Hilario Wynarczyk
Entrevista: Ricardo Docampo, Argentina, Octubre 19, 2007
Hilario Wynarczyk, sociólogo argentino, máster en ciencia política, profesor universitario de metodología de la investigación Taxi Heathrow Airport y taller de tesis, investigador en sociología del movimiento evangélico, integrante fundador del CALIR (Consejo Argentino para la Libertad Religiosa), pertenece a su Consejo Directivo. Ha sido asesor de la Secretaría de Culto.
La entrevista fue realizada por el abogado Ricardo Docampo y publicada en Argentina Evangélica.
RD: Últimamente es usual hablar del problema de los evangélicos y la política, sobre todo en relación con una supuesta renuencia a participar en la política. ¿Cuál es su opinión al respecto?
HW: En la Argentina tenemos un sistema constitucional republicano, basado en la alternancia en el poder, la elección de los funcionarios mediante el voto, la división de los poderes y los controles sobre los poderes del Estado. Este sistema indudablemente funciona pero también es cierto que la cultura política de los argentinos, no es completamente republicana. De hecho a comienzos del 82 los argentinos fueron reprimidos por un gobierno militar en el mes de marzo y el 2 de abril se plegaron a una aventura bélica en las islas Malvinas que resultó desastrosa en vidas humanas y recursos económicos. Tenemos fuertes rasgos autoritarios y populistas en nuestras conductas cívicas y por otra parte tendencias a evitar el cumplimiento de las normas lo cual contribuye a que el sistema no funcione bien. Se trata de un círculo vicioso porque la falta de premios y castigos trabaja en definitiva como un dispositivo pedagógico para aprender a no cumplir las normas. Este dispositivo es una influencia ambiental que actúa sobre las personas desde que son muy jóvenes como lo vemos con los jóvenes que matan personas con sus autos y huyen o los ciclistas que circulan en contramano y por las veredas.
En tal sentido es importante que las personas se incorporen a la política, que reclamen derechos y lugares y que participen en forma responsable, no en forma de simulacros de participación. Es necesaria una participación decidida para aumentar la calidad institucional del país y para hacer que el Estado funcione cada vez mejor, integre mejor los intereses de las personas y los colectivos y brinde respuestas a esos intereses. En ese espacio de participación los evangélicos tienen mucho para hacer a partir de la tradición de administración de muchas de sus congregaciones mediante asambleas y comisiones y a partir de códigos éticos que emanan de sus creencias religiosas.
De hecho las congregaciones evangélicas aunque muchas veces se basan en una centralidad personalista de los pastores, son espacios de participación, y diversas prácticas para personas que fuera de las congregaciones no tienen un papel social significativo: personas que solamente participan de sus trabajos y sus familias pero no de otras organizaciones donde puedan dar opiniones y desempeñar diversos papeles en comisiones y equipos.
RD: ¿Cree que los evangélicos tendrían que involucrarse en la cosa pública desde la plataforma de partidos políticos propios, es decir, partidos evangélicos?
HW. La creación de partidos políticos confesionales es mala por varios motivos. En primer término porque va contra la laicidad del estado, que es un hecho conveniente para el mejor funcionamiento de una democracia. En segundo lugar porque está probado que esos partidos no funcionan en escenarios como el de la Argentina. La Democracia Cristiana existió por varias décadas y tuvo algunos éxitos pero finalmente una notable decadencia. Y los intentos de crear partidos políticos evangélicos entre los años 1990 y 2001 resultaron un fracaso. Estos partidos no tienen posibilidades de éxito donde existen partidos importantes que representan los intereses de clase y las tendencias culturales de la población. Los evangélicos en tal caso solamente pueden buscar votos en las congregaciones pero a la vez los pastores y los líderes de las federaciones lo van a impedir porque están decididamente en contra de mezclar la política con la religión.
Los evangélicos deben, en mi opinión, participar simplemente como ciudadanos y nada más que como tales. Luego tienen que tomar sus decisiones a partir de su escala de valores. Y estos valores pueden nutrirse de su condición de creyentes. Cada individuo responsable posee un stock de valores que puede tener su origen en una formulación teológica, en una filosofía, en una herencia familiar y otros lugares de la cultura. De ese modo los evangélicos pueden colaborar con el fortalecimiento de la democracia, con el fortalecimiento institucional del Estado y el sistema republicano, y a la vez pueden poner un plus en el mantenimiento de la separación entre la iglesia y el Estado.
