
Fidel y Chávez sí se equivocan
Víctor Liza Jaramillo, LIMA, Perú, Junio 11, 2007
El tema más importante en América Latina, durante las últimas dos semanas, ha sido la Taxi Heathrow Airport no renovación de licencia a Radio Caracas Televisión (RCTV), el canal privado más importante y más antiguo de Venezuela. Hay que precisar que no ha sido un cierre, sino que simplemente no se le concedió la continuación de la licencia para hacer sus transmisiones.
Conocemos el rechazo que se ha dado de parte de importantes organismos internacionales, entre ellos instituciones vinculadas con la libertad de prensa y expresión, así como con los derechos humanos. Pero también conocemos el respaldo que ha tenido la decisión tomada por el presidente venezolano Hugo Chávez, de algunos sectores más vinculados a la izquierda. El sustento es que el Estado es quien brinda las concesiones, y está en su legítimo derecho de hacerlo o no.
Esto último es el nudo de gordio. Las licencias se conceden, siempre y cuando el solicitante cumpla con los requisitos establecidos por ley: condiciones de transmisión, impuestos, entre otros. Pero, al parecer, ninguno de estos puntos son las razones por las que no se le renovó la licencia. Las razones son las que expuso Chávez en su discurso del 28 de Diciembre del 2006, poco después de ser reelegido en unas elecciones que nadie discute: "No habrá nueva concesión para ese canal golpista de televisión que se llamó Radio Caracas Televisión". También lo calificó como “órgano del imperialismo”. Entonces aquí se podría entender que las razones son más políticas que legales. No ha sido la decisión de un órgano regulador del gobierno, sino de Hugo Chávez.
En ese sentido, Chávez estaría aprovechando del poder que tiene, para silenciar sutilmente a un medio de comunicación (sea o no protegido del Imperialismo yanqui). Si RCTV no hubiera cumplido con los requisitos que se indican en la ley, pues sería válido. El problema es el matiz político que le ha dado Chávez al asunto. Además, ha reemplazado al canal en cuestión por uno que es favorable al gobierno, que tampoco es la idea. Incluso, ya le puso la mira a Globovisión, otro canal que es crítico al régimen chavista; a ambos canales los tildó de “enemigos de la patria”.
Las razones no serían legales, sino políticas.
Estamos entonces, ante un grave error que comete Hugo Chávez. Porque repetiría la fórmula que utilizaron muchos dictadores latinoamericanos para no permitir que se escuche la voz de sus opositores, que en ese momento eran de izquierda. Quizás no entre con tanques y con el ejército a apoderarse de los locales de los medios escritos, radiales o televisivos; pero saca del camino a una voz, que por más que sea discrepante, también es necesaria. La libertad es para todos, aunque sin negar que el mercado permite de todo, y ese todo muchas veces no educa.
Rosa Luxemburgo, la gran revolucionaria socialista alemana de principios del siglo XX, decía que “la libertad sólo para los partidarios del gobierno (refiriéndose a la idea del partido único, discrepancia que tuvo con Lenin), sólo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente”. Y agregaba: “sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo”.
Por ello, Chávez se equivoca. Le está dando de comer a sus enemigos, que ahora tendrán carne para devorar. Así como Fidel Castro en Cuba, quien pese a la gran resistencia y revolución que encabeza contra las constantes amenazas del gobierno de los Estados Unidos, y a la gran figura que representa, se equivoca también con la aplicación de la pena de muerte a sus opositores. Recuerden aquel artículo del prestigioso historiador y escritor uruguayo Eduardo Galeano, titulado Cuba duele, en el cual critica también las acciones del líder cubano en ese sentido, aunque sin dejar de reconocer las virtudes de la revolución en la isla.
Muchos nos hemos entusiasmado con las actitudes que han tenido Castro y Chávez (en mi caso personal, con este último no tanto) ante los zarpazos de los EUA; pero tenemos que observar, como Galeano, que también se equivocan. No son perfectos.
* Periodista. Miembro de la Iglesia Evangélica Peruana

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