
De "traidor" a hombre de confianza del Che Guevara
Lidia Baltra, Agosto 27, 2007
• Ciro Bustos, el hombre acusado por décadas de entregar al Che, cuenta su verdad Taxi Heathrow Airport en sus memorias recientemente publicadas: que fue uno de sus elegidos para la abortada revolución en la Argentina.
En octubre se van a cumplir 40 años del asesinato en Bolivia del Che Guevara y uno de los homenajes a su memoria lo escribe la persona que cargó durante todo este tiempo con el estigma de haber causado su captura. Ciro Roberto Bustos, artista plástico mendocino, 75 años, ha roto su largo silencio y afirma que no sólo no traicionó al mítico guerrillero, sino haber sido uno de los hombres escogidos por él para iniciar la revolución liberadora en su país, la Argentina.
Es lo que revelan sus memorias publicadas hace pocos días en Buenos Aires. Titulado El Che Quiere Verte (Ediciones B, Buenos Aires, 2007), frase con que la guerrillera Tania lo convenció de acompañarla por la selva boliviana para una cita con el mítico guerrillero en 1967, el libro se encuentra a la venta en librerías de Buenos Aires, Santiago y otras capitales.
Bustos escribe en forma amena, con abundante contexto histórico y enriquecedores detalles, cómo se convirtió en admirador del Che desde el triunfo de la Revolución Cubana y los contactos que tuvo con él entre 1962 y 1967 y, como en una tragedia griega, sus memorias terminan con la debacle final, cuando es hecho prisionero junto al intelectual francés Régis Debray (de quien no guarda buenos recuerdos) casi seis meses antes de la captura y asesinato de Guevara. Y ciertamente, explica por qué y cómo dibujó su rostro y el de sus compañeros para sus aprehensores, hecho que lo convirtió en “delator” y “traidor” para la izquierda latinoamericana y mundial.
El libro de más de 500 págínas, cuenta su evolución hacia la izquierda política desde que estudiaba Bellas Artes en Mendoza, su posterior preparación como guerrillero en Cuba, Praga, Argelia y su admiración incondicional por el Che. Lo más novedoso en el libro es tal vez su afirmación de que no sólo no fue un delator, como se le ha acusado, sino el hombre del Che para la Argentina.
VIAJE A SANTIAGO
Una vez liberado de una condena de 30 años, gracias a una gestión del gobierno francés de Charles De Gaulle, Bustos viajó directamente de la prisión de Camiri a Santiago de Chile como exiliado político, incorporándose a la Editora Nacional Quimantú, donde quien escribe trabajó con él durante dos años. Era un hombre afable, básicamente desconfiado, interesado en el proceso chileno al socialismo de esos años, pero mudo en lo que se refería a su epopeya en Bolivia. Aquí, como en todas partes, sufrió el aislamiento de los grupos de izquierda. Lo estimaban un traidor y un delator, cosa que nunca me pareció, dados su carácter franco, su fidelidad a la causa revolucionaria que había abrazado y su responsable relación con Ana María, su compañera fiel en los peores momentos.
LOS FAMOSOS DIBUJOS
En verdad, el guerrillero mendocino ya había explicado antes de estas memorias por qué tuvo que hacer esos dibujos que le han penado toda su vida. Ocurrió hace diez años, cuando, al cumplirse 30 años de la muerte de Ernesto Guevara, aparecieron en el mundo importantes biografías con su historia. Jon Lee Anderson, prestigiado periodista norteamericano, lo entrevistó para una de ellas en Suecia, donde reside, develando su verdad en el libro Che, una vida revolucionaria (Emecé Editores, Buenos Aires, 1997). Es de los pocos que lo escucharon y le creyeron. Por la misma época, salieron algunos artículos de prensa (revista Punto Final, enero 1998, en respuesta a una acusación del dirigente cubano Manuel Piñeiro) y un documental realizado por cineastas suecos, Sacrificio, con la misma revelación: Bustos era uno de los seleccionados del Che para la revolución en la Argentina, la que terminó abortada en Salta a comienzos de los 60, con algunos guerrilleros presos, otros desaparecidos y varios muertos de inanición, entre los cuales, el jefe, el periodista argentino Jorge Ricardo Massetti, fundador de la agencia cubana Prensa Latina.
Respecto del episodio ingrato que lo afectó, en sus memorias cuenta que luego de hablar con el Che y recibir sus instrucciones, estaba dejando el lugar junto con el intelectual francés Régis Debray, cuando ambos caen presos (Mayupampa, abril de 1967). Como experto que era en inteligencia y contra-inteligencia, para justificar su presencia en las inmediaciones de la guerrilla, se inventó una personalidad distinta, la de un artista plástico al servicio de una institución argentina preocupada de los derechos humanos de los guerrilleros caídos. De modo que cuando en la cárcel de Camiri los militares le exigieron dibujar a quienes había visto, como ya los medios bolivianos habían hablado que el ejército encontró fotografías abandonadas en el campamento Ñancahuazú, decidió dar verosimilitud a sus declaraciones bosquejando los rostros de algunos de las figuras de esas fotos (entre ellas, la del Che pero con una antigua apariencia), amén de otros personajes que él había inventado para desinformar a sus enemigos y resguardar a sus compañeros del Ejército Guerrillero del Pueblo. Bustos sostiene como prueba de su fidelidad a la causa, que ninguno de esos combatientes sufrió allanamientos, cayó detenido o debió exiliarse. Esta misma razón arguye para explicar su largo silencio, en desmedro de su honra.
Que el ejército boliviano conocía la existencia de la guerrilla del Che lo confirma el mismo Guevara en su Diario, en los capítulos de los días 10, 11, 19 y 20 de abril de 1967 (El Diario del Che en Bolivia, segunda edición Punto Final, No. 59, julio 1968, páginas 44 a 47).
El libro causará más de una sorpresa en el medio político argentino y latinoamericano, pues entrega una arista desconocida de la epopeya de los movimientos revolucionarios del subcontinente. Y muestra una visión optimista sobre la gesta guevariana cuando declara en el diario santiaguino La Tercera del 19 agosto, que lo que fracasó fue esa lucha, pero que su idea de despertar conciencia acerca de la necesidad de “la liberación de los pueblos de cadenas, miserias y dominaciones” se generalizó por el continente.

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