia gitana–.

¿Qué valoración hace del VII Congreso Evangélico Español? ¿En qué porcentaje se han cumplido las expectativas del Comité Organizador que usted preside?

Estoy satisfecho del desarrollo del  VII Congreso, creo que la asistencia de dos mil congresistas en cifras redondas ha sido el reflejo de la aceptación del Congreso entre los hermanos y hermanas; las participaciones de todos los ponentes en plenarias, seminarios y talleres han tenido un buen nivel; la presencia de entidades con exposiciones y stands ha batido el record de asistencia y calidad; y el espíritu de unidad y concordia ha reinado entre los congresistas. El acto por la Paz fue un buen ejemplo de cómo hacernos presentes en la sociedad, con verdades básicas del Evangelio, que además representan necesidades esenciales del mundo actual.
Echamos de menos a algunos, y no hemos podido tocar todos los temas de general interés; nunca puede hacerse todo.
Globalmente consideramos colmados los objetivos del VII Congreso. Se ha evidenciado que la Unidad del pueblo evangélico es posible y positiva, en la diversidad.


¿Qué grandes retos pendientes quedan a su juicio para el próximo Congreso? (¿No le parecen diez años un periodo excesivamente largo
para el VIII Congreso?)

El reto de la unidad del pueblo protestante, conservando la diversidad e individualidad de cada denominación; la mayor visibilidad de los evangélicos en la sociedad; y la incidencia en ésta, para enriquecerla positivamente,  son los  retos pendientes para el futuro.
Seguramente que, a la velocidad que evoluciona nuestra sociedad del siglo XXI, diez años son demasiado tiempo para realizar el VIII Congreso; mi sugerencia en ese sentido es que no esperemos tanto.


Y un Congreso Evangélico Iberoamericano, ¿para cuándo? ¿Cuál podría ser la aportación de los evangélicos españoles? Después de su experiencia al frente del VIII Congreso Evangélico Español, ¿se atrevería usted a convocarlo?

Sería una gran bendición el poder convocar un congreso así, pues la experiencia del VII Congreso Evangélico Español nos ha hecho ver cuántas bendiciones nos dispensa el Señor cuando su pueblo se reúne en armonía; así pues, cuanto más grande sea el pueblo convocado mayor será el gozo y la bendición.
Aunque me encantaría, no me corresponde la convocatoria de un evento de tal magnitud, pero propondré a nuestra Federación en España que el asunto sea estudiado con interés.

En la rueda de prensa celebrada en los días anteriores del congreso en la Asociación de la Prensa de Madrid, usted sorprendió a propios y extraños hablando sin ambages ni complejos de “la Iglesia Protestante” como la entidad que de hecho convocaba el Congreso Evangélico. Era la primera vez que un presidente de un Congreso Evangélico usaba la expresión “Iglesia Protestante”. ¿Significa eso el fin de las preeminencias denominacionales, la pugna entre los bloques histórico y “evangelical”, en definitiva, la “mayoría de edad” de la España Evangélica o Protestante?

En la España del Siglo XXI hablar de la Iglesia Protestante es dar facilidades a nuestra visibilidad y penetración en la sociedad. Tal afirmación debe ser apreciada en ese sentido. Entiendo que la Unidad es un ruego de Jesús a Su Iglesia, y nosotros debemos acogerlo y promoverlo, preservando la diversidad, que no es mala, sino enriquecedora, pero no podemos perder de vista el escaso nivel de conocimiento que nuestra sociedad tiene de las diversas realidades evangélicas. Si abrimos espacios de comunicación desde lo sencillo y posible (empezando por el nombre) seguramente tendremos más capacidad de incidir en el mundo. Iglesia Protestante es un término facilitador de la comprensión y comunicación para lograr que, por fin, seamos vistos como un cuerpo cierto y concreto, y no como una serie de pequeños grupos, no siempre bien avenidos.


