Volver al inicio

Lunes 12 de Noviembre, 2007

¿Kaká? Mejor Colin Bell

Manuel López, MADRID, España, Agosto 23, 2007

Sus compañeros de equipo lo llaman Ricky pero es conocido universalmente por Kaká –el apodo Taxi Heathrow Airport de uso común en Brasil de las personas llamadas Ricardo–. Ricardo Izecson dos Santos Leite, un joven jugador de fútbol de 25 años, es uno de los deportistas de élite ricos y famosos de referencia. Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, está dispuesto a pagar lo que sea por poder ficharle, pero él prefiere seguir en el Milan AC, el equipo del magnate Silvio Berlusconi. Pertenece de la organización evangelical Atletas de Cristo.


Sufrió un accidente cuando se cayó desde un trampolín y se fracturó una vértebra. Eso pudo haber significado el final de su carrera futbolística, pero según los biógrafos oficiales del astro, ”creer en Jesús le permitió recuperarse y convertirse en exitoso futbolista” (Wikipedia).


“Exitoso”, rico y famoso… La derecha religiosa está a partir un piñón con este fenómeno mediático del fútbol desde que, al final del partido en el que su equipo se proclamó campeón de Italia en 2004, se desenfundara la camiseta reglamentaria del equipo que le paga para lucir debajo otra espontánea –y sin pasar por caja– con la leyenda “Yo pertenezco a Jesús” estampada, claro, en inglés: “I belong to Jesus”. Olé, publicidad intercontinental gratis por el morro para los Atletas de Cristo. Ya puestos a infringir, una ocasión de oro perdida de haber podido haberlo hecho por alguna causa solidaria, como la defensa de la Amazonía, los derechos de los pueblos indígenas, la situación de los niños de la calle en Brasil…


Su boda con la joven Carolina Celico viene siendo utilizada por la derecha religiosa para pregonar urbi et orbe el compromiso de Kaká con… la castidad: nada de relaciones prematrimoniales. Y a nosotros, qué. Pero la derecha religiosa está exultante con Kaká, por lo bien que ha aprendido el guión: nada de incomodar al sistema con algún pronunciamiento inadecuado sobre las guerras, las injusticias sociales, el hambre en el mundo, el trabajo infantil, la especulación urbanística, la usura bancaria… Los niños de la calle en Brasil… que esperen. La recta doctrina es desviada de manera nada inocente a la abstinencia sexual. Pero qué tristura de religión.


Kaká dice pertenecer a Jesús. Pero un servidor no ve en ningún pasaje de los Evangelios que Jesús de Nazaret mande hacer el numerito de ponerse a orar de rodillas para la foto luciendo la camiseta espontánea no prevista en un multimillonario contrato que le está reportando con largueza los ingresos de mil profesores de Universidad magníficamente bien pagados. El testimonio cristiano no sería otro que el de consolar al jugador red del Liverpool tendido en el suelo delante del ídolo de los fundamentalistas tras ser derrotado su equipo por el Milan de Kaká en la última Copa de Europa de de fútbol. La foto no miente: alzar las manos y cerrar los ojos cara a la galería sirve en este caso para desentenderse olímpicamente de lo que está pasando delante de las narices de quienes se ponen a orar en público para ser vistos de los hombres a través de las cámaras de los fotógrafos, en vez de hacerlo en secreto en la habitación, cerrada la puerta (Mateo 6:5-6).


No, no cuenten conmigo, por favor, en la ceremonia antievangélica de la acepción de personas por la vía de la exaltación de ases del deporte ricos y famosos que hacen el juego al neoliberalismo económico con manifiesta dejación del compromiso con el Evangelio de Jesús a los pobres. Prefiero mil veces al deportista de la otra foto. Vedlo ahí: es el ex futbolista y entrenador de fútbol inglés afincado en Alemania Colin Bell. Todo lo contrario de la imagen del deportista exitoso, forrado de pasta y ajeno a la dura realidad de las cosas de la vida, Colin Bell es un perdedor nato… ¡como la mayoría de los mortales! Pero le da mil vueltas al paripé de los Kakás exitosos y multimillonarios por los que pierde el culo en adularles la derecha religiosa: tiene un testimonio ejemplar, heroico de puro rebosante de humildad, de los que infunden la admiración y el respeto de la sociedad.


De entrada, Colin Bell arrastra el problema de llamarse igual que otro futbolista del mismo nombre, éste legendario, del Manchester City. Él procede del modesto Leicester City y marchó a Alemania, donde fue rotando como defensa lateral derecho por equipos de categoría regional; su momento de gloria deportiva no pasó de un ascenso a la segunda división en 1988 con el FSV Mainz 05. Hizo el curso de entrenadores y volvió a desfilar, esa vez como segundo entrenador, por diferentes equipos. En su último destino, consiguió ascender de categoría al Mainz 95 pero una súbita sordera propició su destitución fulminante. “Gefeiert und gefeuert”, festejado y despedido en el mismo acto.


Perdedor redivivo, no dudó en afrontar la prueba de fuego de su oficio de entrenador, que no es otra que la de ponerse a trabajar con chicos. En la actualidad es entrenador de chavales en equipos juveniles. Y tiene asunto: pertenece al grupo de deportistas profesionales protestantes de Alemania SRS Pro Sportler. La emisora de la Iglesia Evangélica Alemana Evangeliums-Rundfunk anuncia en su programación de televisión por Internet una película con él que le presenta como fiel seguidor de Jesús de Nazaret y valiente correligionario del apóstol Pablo, con quien coincide no sólo en afirmar de labios, sino en demostrar con su vida que “cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (Filipenses 3:8). Por si la cita no fuese suficientemente clara, el siguiente versículo califica como “basura” el oropel que rodea a los deportistas ricos y famosos que tanto encandila a la derecha religiosa.


Con su trayectoria profesional tan… humana y su testimonio personal nada teatrero, Colin Bell tiene desde luego mucho más que decir a la juventud que los Kakás con los numeritos de la camiseta que en buena hora ha prohibido la FIFA. Con la autoridad del respaldo de los lectores de este blog y el apoyo del Consejo Editorial, declaremos inaugurada una nueva época profética en la que los Colin Bell de este mundo son gente especial, gloriosamente libres de glamur pero con asunto, gente admirable a la que hay que conocer. Ser perdedores, reconocerse perdedores necesitados de salvación y pedir ayuda a Dios para a su vez poder ayudar a otros…


¿Un “código del campeón”? Valga. Pero no el de los campeones individualistas ricos y famosos que cobran lo que trescientos catedráticos sobresalientes, posibles candidatos a Premio Nobel, sino el de los campeones solidarios del Evangelio que no hacen show pseudorreligioso cerrando los ojos para no ver al prójimo postrado, necesitado de consuelo delante de sus propias narices. ¡Estamos con Colin Bell! Gracias a Dios, hay vida más allá de la derecha religiosa y sus ídolos ricos, famosos… y sin asunto.

Publicado en Lupa Protestante