Volver al inicio

Viernes 14 de Mayo, 2004

Culto en memoria de Shaull reúne a líderes de varias iglesias

Edelberto Behs, SAO PAULO, Brasil, Noviembre 11, 2002

Cristianos de diferentes familias confesionales y algunas personas no creyentes se reunieron, el viernes 8,   en la capilla del Seminario Teológico de la Iglesia  Presbiteriana Independiente,  para recordar la vida del  pastor y profesor Dr. Richard Shaull, fallecido el 25 de octubre, en los Estados Unidos, a los 82 años de edad.

“El  culto fue muy emotivo”, dijo Anivaldo Padilha, laico metodista y directivo de la ONG Koinonia. La presencia de Shaull, que trabajó como profesor y misionero en Brasil y Colombia, fue “determinante para abrir nuestros ojos a la realidad del mundo, para descubrir la responsabilidad social de los cristianos y para el desarrollo de una visión crítica de la sociedad  y de la iglesia”, afirmó Padilha.

El culto en memoria de Shaull reunió a un centenar de líderes  presbiterianos, metodistas, luteranos, anglicanos, pentecostales, católicos romanos y a no creyentes.

La liturgia, que  incorporó elementos de las diversas tradiciones cristianas, fue sencilla tal como fue la vida de Shaull. La homilía estuvo a cargo del pastor Rubens Bueno, que presentó una compilación del pensamiento del teólogo norteamericano.

Varias personas, desde antiguos compañeros hasta  jóvenes que conocieron a Shaull recientemente, presentaron un testimonio vivo del aporte de Shaull. Destacaron que el teólogo presbiteriano fue uno de los precursores de la teología de la liberación, así como la capacidad que demostró al analizar las complejidades del mundo.

“Aprendimos con él a dudar de los proyectos humanos y a creer en la acción redentora de Dios en la Historia. Aquellos de mi generación, que conocieron y convivieron con Shaull, nunca más se aproximarán a la teología, a la iglesia y a la política de la misma forma”, ´manifestó  Padilha.

La liturgia destacó dos enfasis de Shaull: el compromiso con los excluidos y la reflexión de fe en esa  acción. Shaull decía que “no hay comunidad sin testimonio profético-apostólico".