
Nuevo fiasco del G-8
Alejandro Dausá, LA HABANA, Cuba, Junio 13, 2007
Los medios de comunicación han informado en estas semanas acerca de la reciente cumbre del Taxi Heathrow Airport Grupo de los Ocho en Alemania. Casi todos subrayaron la masividad de las movilizaciones de protesta, la aplastante ostentación de fuerzas y tecnologías represivas, y sus choques con los grupos más exaltados. En opinión de diversos movimientos sociales, se trató de una extraordinaria, inédita y victoriosa manifestación popular en contra de los que pretenden gobernar el mundo.
¿Qué es el G-8?
El Grupo de los Ocho es el resultado de un proceso complejo que comenzó en los años ´70, como fruto de la institucionalización de relaciones entre países capitalistas dominantes. El primer paso lo dieron los ministros de finanzas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania Francia y Japón en 1973, en la mismísima Casa Blanca; se le conoció como Grupo de los Cinco. En 1975 se sumó Italia para la reunión de Rambouillet, donde ya hicieron su aparición los jefes de estado de esos seis países; el tranquilo poblado francés ofrecía el marco ideal para un encuentro que se publicitaba como discreto y distendido, con una agenda abierta a variados temas. En los años siguientes se unieron Canadá y Rusia, para completar los ocho, aunque también participa la Unión Europea como entidad política. Los comunicados emitidos en los primeros años estuvieron marcados por la cuestión económica y la necesidad de coordinar esfuerzos frente a la crisis monetaria y estructural; más tarde aparece un claro respaldo al modelo neoliberal, y la pretensión de abordar y trazar soluciones para los problemas globales.
Sin embargo, ese mismo mundo globalizado siguió girando, tornándose cada vez más ingobernable y en consecuencia planteando preguntas incómodas al G-8. ¿Con qué aval esos países, que no llegan al 14% de la población mundial, se arrogan la representación de la humanidad? ¿Dónde quedan economías emergentes como las de China, India, México y Brasil? ¿Qué indica el fracaso rampante del neoliberalismo en vastas regiones como la latinoamericana? ¿Qué implicaciones tiene el descrédito de los Estados Unidos, con un déficit comercial impresionante y un empantanamiento definitivo en las guerras que promueve?
Juliane Schumacher, especialista del grupo alemán Analyse und Kritik, indica que “A pesar de la pérdida de poder real, el G-8 aparentemente no se rinde; en lugar de eso transfiere cada vez más enérgicamente sus funciones a la esfera de lo simbólico. Con la creciente inseguridad dentro de la sociedad, se hace aún más significativa la majestuosa aparición de los ocho jefes de estado; aumenta la necesidad de demostrar –y demostrarse- capacidad de control y gobierno de la situación. Desempeña el papel de un gobierno mundial, un grupo de hombres y mujeres de estado experimentados que, ante una globalización desenfrenada y en un mundo cada vez más complicado, conservan una visión de conjunto y ni por asomo están dispuestos a entender que las riendas se les escaparon de las manos hace ya mucho tiempo”.
Heiligendamm difuso
Las deliberaciones del G-8 en el exclusivísimo hotel de ese balneario sólo produjeron comunicados difusos. No se lograron acuerdos sobre las negociaciones comerciales internacionales, ni la eliminación de subsidios agrícolas en los países noratlánticos industrializados, dos temas vitales para el sur en desarrollo. Hubo mucha propaganda en torno a la promesa de 60.000 millones de dólares en ayuda para Africa, aunque su efectivización está lejos de hacerse realidad: ya en la Cumbre del G-8 del año 2005 en Gleneagles, Escocia, se había asegurado para ese continente una suma que jamás fue abonada en su totalidad. Otra cuestión candente, la del calentamiento global y la necesidad de reducir con urgencia gases contaminantes, se planificó para un futuro incierto, lo cual revela la total falta de voluntad para tomar medidas que afecten el estilo de vida derrochador del primer mundo, o las inmensas ganancias de las empresas que explotan combustibles fósiles, fabricantes de automóviles, etc.
La nota grotesca fue aportada por los presidentes George Bush, Jr. y Vladimir Putin, jugando un ajedrez macabro en el cual las piezas son misiles y escudos antimisilísticos, cuya posible ubicación cambia de país y región, de acuerdo a intereses económicos precisos, mostrando un absoluto desprecio por las poblaciones de esos territorios y por el género humano.
Rostock contundente
Imposibilitada de llegar hasta el hiper controlado hotel de los poderosos, la Contracumbre se organizó en la vecina ciudad de Rostock con la participación récord de casi 150.000 personas. A partir de la reunión del G-8 en Génova, en el 2001, es notable un aumento en la cantidad y calidad de las protestas, lo cual hace patente el cansancio y frustración de millones de personas que decidieron llevar la política a las calles. Podemos hablar así de otro efecto invernadero: un calentamiento global social que estalla por todas partes.
Las actividades fueron diversas. Hubo más de 200 espacios temáticos para la reflexión y el debate abierto y participativo, y se organizaron además conferencias con personalidades y especialistas. Llamó la atención la presentación de performances espectaculares, de sugestiva creatividad, que funcionan apelando a la conciencia simbólica y apuestan a cautivar a un público vasto que sufre las políticas de los poderosos pero no participa necesariamente de las movilizaciones. Como se ha hecho tradicional en este tipo de encuentros, tanto confrontativos como propositivos en el caso de los Foros Sociales, diferentes redes contrahegemónicas aprovechan la ocasión para sus propias reuniones de concertación y planificación de estrategias.
¿Y las iglesias?
Hubo una solicitud especial por parte de las conferencias episcopales católicas de los países del G-8 pidiendo “medidas audaces para combatir la pobreza global, implantar la medicina profiláctica, combatir el cambio climático y garantizar la paz y seguridad”, indicaron además que “reemplazar la desesperación con la esperanza hará que el mundo sea más seguro para todos”. Lamentablemente las declaraciones no bastan, y se percibe una notable ausencia de gestos proféticos que las legitimen. Peor, Benedicto XVI recibió por esos días a G.Bush, que capitalizó con astucia el impacto mediático de su visita, mientras el papa se limitaba a pronunciar algunas frases inocuas.
En Alemania se sumaron activamente a la dinámica de las protestas diversas iglesias, tanto evangélicas como católicas; esto incluyó vigilias, tañido simultáneo de campanas y liturgias especiales. Incluso una de las marchas se inició luego de la celebración religiosa en uno de los templos de Rostock.
Sandra Lassak, teóloga del Instituto de Teología y Política y activa participante en las movilizaciones, destaca que la variedad de los grupos presentes encontró un punto común en el rechazo al orden dominante del capitalismo y sus consecuencias. Subraya también la importancia de esa experiencia auténticamente ecuménica nutrida en la búsqueda colectiva de caminos que apuntan a la construcción de un mundo en el cual todos los pueblos y todos los seres humanos tengan los mismos derechos y puedan vivir dignamente. Plantea además que la solidaridad en la protesta no sólo dio fuerza para la lucha sino que se convierte en signo de esperanza de la posibilidad de un nuevo cielo y una nueva tierra.
Como en el pasaje bíblico veterotestamentario, observamos hoy las piedras que ruedan desde todas partes contra los pies de barro del sistema de aspecto terrible. Una reflexión teológica responsable deberá aumir tareas similares a las del profeta Daniel, colaborando en la interpretación de las pesadillas que agobian a la humanidad y caminando al paso de los pueblos que luchan por su emancipación.

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