
La asesinada Benazir Buttho tenía fe pero sabía del poder del extremismo
Claudia Florentín, BUENOS AIRES, Argentina, Diciembre 27, 2007
"Yo soy creyente. Confío en Dios. Quiero que los paquistaníes prosperen con el resto del mundo mediante las oportunidades económicas y la libertad política", afirmaba la hoy asesinada Benazir Bhutto, en una entrevista concedida al Diario El País de España hace seis años. Su lucha, controvertida y amenazada, finalizó hoy; el mundo condena su muerte y se teme por el futuro de este país que lucha entre la democracia y el Islam más radical.
Benazir Bhutto tenía 54 años. Un atentado en Rawalpindi, en la periferia de Islamabad, al terminar un acto político a pocos días de las elecciones, apagó su intensa vida. Fue la primera mujer en gobernar un estado islámico, por lo que era considerada un símbolo de la democracia y la reivindicación femenina en su país. La "hija del Este", como le gustaba llamarse, gobernó en dos períodos (1988-90 y 1993-96), pero nunca pudo terminar sus mandatos interrumpidos por golpes de estado, en medio de acusaciones de la oposición por actos de corrupción y nepotismo.
Bhutto había regresado el 18 de octubre pasado a Pakistán, tras ocho años de exilio voluntario en Gran Bretaña, y había salido ilesa en un doble atentado cometido ese mismo día.
Dos meses atrás había dicho a un diario francés que ya no tenía "la edad para dejarme intimidar por los kamikazes". En un artículo titulado "Los asesinos no ganarán", publicado el 24 de octubre por el diario francés Le Figaro, explicaba que no retrocedería frente a las amenazas. "No he vivido hasta la edad que tengo para dejarme intimidar por kamikazes". Un kamikaze fue el autor del atentado de hoy.
Ella sabía que su futuro pendía de un hijo muy delgado; miembro de una familia rica marcada por la tragedia, imaginaba que el terror y la violencia seguirían. Había dicho "el futuro de Pakistán debería ser decidido por elecciones libres y honradas; los extremistas usarán todos los medios sangrientos a su disposición para atacar e impedir la causa de la democracia".
Su asesinato marca un nuevo capítulo de una crisis política iniciada cuando el presidente Pervez Musharraf intentó cesar a la máxima autoridad judicial del país en marzo, provocando una ola de protestas que fueron creciendo. Las elecciones estaban convocadas para el mes de enero.
Hay temor mundial sobre como seguirá el proceso paquistaní, además de repudio internacional. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que el asesinato era un "crimen atroz" y un "ataque a la estabilidad" en Pakistán. La lucha que libra el país es una lucha por la democracia, no reñida con el Islam bien entendido, y contra la radicalización del islamismo.
Esta mujer islámica, considera por algunos como demasiado occidental, decía en la citada entrevista con Nathan Gardels en el 2001: "Quiero que los paquistaníes prosperen con el resto del mundo mediante las oportunidades económicas y la libertad política. Por eso me apoya mi pueblo. Lucho por poner fin a las desgracias de los afganos. Si consiguen un Gobierno en el que confíen, podrán volver a su propio país. Están viviendo en condiciones infrahumanas en campamentos de refugiados mientras unos fanáticos juegan a la política. Mi Gobierno estuvo a punto de conseguirlo en noviembre de 1996. Conseguimos que todas las facciones designasen una comisión para establecer un Gobierno de base amplia. Tres días después, me depusieron por decreto. Este cambio todavía se puede producir. Necesitamos el apoyo internacional para decirle al general Musharraf que ha llegado la hora de convocar unas verdaderas elecciones. La Comisión Electoral necesita una ayuda como la prestada a Suráfrica para que pusiese fin a la segregación. De no ser así, los elementos equivocados del aparato de seguridad harán lo mismo que hicieron en el pasado: constituir partidos políticos, falsear las elecciones y convertir a mi país en rehén del odio y del terror que provoca."

Portada
Inicio