
Suicidios en Uruguay: Causas y efectos
Alvaro Michelin Salomon, MONTEVIDEO, Uruguay, Agosto 2, 2007
Los suicidios en Uruguay más que triplicaron a los homicidios entre enero y mayo de Taxi Heathrow Airport 2007, según el Observatorio Nacional Sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. En el último año el porcentaje de suicidios creció un 2 por ciento y los intentos de suicidio aumentaron un 17 por ciento y llegaron casi a 1.300 casos.
Uno de cada cuatro uruguayos tiene un arma en su poder y buena parte de los suicidios se concretan con esas armas.
Daremos una rápida perspectiva sobre la rareza del alto índice de suicidios en el Uruguay, tomando en cuenta algunos aspectos que, en principio, no parecerían tener relación directa entre sí. El abordaje del suicidio, entonces, puede tener múltiples formas de acercamiento como una realidad compleja en sí misma que es.
1.- El Uruguay fue denominado a mediados del Siglo XX como la Suiza de América, gracias a su elevado nivel educativo, la gran clase media en su población y un sistema democrático de gobierno que era la envidia de otros países.
2.- Desde las primeras décadas del Siglo XX, con la figura política de José Batlle y Ordóñez como Presidente, se afirmó la laicidad del Estado, fenómeno que se vio reflejado particularmente en los centros educativos. Estaba prácticamente prohibido mencionar a Dios en las clases de las escuelas y los liceos públicos. La influencia filosófica y pedagógica de Francia en el Uruguay llevó a que los ámbitos de la sociedad y de la religión quedaran como espacios independientes el uno del otro. Las iglesias y la fe son realidades para vivir en lo privado o en lo permitido a un reducto de personas que practican ritos que no deben tocar la “sacralidad” del Estado laico. Aún hoy el Estado no promueve ninguna religión, inclusive no apoya (oficialmente al menos) explícita ni implícitamente a la Iglesia Católica. Pero, con el tiempo, el laicismo pasó a ser la “religión oficial”, es decir, la negación en la práctica del fenómeno religioso y la importancia de la trascendencia para el ser humano. Lo religioso pasó a ser privado, “lo que no se ve”; el Estado y todo lo que significa la economía, la política y la cultura secular eran la vida pública, “aquello que se ve” y se permite mostrar.
3.- El régimen militar que imperó en el país por doce años (1973-1985) acentuó, por un lado, el repliegue de muchas iglesias a pronunciar sus mensajes “para adentro”, en el ámbito que nadie “de afuera” podría ni debería interferir. Hubo, con todo, casos excepcionales en algunas iglesias como la Católica, Metodista y Valdense, cuyos miembros y líderes sufrieron represiones, persecuciones, cárceles y exilios. El mensaje cristiano encarnado en la sociedad que algunos líderes cristianos comunicaron y experimentaron se vio contestado desde el poder militar con represalias contra la dignidad personal y los derechos institucionales.
4.- Últimamente, con la vuelta a la democracia, las libertades públicas y el funcionamiento abierto de los partidos políticos, así como el retorno de muchos exiliados y la liberación de los presos políticos, el Uruguay tuvo un florecimiento de las expectativas sociales, políticas y económicas. Ahora sí se podía tener esperanza en un futuro merecido para la sociedad, después de tantos años duros que marcaron una cruel interrupción en el proceso democrático.
5.- Pero también fueron apareciendo nuevos cultos, iglesias y religiones que antes no estaban presentes en la sociedad: nuevas iglesias pentecostales, iglesias neo-pentecostales como “Iglesia Universal del Reino de Dios (“Pare de Sufrir”), la religión afro-umbanda que tomó más fuerza especialmente en Montevideo, comunidades filosóficas gnósticas, la proliferación de las comunidades de “Cristo Científico”, etc.- Todo ello fue conformando un panorama religioso uruguayo, más acentuado en la capital, claro está, que aumentó la oferta de posibilidades en la ciudadanía a la hora de elegir una opción religiosa en la cual experimentar el sentido trascendente de la vida.
6.- Paralelamente a ello fueron creciendo los índices de pobreza e indigencia en el país. Todavía hoy en día la mitad de los niños de 0 a 6 años de edad es pobre o indigente. Continúan emigrando jóvenes y adultos jóvenes a otros países, particularmente España e Italia. Uruguay sigue “expulsando” gente, a la vez que ingresan capitales trasnacionales y se moviliza la sociedad al compás del mundo globalizado.
7.- Además crecieron los juegos de azar, tanto los que se realizan en los locales de kioscos y casas de pagos de factura, como los casinos y los juegos que efectúan los programas de televisión. La felicidad parece estar en alcanzar aquello que no se puede alcanzar por el trabajo, ¡o por el desempleo o por la jubilación!.
8.- Ha crecido la ansiedad en las personas. Muchas buscan soluciones mágicas a sus problemas de salud, de dinero, de familia, de desorientación. Hay, por ello mismo, quienes ofrecen soluciones mágicas, como ocurre con la prédica y los espectáculos religiosos y de masas de la Iglesia Universal del Reino de Dios. Esta institución religioso-comercial realiza charlas y cursos que garantizan, según ellos, la salud, la prosperidad económica y la felicidad personal.
9.-Junto con la ansiedad parece haber aumentado: a) el temor al fracaso en la relación de pareja, que se muestra en el hecho de que muchas parejas pasan a convivir sin casarse; b) la honestidad de los planteos directos de ambos cónyuges o concubinos, lo que lleva a una mayor comunicación verbal; c) la inestabilidad de los lazos matrimoniales o de pareja, lo cual suscita la formación de nuevas parejas y familias; d) la inestabilidad emocional en los hijos que deben responder a más de una familia parental, por la formación de nuevas parejas de sus padres.
10.- La realidad de la violencia familiar, por su parte, hecha pública a veces pero generalmente escondida, es también una vergüenza nacional en un país que se jacta de un alto nivel educativo y democrático.
Todos estos factores, y algunos más que no mencionamos, van incidiendo en la predisposición social para el aumento de personas depresivas y suicidas. Si falta un sentido para la vida, si falta una orientación para el futuro, si falta la ubicación social de la persona en su medio, si el individuo se hunde en la maraña de la macro-sociedad sin un referente firme para su espiritualidad y trascendencia (una comunidad de fe sana y solidaria), o si falta una vida de familia estable, ordenada y en paz, la persona quedará espiritualmente a la deriva.
Gran compromiso nos queda a las iglesias históricas para, entonces, propender a:
a) el discernimiento claro de estas situaciones;
b) la disposición de nuestras comunidades para una sensibilización de la realidad;
c) la búsqueda y formación de espacios comunitarios de apoyo, oración y testimonio, en los cuales las personas se sientan bien recibidas y experimenten “ser alguien” para otros;
d) el desarrollo de actividades litúrgicas y mensajes que hablen directamente a las personas depresivas y potencialmente suicidas;
e) el desarrollo de redes de comunicación entre las comunidades de fe y los programas existentes del Estado y ONGs sobre esta problemática.
El autor es pastor de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata en Montevideo y Doctor en Teología.

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