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Espiritualidad de la comunicación
Ricardo Verástegui , LIMA, Perú
Frecuentemente, cuando hablamos de comunicación, solemos reducirla a recibir y dar información o al mero Taxi Heathrow Airport intercambio de ideas y determinadas concepciones.
Pasamos por alto que la comunicación - que tiene como elementos informar y difundir - es esencialmente diálogo entre pares, que intercambian roles alternadamente, para construir propuestas comunes que les ayuden a vivir mejor su humanidad.
Este proceso está animado por un espíritu que se expresa en la organización y vivencia de la existencia humana, en comunidad, en un encuentro enriquecedor, donde todos reciben y todos dan de sí, donde hombres y mujeres desarrollan su poder creador para el cambio, para transformar la realidad: el fiat lux de Dios.
Es distinto al que anima la dinámica de la sola información, que se traduce en relaciones de dominio de unos hombres sobre los demás, del poder de unos pocos que acumulan información relevante y la administran de acuerdo a sus intereses para avasallar a las mayorías.
El proceso de la comunicación suscita en su realización - en hombres y mujeres - una espiritualidad basada en el amor y el respeto de la dignidad del otro como igual, a pesar de las naturales diferencias presentes entre unos y otros.
Genera una espiritualidad que promueve la acción común para aprender, formarse y capacitarse para la vida, en comunión de intereses e ideales, desde los conflictos y desafíos que la historia les plantea cotidianamente.
Ignace Lepp, en su obra "La comunicación de las existencias" señala al respecto que "la comunión posee una realidad y un valor que le son propios, que no se pueden reducir a la realidad y al valor de la suma de los individuos que entran en la comunión.
"Hablando con propiedad, no es exagerado afirmar que es más bien el individuo quien recibe su realidad y su valor de la comunión.
"La realidad y el valor de una persona no pertenecen, en efecto, al dominio del haber sido o al del existir. Sólo la acción puede dar realidad y valor a la existencia y toda acción auténtica es comunitaria.
"Por obra de la acción común, los hombres abren sus ojos a una vida espiritual intensa. de la que jamás se hubieran creído capaces o hubieran tenido de haber permanecidos separados. Nadie puede pretender romper con el estado de naturaleza y entrar en la libertad espiritual sin la colaboración activa de los demás".
Para nosotros como cristianos esta acción tiene como raíz nutricia el diálogo permanente que sostenemos con Dios encarnado en Cristo (Juan 1:14), que se manifiesta en el prójimo (Mateo 25:31-46) para exigirnos cambios en la manera como nos relacionamos entre nosotros y con Él (1 Juan 3:18).
Esto nos permite vivir en una genuina comunicación con quien nos ha creado a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27) y, por tanto, vivir en plena comunión con nuestros semejantes (Hechos 2:43-47), siendo y sintiéndonos personas y no una masa anónima sin identidad y sin conciencia de la realidad de su tiempo.
Lepp manifiesta que "ser existente auténtico no quiere decir en modo alguno evadirse, con unos pocos íntimos, al mundo y al tiempo. La temporalidad es una de las estructuras esenciales de la existencia activa e intensa en la realidad de nuestro tiempo.
"Puesto que nuestra existencia y acción son solidarios de todas las demás existencias y acciones, nuestro esfuerzo ha de tender a la comunión universal. Sólo hombres conscientes de su dignidad, de su libertad, de su divinidad, son capaces de vivir una auténtica comunión".
Si Cristo es nuestro modelo y vivimos en estrecha unión con Él (Juan 15:1-17) seremos capaces de participar de esta comunión, de crecer y madurar como personas en una espiritualidad de la comunicación que nos da la opción de una vida plena.
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Ricardo Verástegui López, periodista peruano

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