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Jueves 11 de Octubre, 2007

En el 40º Aniversario del asesinato del Che: Recordando con el "Pombo"

En el 40º Aniversario del asesinato del Che: Recordando con el "Pombo"

Lidia Baltra, SANTIAGO, Chile, Octubre 9, 2007

Con una figura especialmente señera se celebró en Santiago de Chile al acto conmemorativo de Taxi Heathrow Airport los 40 años del asesinato del Che Guevara este domingo.

Era la segunda vez que Harry Villegas, el Pombo de la guerrilla del Che, visitaba Chile. La primera fue justamente hace 40 años, cuando él y cuatro compañeros cruzaron la Cordillera de los Andes, caminando hasta el agotamiento, y llegaron al país por la zona norte escapando de la persecución del ejército boliviano.

Fue el invitado de honor en el acto organizado el domingo 7 por la Fundación Gladys Marín y el Partido Comunista de Chile, en el Edificio Diego Portales en la capital.

Sentado en la testera junto al presidente del PC chileno, al Embajador de Cuba y a una popular joven figura de la televisión chilena, el guerrillero que acompañó a Ernesto Guevara desde la Sierra Maestra hasta la selva de Bolivia, Harry Villegas, alias “Pombo”, lucía un perfil bajo durante los discursos de homenaje que lo antecedieron. Pero su porte de ancestros africanos se imponía por presencia en estas latitudes frías.

¡Qué lujo conmemorar el asesinato de la mítica figura del Che, con la visita de este hombre que luchó junto a él en sus lides guerrilleras por América y Africa! Después de cuatro décadas de una gesta que crece cada día en la memoria latinoamericana, son pocos los que pueden lucir tal galardón. “Pombo” fue discípulo del guerrillero argentino desde la Sierra Maestra y luego lo siguió a la fracasada misión en el Congo y a Bolivia. Aparece mencionado desde el primer día en el Diario del Che, sea para adelantarse y explorar un camino, para construir un túnel,  para ir a buscar o a dejar a una visita, o hacer un turno arma en ristre. En la selva boliviana permaneció hasta la debacle final.

Cuando lo anunciaron para cerrar el acto, al levantar la voz, lo hizo tímidamente al comienzo, disculpándose de no ser un intelectual, como sus antecesores en los discursos, sino sólo “un campesino de origen y un militar de profesión”. Pero de pronto, se adueñó de la palabra y conquistó a las 300 personas que llenaban el salón de la ex UNCTAD, que lo interrumpieron varias veces para aplaudirlo o para celebrar con risas sus anécdotas.

Partió  recordando agradecido la primera vez que pisó suelo chileno, cuando el entonces Presidente del Senado chileno, Salvador Allende, preparó el terreno para recibirlos a él y sus compañeros. Recordó el cariño con que lo acogiieron los aymaras del poblado de Camiña, pero las manifestaciones en las calles de Iquique, la ciudad principal, les impidieron entrar. Se enorgullece de haber conocido al Presidente Allende, quien los fue a recibir a la ciudad nortina y los acompañó en el avión hasta Tahiti, para asegurar su llegada a salvo a un territorio amigo, ocasión en que confraternizaron con él y sintieron fuerte su respaldo y adhesión a la causa.

Retrocediendo a los años 50, recordó también, con no disimulado orgullo, que al subir a la Sierra Maestra cuando tenía sólo 14 años, pensó que lo primero que le entregarían sería un fusil, pero lo que recibió de manos del Che fueron lecciones para aprender a leer y a escribir, para en seguida conocer la historia de Cuba y así entender la tarea que tenían por delante.
 
Harry Villegas, quien llegó a ser  jefe de su escolta y de su pelotón de combate, resaltó los valores humanistas de Ernesto Guevara, su sensibilidad frente a los momentos difíciles, junto a su firmeza para inculcarle el deber. Contó que cuando entraron triunfantes a Santa Clara, en  el oriente de la Isla, el Che le ordenó ir a la vanguardia por el medio de las calles, pero que él reculó cuando se enfrentaron a unas tanquetas. El Che, que venía tras él, le ordenó salir otra vez al medio de la calzada, lo que hizo sacando fuerzas de flaqueza, valentía premiada por los vítores de los santaclarinos que salían a saludarlos.

Villegas, hoy general de brigada en retiro de las Fuerzas Armadas de Cuba, no esquivó hablar de los tropiezos que tuvo la guerrilla guevariana con el Partido Comunista de Bolivia, pese a que sus anfitriones en Santiago y el gobierno de su país son del mismo color político. Lo explicó mejor que un diplomático, refiriendo que el Che quería abrir la guerrilla a todos los partidos y movimientos de la izquierda, por lo cual invitaba a sumarse tanto a los hombres de Mario Monje (jefe del PC boliviano), como a los “montoneros” argentinos (que simbolizó con el periodista desaparecido Ricardo Massetti y el “Pelao” Ciro Bustos), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano, así como a  representantes de todos los pueblos del Cono Sur, su meta de liberación en ese momento.

Como buen orador cubano, habló por más de una hora y al despedirse, confesó que al inicio del acto sintió el frío de la temprana primavera santiaguina, pero que ahora volvía a sentir calor, lo que le valió aplausos de despedida con toda la audiencia de pie, que hicieron subir más aún la temperatura y los decibles en la sala.