Pero inclusive en esa hipótesis me parece incorrecto y hasta pretencioso que los evangélicos quieran entrar en la política para ser “sal y luz de la tierra”, lo cual significa asumir que serán el cordón que unirá al país con Dios, una especie de fuerza mesiánica que no hace sino reforzar tendencias mesiánicas existentes en sectores de la política de nuestro país.
RD: En ciertas ocasiones surgen comentarios referentes al acercamiento de políticos o funcionarios a los líderes evangélicos para ofrecerles ayudas a cambio de admitir una influencia política. ¿Cuál es su comentario al respecto?
HW. Aparentemente existe una tendencia de parte del liderazgo evangélico en ciertos niveles y situaciones, a admitir intercambios prebendarios con el Estado principalmente en los espacios institucionales de nivel municipal. En realidad existen anécdotas en tal sentido desde hace décadas. Cuando esto sucede en sectores populares los pastores tienden a convertirse en punteros sustitutos y lo hacen posiblemente sin darse cuenta de todas las implicancias, guiados por la buena voluntad. Pero esto va a la inversa precisamente de una contribución al fortalecimiento de la institucionalidad del sistema político, pese a que puede significar un beneficio para las congregaciones que consiguen recursos para modestos programas sociales o de educación. Estas conductas contribuyen a la cooptación de personas como estrategia de maximización del poder por medio del empleo de recursos que realmente pertenecen a la sociedad y al Estado que la representa. En definitiva tienden a fortalecer mecanismos de concentración personalista del poder por encima de la institucionalidad. De todos modos esto es inevitable en cualquier organización política. Lo importante es aminorar sus efectos negativos. Pero es parte de la condición humana y algunas veces inevitable dependiendo de la presión de las circunstancias.
RD: Usted ha sido testigo de las acciones de reclamo de igualdad religiosa por parte de los evangélicos y ha estudiado el problema. ¿Podría exponernos su perspectiva frente a la situación actual?
H. W. -En la Argentina hay libertad religiosa pero no hay igualdad religiosa desde el punto de vista institucional. Todos conocemos el problema de las iglesias evangélicas que deben inscribirse para poder funcionar. Esto se funda en la Constitución, concretamente en el artículo 2. El reclamo de igualdad religiosa es un reclamo legitimo que le hace bien a los evangélicos en la medida en que el Estado les reconoce sus derechos eclesiásticos en pie de igualdad, y le hace un bien a la sociedad argentina en su totalidad en la medida en que la institucionalidad se refuerza porque de ese modo las iglesias evangélicas no necesitan hacer malabares para inscribirse mediante registros de culto ajenos o “ficheros de culto prestados” y otros mecanismos. Los católicos creo que también serían fortalecidos. De hecho en la actualidad los líderes católicos han probado que en un contexto democrático pueden funcionar bien como líderes éticos y han contribuido al fortalecimiento de la institucionalidad en determinadas situaciones, si bien eso ha partido de los clérigos. De modo que no veo cuán grave pueda ser el tema de la igualdad de culto y en cambio traería muchos beneficios.
RD: ¿Cómo ve la situación del campo evangélico actualmente dentro de la totalidad del campo religioso de la Argentina desde un punto de vista cuantitativo y cualitativo?
