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Sábado 1 de Setiembre, 2007

Heinz Dressel en su casa de Nuremberg [Esteban Cuya]
Heinz Dressel en su casa de Nuremberg [Esteban Cuya]

Heinz Friedrich Dressel, una vida para salvar vidas

Esteban Cuya, NUREMBERG, Alemania, Agosto 2, 2007

El teólogo luterano alemán recibirá un homenaje de los gobiernos de Argentina y Chile por Taxi Heathrow Airport su trayectoria de defensa de los derechos humanos

El próximo 7 de agosto el Canciller de la República Argentina, Jorge Taiana, en nombre del Gobierno argentino y el Embajador de la República de Chile en Argentina, Luis Maira Aguirre, en nombre de su país, condecorarán en una ceremonia conjunta al teólogo luterano alemán y Pastor de la Iglesia Evangélica, Heinz Friedrich Dressel, (78 años) por su compromiso solidario con cientos de exiliados argentinos, chilenos y de otros países del Cono Sur y por su permanente defensa de los derechos humanos.

El acto se llevará a cabo en el Salón Libertador del Palacio San Martín, Buenos Aires. Dressel recibirá la “Orden de Mayo” al mérito en el grado de Comendador. Las autoridades chilenas anunciaron al mismo tiempo que en ese mismo acto entregarán a Dressel la condecoración “Bernardo O ‘ Higgins” en reconocimiento a su enorme solidaridad con los perseguidos del régimen del general Pinochet.

Este reconocimiento público a Heinz Dressel por su labor humanitaria, demuestra que con interés y compromiso se podía rescatar a personas cautivas bajo la dictadura militar Argentina, algo que generalmente no hicieron quienes tenían esa obligación por su función oficial como diplomáticos.

El teólogo y escritor alemán Heinz Friedrich Dressel cumplió con todo lo que un principio oriental describe como el camino a la felicidad. “Criar hijos, escribir libros y plantar árboles”. Y perfeccionó este principio dedicando su vida a rescatar a cientos de personas en peligro bajo regímenes totalitarios de América Latina, entre ellos muchos estudiantes y profesionales de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay a quienes en los años más difíciles de su vida posibilitó un refugio seguro en Alemania.

Heinz F. Dressel nació el 28 de setiembre de 1929 en Marktredwitz dentro de una familia de la Alta Franconia, en Baviera, Alemania. A los 23 años se graduó como teólogo, tras sus estudios en el Seminario Luterano de Neundettelsau. Seguidamente, durante 15 años desarrolló su labor pastoral en Río Grande do Sul, Brasil.

Heinz Dressel, quien ahora vive con su esposa en Nuremberg, piensa como latino, habla fluidamente el español y el portugués y es experto en Derechos Humanos y cultura e historia latinoamericana como se refleja en su abundante producción literaria en idiomas alemán y portugués.

Dressel está convencido de que la historia alemana moderna lo sensibilizó respecto al drama del exilio latinoamericano. Lo que el conoció del régimen nacionalsocialista, los horrores del fascismo lo encaminaron a no ser un mero espectador de las tragedias que sufrían los otros dentro o fuera de Alemania.

En 1972 a los 43 años de edad Heinz Dressel asumió la dirección de la Obra Ecuménica de Estudios, (OEE) organismo de solidaridad de la Iglesia Evangélica de Alemania con sede en Bochum, creada para apoyar con becas de postgrado a estudiantes de diversas regiones del mundo en situaciones críticas.

La Obra Ecuménica de Estudios confió en la sabiduría y capacidad de Heinz Dressel y le dio su total apoyo en los esfuerzos de ofrecer amparo en Alemania a los perseguidos políticos de distintas partes del mundo: “Los miembros del Comité demostraron un admirable espíritu de comprensión, de solidaridad y amor cristiano, afirmó Dressel. El criterio fundamental de nuestro trabajo, agregó, es que a través de becas queríamos salvar vidas, o por lo menos, salvar la integridad y dignidad humanas, pero no financiar estudios completos. El programa para los refugiados en verdad no es un programa académico, pero es un programa de apoyo humano o cristiano, con la finalidad de evitar daños, humillaciones y todas las consecuencias del terror y de la represión”.

Dressel agrega que “no nos interesó la convicción política de los refugiados, no dividimos a los seres humanos en distintos grupos.
Queríamos ofrecerles nuestra amistad y amparo humano, independiente de las convicciones religiosas o políticas de cada uno.”

