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Curazao estrena obra teatral sobre el Cantar de los Cantares
José Aurelio Paz, WILLEMSTAD, Curazao, Junio 19, 2007
Una versión teatral del Cantar de los Cantares, “Kanto di tur Kanto” en papiamento (lengua Taxi Heathrow Airport criolla de Curazao), ha comenzado su temporada de presentaciones en el teatro Luna Blou de esta ciudad del llamado Caribe Holandés.
Curiosamente, se presenta en la sala de ese complejo cultural curazaleño que responde al nombre de “Tentashon” (Tentación), bajo la dirección del dramaturgo colombiano Freddy Montoya, quien se ha auxiliado de un grupo de actores locales no profesionales que le dan cuerpo al enigmático texto bíblico de tan controvertidas interpretaciones.
La pieza no cambia el texto original; solo pretende crear texturas dramáticas a partir de intercambiar y superponer los versos de este gran poema; sumando, también, una dinámica basada en el juego de elementos escénicos que permiten asumir la vitalidad milenaria de su sustrato literario, la cual, a más de un exégeta bíblico, ha llevado por caminos tortuosos en la infructuosa tarea de darle una interpretación lineal a esta hermosa metáfora de inspiración divina.
“Kanto di tur Kanto” o El Cantar de los Cantares, tuvo una premier exclusiva, como explicó su director a la prensa local, para los representantes de las distintas religiones presentes en la isla, tanto católicos, como evangélicos, judíos y hasta de religiones hindú y árabes.
Según las propias palabras de Montoya fue una experiencia muy emotiva, en tanto algunos de los presentes manifestaron que el principal valor de la obra radicaba en que les había vuelto a juntar en una expresión de ecumenismo que no resulta común aquí.
Con una duración de hora y media y la integración de siete actores y la misma cantidad de actrices, expresión del llamado "teatro experimental o alternativo", la puesta asume, además de la declamación de los textos, el canto, la danza y las artes visuales incluido el cine.
El misterio que Dios esconde en el supuesto amor entre el esposo y la esposa, lleno de un lirismo que no tiene otro libro sagrado, transcurre sobre la escena, según su propio creador “como beber vino, disfrutando de la profundidad de los misterios de la Biblia.”
A punto de haber tenido ya unas seis representaciones, El Cantar... di tur Kanto mantiene la sala del Luna Blou a lleno completo, quizás por la avidez de un público muy diverso, en tanto en Curazao confluyen emigrantes de varios países, de casi todos los continentes, y múltiples congregaciones de las más diversas tendencias religiosas.
Quizás, de ahí, que sea toda una “tentashon” artística con un profundo sentido cristiano que, por supuesto, junto a sus seguidores tendrá también detractores que consideran que el buen vino de La Palabra no debe ser contenido en nuevos odres.

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