HW. -El campo evangélico ha crecido mucho desde la segunda mitad de la década del 80, actualmente puede estar en el orden del 10 al 13 % de la población. En sectores urbanos de clase media y media alta posiblemente los evangélicos no alcanzan el 5 % pero en sectores urbanos populares pueden estar en el orden del 20 % o tal vez más. Mientras tanto ha disminuido la cantidad de personas que se declaran a sí mismas católicas, pero en cualquier variante es posible que estén en el orden del 65 ó 70 % de la población. Esto no se debe exclusivamente a una suerte de avalancha evangélica sino al hecho de que la sociedad argentina se ha permitido ser más heterogénea. Pero de cualquier manera el campo católico tiene una importancia dominante y la seguirá teniendo, principalmente por su capacidad de movilización de recursos en varios sistemas de la sociedad. Pensemos en que la iglesia católica en la Argentina tiene, de acuerdo con estas informaciones de la agencia AICA que aquí le muestro, 7 universidades, 2.543 colegios católicos, que van del rango de colegios parroquiales baratos a colegios de élite, tiene 455 publicaciones periódicas y 122 emisoras, y su propia agencia informativa AICA. Además tiene una industria cultural con 42 editoriales y 142 librerías. En el área de servicios a la comunidad observe que cuenta con 137 centros asistenciales, 25 centros de salud, 37 organizaciones de asistencia de enfermos en situaciones de riesgo y 53 de ayuda y servicio comunitario. Caritas básicamente, es una gran ONG. Por otra parte muchos abogados que se consideran católicos creyentes y practicantes desempeñan papeles en la justicia. Y así hay otros ejemplos. De hecho por otra parte, la sola presencia en el campo educativo, con independencia de las orientaciones teológicas e ideológicas, es algo muy importante y positivo para una nación en la cual las prestaciones del Estado necesitan ser complementadas debido a sus carencias y conflictos. En fin, esta es una masa de recursos demográficos, materiales e institucionales muy importante a la cual se le suma una notable experiencia en materia de gestión.
Los evangélicos están muy lejos de eso pero tienen un notable espacio para crecer también en el desarrollo de recursos institucionales paralelos a la actividad religiosa, en el área de educación y asistencia comunitaria en materia de salud, niñez y familia, mayores carenciados y otros temas similares. En realidad ya cuentan con colegios secundarios muy prestigiosos desde hace décadas y actualmente una universidad en la ciudad de Rosario conducida por los metodistas. Los adventistas, que suelen ser algo periféricos al campo evangélico institucionalizado alrededor de las federaciones de iglesias, tienen una universidad de excelencia en la provincia de Entre Ríos.
RD: ¿Cómo ve entonces la intención de crear una nueva universidad evangélica? Desde la década del 90 existe un proyecto promovido por los hermanos libres pero ahora hay otro promovido desde un sector de los pentecostales con el apoyo de otras iglesias.
HW: La actividad de los evangélicos en emprendimientos educativos puede ser exitosa porque en el campo evangélico hay personas con notable capacidad de gestión de emprendimientos y otro tanto para conseguir recursos económicos que son imprescindibles. Los datos técnicos indican que los gastos de las universidades privadas se financias con las matrículas estudiantiles en un 30 a 40 % aproximadamente, de modo que es imprescindible saber hacer búsqueda de fondos. Pero me parece, en mi modesta opinión, que es fundamental resistirse a la tentación de establecer algún tipo de hegemonía teológica sobre la actividad científica y técnica en las universidades. La teología puede brindar valores para la práctica científica, para evitar inclusive algunas actividades que pueden ser consideradas dañinas para el género humano o para el medio ambiente que constituye nuestra casa. Pero las disciplinas de la ciencia y la tecnología, deben funcionar en forma autónoma y de acuerdo con sus propias reglas de juego técnicas, incluso en los rubros de las ciencias sociales y de la administración. De lo contrario la actividad pedagógica va a ser de escaso nivel, los programas no van a atraer estudiantes a causa del desprestigio y los que se reciban van a insertarse mal en el mercado laboral, y de hecho habrán sido estafados.
En el fondo creo que aquí como es importante una separación entre la religión y el Estado es importante una independencia entre la religión y la ciencia. La ciencia en definitiva no genera valores, el científico adquiere valores de otros dominios, ideológicos, filosóficos, religiosos, y solamente queda establecida como común denominador de la actividad científica la sujeción a las reglas de la lógica y la contrastación empírica de los datos. Creo que lo mismo sucede con el Estado, si bien la estructura está montada sobre un sistema que incluye un consenso mínimo alrededor de valores establecidos en la Constitución republicana, en nuestro caso, tales como la división de poderes y el respeto de determinados derechos básicos, existe un amplio espacio de valores que los actores no adquieren del Estado sino de sus trasfondos ideológicos, filosóficos, religiosos y llevan al plano de la política. Este es el punto de inserción de los trasfondos éticos de los actores en diferentes ámbitos públicos. Por supuesto, existen otros casos, de quienes desean cambiar la forma del Estado de un modo radical, quieren un estado teocrático o un estado propietario de los medios de producción, y otras variantes, pero éste es otro problema, y de cualquier forma sus valores provienen de trasfondos ideológicos, filosóficos o religiosos.

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