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Miércoles 22 de Setiembre, 2004

Pedagogía de la ternura como respuesta a las exigencias de cambio propuso educadora

Hugo Lévano, LIMA, Perú, Octubre 11, 2002

Una pedagogía de la ternura, como respuesta a las exigencias de transformación del medio social Taxi Heathrow Airport y la construcción de una globalización con rostro humano, planteó la educadora peruana María Concepción Torres Castro de Herrera.

 La conferencia fue dictada este jueves en el Foro "Desafíos de la 
 pedagogía de la ternura al educador cristiano y popular", organizado por la ONG Proceso Kairós-Perú. Al foro asisten educadores de iglesias evangélicas y católicas de Colombia, Argentina, Bolivia, México, Brasil, Ecuador y Uruguay.

Torres, quien es secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Educación y directora de la Oficina Nacional de Educación Católica de la  Conferencia Episcopal Peruana, afirmó que la pedagogía debe responder a  las aspiraciones de humanización de las personas.

Vivimos una crisis de civilización que tiene su raíz en la globalización actual que no funciona. Para algunos la solución es muy sencilla:  abandonar la globalización. Pero esto no es factible ni deseable.

 La globalización también ha producido grandes beneficios, entre ellos el  éxito del este asiático, mejoras en la salud y el surgimiento de una activa sociedad civil global, que batalla por más democracia y más justicia social, indicó. 

 El problema no es la globalización sino el modo en que ha sido gestionada. Las instituciones económicas internacionales por lo general han favorecido los intereses de los países industrializados -e intereses particulares  dentro de esos países- más que los del mundo en desarrollo.

 La demanda de reformas es palpable, señaló. Ha habido ya algunos cambios.  Pero numerosos críticos de las instituciones internacionales son escépticos. 

 Según ellos los cambios responden simplemente a que las instituciones han  percibido la realidad política de que deben cambiar su retórica si quieren sobrevivir. Creemos que la globalización puede ser rediseñada para que  haga realidad su buen potencial, subrayó.

 Una de las razones por las que es atacada la globalización es porque parece conspirar contra los valores tradicionales. El ritmo de la integración global es un asunto importante: un proceso más gradual significa que las instituciones y normas tradicionales no serán arrolladas, y podrán adaptarse y responder a los nuevos desafíos, señaló Torres Castro.

Las reformas que se han bosquejado en el Perú y otros países de América  Latina a nivel educativo y económico, estarían fundamentadas en lograr una  globalización más justa y más eficaz para elevar los niveles de vida, especialmente de los pobres.

Los ministros de Economía y Comercio,  conciben  la globalización como un fenómeno fundamentalmente económico, pero para  muchos en el mundo subdesarrollado es bastante más que eso. Se necesitan políticas para un crecimiento sostenible, equitativo y democrático.

Si vamos a abordar las legítimas preocupaciones de quienes  han  expresado su malestar con la globalización, si vamos a hacer que la globalización funcione para los miles de millones de personas para las que  aún no ha funcionado, si vamos a lograr una globalización de rostro  humano,  entonces los educadores debemos alzar nuestras voces, sostuvo.

La educación es un proceso de formar personas individuales y distintas y  no  un proceso de producción en que se forman en serie réplicas del profesor. La vocación del maestro es una vocación contemplativa, y vivida así, tanto  el maestro como sus alumnos van a ser beneficiados, señaló.

 En ese contexto, indicó, la pedagogia de la ternura es la respuesta a la  necesidad de cambio en el modo de hacer las cosas. La ternura como sentimiento, convoca lo colectivo, la búsqueda del bienestar común, la preocupación por el otro y por sí mismo.

 Es un encuentro de silencios, de reconocimientos y valoraciones, de unificación de criterios, de consensos y acuerdos, de dialécticas  diferentes, de tolerancias y disculpas fraternas y sinceras, de comprensiones, compromisos y esfuerzos.

Por eso ternura también es  exigencia, responsabilidad, rigor, cumplimiento, trabajo sistemático,  dedicación y esfuerzo, crítica permanente y fraterna, agregó.

 Vivimos en una sociedad de falta de afecto generalizada. Ha disminuido el  amor que todo ser humano debe sentir por sí mismo y por lo que hace, para  poderse brindar con bondad absoluta a sus semejantes con el convencimiento  de no estar perdiendo nada y estar ganando todo, advirtió. 

 Por lo tanto, dijo, el centro educativo debe ser animador de una pastoral  evangelizadora, de una pedagogía de la ternura fundamentada en los valores  y que desde la opción preferencial por los pobres, realice una educación  integral.

La base fundamental para tener éxito en la pedagogía de la ternura es aprender a educar los sentimientos. Nuestra cultura tiende por una parte a enseñarnos a estar conformes con la  diversidad y por otra, a anularla. Debemos permitir los sentimientos, a  menudo la privacidad de las emociones se ve arrollada por padres y  maestros.

La Revelación de Dios nos ofrece un modelo y una razón para el respeto y la aceptación de los sentimientos del otro, concluyó la educadora.


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