En su alocución, el ministro español de Justicia Mariano Fernández Bermejo pidió a los evangélicos paciencia ante el desigual trato que el Estado Español sigue dispensando a la Iglesia Católica [a la que la Constitución Española cita por su nombre] frente a “las demás confesiones religiosas”. ¿Qué estrategia deben seguir en su opinión los “no católicos” para conseguir la neutralidad del Estado en materia de libertad religiosa?

A mi entender debemos mantener nuestra proximidad con las autoridades civiles, es necesario que vean al pueblo protestante como algo con cara y ojos, asequible y digno de ser escuchado. Eso será la plataforma para que conociéndonos un poco más, crean que merece la pena progresar en la neutralidad religiosa. El progreso pasa por el hecho de que seamos admitidos como colaboradores del proceso progresivo; si continuamos siendo espectadores nunca se nos escuchará de verdad.


La presencia, por primera vez en un Congreso Evangélico de España, del presidente de la Conferencia de Iglesias Europeas, Jean-Arnold de Clermont, ¿puede interpretarse como el tan largamente esperado  fin el aislacionismo internacional institucional del protestantismo hispano?

Desde luego que se ha pretendido romper el aislacionismo internacional e institucional. Dios nos mira desde lo alto, lugar de observación en el que las diferencias y fronteras pierden la potencia y eficacia que nosotros solemos reconocerles.


Entre las críticas internas, las publicadas y las que probablemente vayan a ser publicadas, el tema de la inmigración brilla por su ausencia. ¿Qué pasa con los hermanos inmigrantes, presidente? ¿Por qué son tan presentes en el día a día de las iglesias y tan ”invisibles” en las grandes convocatorias?

Considero que los inmigrantes están aún en proceso de integración, pues –en efecto- se hallan presentes en las congregaciones, pero –por ahora- no participan mucho en instituciones ni eventos. Entiendo que su consolidación dentro de nuestro pueblo le llevará, a medio o largo plazo a su participación activa en todas las dimensiones de la Obra evangélica en España.

¿Qué falta para la plena integración de los inmigrantes en las iglesias de España, en su opinión? ¿Qué más tendrían que poner de su parte creyentes inmigrantes y creyentes nacionales, y a qué deberían renunciar para alcanzar una plena concordia?

Yo no creo que haya discordia entre inmigrantes y nacionales, más bien hay diferencias en el modo de ver y vivir la vida en el Evangelio. El ingrediente a reforzar es la flexibilidad, aceptando que lo que hacemos y vivimos unos y otros es igualmente válido para nuestro común Señor.


Volviendo al escenario de América Latina, y en su condición de jurista y consejero de Asuntos Jurídicos de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), ¿qué recomendación hace usted a sus colegas asesores jurídicos de federaciones entidades evangélicas de los países hermanos al otro lado del charco? ¿Alguna propuesta en concreto al Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI)?


Como juristas evangélicos podemos y debemos promover la defensa de los derechos humanos, de la libertad religiosa y del derecho a la búsqueda de la felicidad y calidad de vida.
Todo ello se encuentra en la esencia del Evangelio que bien podremos proclamar al tiempo que defendemos lo que como derecho natural, agrada también a Dios.


Dicen que presidir un Comité Organizador de un acontecimiento histórico, de los que se celebran de viento en ciento, es como vivir en estado de mudanza permanente, y haber logrado presidirlo equivale a sobrevivir a un terremoto. Tres meses después de la primera entrevista que le hice para ALC Noticias, celebrado felizmente el Congreso, dígame: ¿cómo se encuentra usted? ¿Cómo está de animado a contar la experiencia en las Américas?

Me encuentro satisfecho y agradecido; satisfecho por haber podido cumplir la misión encomendada, y agradecido a Dios y a mis muchos colaboradores que han hecho posible este magno evento que, sin duda, ha sido de gran bendición.

Animado, desde luego, a colaborar, en lo que en mi mano esté, en el desarrollo de eventos internacionales que servirían para el apoyo de la proclamación del Evangelio.