Contar las cosas como fueron, de Evangelina Corona, una militante presbiterina
Leopoldo Cervantes-Ortiz, CIUDAD DE MÉXICO, México, Diciembre 19, 2007
La vida de Evangelina Corona Cadena, militante presbiteriana de larga trayectoria es expuesta en este libro de una manera tan abierta, apasionada y sin concesiones, que le hace plena justicia al título de la obra: las cosas se cuentan tal como fueron, esto es, desde una perspectiva íntima, personal y profundamente subjetiva. Porque las cosas son así siempre, subjetivas hasta el colmo.
Las experiencias descritas en este libro de diálogo con la periodista Patricia Vega, quien pacientemente entrevistó a la protagonista semana tras semana para arrancarle casi todos sus secretos, producen una sensación de inmediatez, en primer lugar, por el lenguaje utilizado, pues al conservar la espontaneidad con que se expresa todo el tiempo hace que sus palabras suenen más cercanas.
Los 14 capítulos del libro (México, Documentación y Estudios de Mujeres, 2007) llevan de la mano desde la infancia de Evangelina Corona hasta los tiempos más recientes, en un recuento vital que abarca casi siete décadas, pletóricas de una introspección teñida de sentimientos de todos tipos. Así, se entera uno de sus años en Tlaxcala, de su adolescencia como trabajadora doméstica y de la forma en que llega al oficio de costurera en la Ciudad de México, hasta alcanzar, en 1985, el liderazgo nacional de un sindicato que antes del terremoto no existía y, más tarde, en 1991, el lugar ganado en una curul en la Cámara de Diputados, para luego aspirar a la presidencia municipal de Ciudad Nezahualcóyotl, el lugar adonde ha vivido durante más de 30 años.
La apuesta de la entrevistadora y de la entrevistada, de resaltar la actuación de una mujer desafiada permanentemente por las circunstancias vividas, se desarrolla cabalmente, pues de las páginas del volumen brota, paso a paso, el retrato de alguien que, a fuerza de lucha y de la aplicación de un carácter indomable, pudo sobreponerse a los peores augurios mediante la perseverancia y el empeño de quien afronta la vida siempre con un espíritu positivo. En este aspecto, llaman la atención los dos capítulos dedicados a las convicciones religiosas de la protagonista (El aprendizaje de una vida verdaderamente cristiana, Incongruencia eclesiásica), quien muy lejos de una perspectiva dominada por el adocenamiento o la sumisión, toma partido claremente por las opciones más avanzadas del protestantismo en el cual creció y que sigue siendo parte fundamental de su personalidad.
Este resumen apretado del contenido del libro no le hace la más mínima justicia al empeño de su protagonista por decirlo prácticamente todo, incluso hasta las situaciones más íntimas. Los títulos de los capítulos son elocuentes: Recordando a mis mayores, Infancia campesina, Retrato de una joven empleada doméstica, Una familia de mujeres, Una casa propia, El oficio de la costura, etcétera. Los capítulos dedicados al período en que Evangelina asumió la responsabilidad sindical más alta en su gremio (El sismo del 85: un antes y un después, El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Costura...), son narrados con una madurez política que evidencia el grado de reflexión que alcanzó sobre la marcha, pues las limitaciones formativas que siempre ha reconocido, no fueron una barrera para afrontar con enorme dignidad la labor dirigente que tuvo que desarrollar en medio de una coyuntura sumamente compleja.
Su paso del metodismo al presbiterianismo es interpretado de una manera práctica para que, a partir de allí, dé testimonio de una militancia que le ha permitido llegar a ser todo un referente de la lucha de las mujeres por el acceso formal a los ministerios eclesiásticos. En 1995 fue ordenada como Anciana de Iglesia, y aun cuando el cuerpo presbiterial la destituyó oficialmente, su autoridad moral se acrecentó por ese mismo hecho y ella se ha remontado del penoso episodio valorando la manera en que su mentalidad fue cambiando hasta reconocer la trinchera eclesiástica en que ha participado desde entonces. Valga subrayar esto último ante aquellas personas que, dentro de su propia iglesia, suponían que luego del difícil trance, su fe se vendría abajo. Por el contrario, dentro y fuera de México ha sido reconocida como una de las pioneras en la reivindicación de los ministerios femeninos.
Los sucesivos desengaños le han proporcionado una honda sabiduría que se palpa en todo el libro y la formidable sinceridad con que transcurren los sucesos hacen que el libro no tenga el menor desperdicio. Acaso las palabras de la propia Evangelina sean el mejor colofón para esta reseña: “Sin tenerlas programadas, estas historias han salido de la vida cotidiana en la que me he desenvuelto. [...] Más que triunfos, lo que he tenido son cambios bruscos en mi vida, cambios que no esperaba. Nunca me imaginé que sería la secretaria general del sindicato de las costureras, nunca pensé estar en la Cámara de Diputados, nunca me puse como meta formar parte del Consejo de Ancianos de mi iglesia, ni tuve sueños de conocer otros países o de lucha por una alcaldía”. En suma, Contar las cosas como fueron es el manifiesto vital de una mujer que se levantó desde sus modestos orígenes para encontrarse consigo misma y ejercer la dignidad humana en plenitud.
El volumen cuenta con un dossier de imágenes de las diversas etapas de la vida de Evangelina, que permite apreciar él desarrollo del relato de una manera muy viva, así como una cronología que da fe de los acontecimientos más importantes. Además, se incluye una breve antología de textos personales que develan las varias facetas de su vida.

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