Ya en esa época de plenas dictaduras militares Dressel era consciente de que en América Latina “las angustias de los detenidos, los gritos de los torturados y la sangre de los asesinados por escuadrones de la muerte siguen siendo la grasa que lubrica la máquina de terror”, obligando a numerosos estudiantes y profesionales, a abandonar su países, en contra de su voluntad, para salvar sus vidas. Heinz Dressel sabía en 1976 que nadie en Argentina podía estar seguro de no caer en la infernal maquinaria de la represión. Bajo la dictadura militar los secuestros y la prisión, tortura y muerte violenta se convirtieron en una rutina cotidiana.

Heinz Dressel abrió las puertas de la Obra Ecuménica de Estudios a los perseguidos políticos y exiliados, respetando las diferencias y la libertad personal. Con mucho valor y convicción se dedicó plenamente a la defensa de los derechos humanos. Arriesgó su propia vida visitando personalmente a personas en peligro en Brasil, Bolivia, Paraguay, Chile y Argentina en pleno auge de sus dictaduras. En estos países en encuentros a veces semiclandestinos se reunió con colaboradores y personas que necesitaban salir del país para poder salvar sus vidas. Así Dressel demostró su solidaridad con los perseguidos a causa de su ideología y les dio la esperanza de que podrían mantenerse con vida.

Dressel desarrolló una capacidad muy grande de interpretar las señales de riesgo de sus interlocutores y seguir actuando de la manera más normal posible. “No me llames porque estoy enfermo y no puedo hablar bien” le dijo un profesor argentino que no quería poner en peligro a su familia y a los estudiantes con los que trabajaba en Buenos Aires. En otra ocasión al retornar a su hotel, en su habitación se encontró con tres personas que, según afirmaron “reparaban la calefacción”. Y para eso habían revisado su maletín de trabajo en el cual conservaba documentación sensible sobre la situación política del país. Una vez sintió miedo al oír su nombre por el parlante del aeropuerto, con llamadas a presentarse a la oficina de la policía migratoria. Pensó que allí terminaría su libertad. Pero lo estaban buscando sólo por ser el único pasajero que faltaba para que el avión iniciara su vuelo, que había sido adelantado una hora.

Hoy, a los 78 años de edad Dressel piensa que cuando se es joven no se miden los peligros en la vida y solamente se trata de cumplir con su vocación y compromiso de la mejor manera posible. “Lo que hicimos no fue porque lo quisimos, o porque lo buscamos. Sólo actuamos de una manera para responder a los desafíos de la historia mundial” afirma humildemente al evaluar su labor de ayuda a los exiliados latinoamericanos que lograron refugio en Alemania gracias a su esfuerzo.

Y Dressel no se olvida de reconocer que para el cumplimiento de su misión contó en Alemania con el valioso apoyo de una red de dirigentes cristianos alemanes y latinoamericanos dispersos por toda Sudamérica.

También reconoce que muchas veces tuvo que apelar a la flexibilidad de sus colegas para traer a Alemania a perseguidos políticos aunque no cumplieran los requisitos académicos establecidos para gozar de la beca. Lo importante era salvar sus vidas, costara lo que costara.

Con gran convicción de solidaridad Dressel pudo entre 1975 y 1983 salvar a cientos de perseguidos políticos de América Latina, entre ellos más de 35 argentinos y argentinas amenazadas de muerte o expulsadas de su país por causas políticas. Asimismo los acompañó en el difícil proceso del exilio, al principio lleno de incertidumbres concediendoles la esperanza de la paz y la seguridad familiar. La oranización que condujo Dressel también financió estipendios para exiliados argentinos que se establecieron en España y Francia.

La gran mayoría de los becarios, ahora como profesionales sirviendo en sus países, reconocen hoy en día la gran ayuda que les significó el apoyo de la Obra Ecuménica de Estudios y del pastor Heinz Dressel: “Los que fuimos protagonistas de similares historias dolorosas, los que conocimos el infierno argentino, sabemos que bien cae una sonrisa, una mano tendida a tiempo, cuando la angustia y el dolor aprieta nuestros labios y ahoga la voz. Ud. pastor Dressel, nos extendió la mano, nos mitigó el dolor, nos ayudó a recuperar la sonrisa, a levantar la cabeza para ver salir el sol”, afirmó uno de los tantos becarios en una carta de agradecimiento. Justo reconocimiento a Heinz Dressel ciudadano alemán universal, portador de la mejor tradición de solidaridad de Alemania con las personas que para salvar sus vidas se ven obligados a abandonar sus países.