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Jueves 11 de Octubre, 2007

Declaración final Foro Interreligioso "Compromiso hacia una nueva cultura ambiental"

Argentina, Mayo 18, 2007

Dios ha creado al hombre y al mundo.  Dios-hombre-cosmos (naturaleza) están mutua y ontológicamente vinculados Taxi Heathrow Airport   en virtud del acto de la creación relatada en Génesis 1-11.

Así, dentro de esta comprensión teo-antropo-cósmica, la crisis ecológica lo es social y ambiental a la vez, al punto que abordarla en su integridad afecta ambas dimensiones. Por lo tanto, el medio ambiente sano se concibe también como un derecho humano fundamental. Conocer o hacer ciencia respecto de las relaciones entre los seres vivos y los ecosistemas es lo que llamamos ecología. Por eso, a un creyente puesto delante de Dios le es imposible hablar de una ecología de la naturaleza sin hablar de una ecología humana que, a su vez, supone una ecología espiritual y una ecología social. Sabemos que la ausencia de una solución es una solución en sí misma y lo que nosotros no podemos es ser cómplices silenciosos.
Hoy, a nivel global: 1) la guerra implosionó fuera y dentro de las sociedades. ; 2) la variable población esta siendo “ajustada” de facto. La relación entre el cambio climático y el aumento de conflictos violentos en el mundo empieza a ser reconocida por los principales centros estratégicos, agencias gubernamentales de los países centrales y organismos internacionales. El cambio climático puede causar un aumento en la extensión e intensidad de las guerras por los territorios y sus bienes naturales. Porque las fuertes modificaciones en los ecosistemas desencadenan masivas migraciones, obligan a modificar fronteras y dejan a millones de seres humanos sin hogar. El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado a una reunión urgente para tratar el tema al que ha denominado: "una urgente amenaza global".  3) los ecosistemas están dando señales preocupantes mientras se redefine el “corazón de la economía” que es el paradigma energético y biotecnológico.
Hoy, en nuestro país podríamos enumerar una serie de actividades muy rentables sólo  para unos pocos que degradan y maltratan los ecosistemas  y sus paisajes naturales, rurales, urbanos, industriales, a la par que la calidad de vida de la sociedad en su conjunto. El estado de la cuenca Matanza- Riachuelo, aquí en Buenos Aires, es un ejemplo claro: una situación "pestilente" rodeada de "promesas verbales incumplidas". Curtiembres, petroquímicas y otras industrias que se enriquecieron mientras se contaminaba sin miramientos. La duda es ¿cuántos ilícitos se habrán cometido para no denunciar el incumplimiento de las normativas vigentes...? Todos sufrimos las consecuencias, pero los que más sufren la contaminación son los pobres. Viven cerca o sobre basurales; tienen problemas con las napas de agua y no pueden comprar agua envasada; respiran y absorben químicos y venenos presuntamente impescindibles para muchas actividades económicas.

Debemos rever las prioridades hacia donde se encaminan los esfuerzos de las naciones, tanto en materia técnica y científica como económica y política. Así, necesitamos comprender el significado, el valor y el sentido de la cuestión ecológica y debemos hacerlo tanto desde los valores universales cuanto desde la experiencia encarnada en Argentina, MERCOSUR y América Latina como lugar y hogar concreto de todos nosotros.

 La educación en valores éticos ambientales y sociales es fundamental. Necesitamos tomar conciencia de que esta es una cuestión sagrada: el ser humano y el medio ambiente son creación de Dios y como tales únicos e irrepetibles. Los seres humanos sólo administramos la creación; por eso, la conversión espiritual nos debe llevar a una conversión ecológica.

El modelo de la conversión espiritual podría aplicarse a las relaciones entre los  seres humanos y su ambiente - paisajes naturales, rurales, urbanos e industriales - : dejar un estilo de vida y adoptar otro diferente, un estilo de vida más austero, simple y sencillo, basado en la obediencia a Dios y a sus mandamientos.
Esta conversión espiritual nos permitirá respetar los ritmos naturales de las personas, de los ecosistemas  y del planeta. Expresión de esto será valorizar y redescubrir las culturas locales de los pueblos que presentan modos de relacionamiento compatibles con el conocimiento del territorio y de su historia, diferenciados de los modos técnico-científicos predominantes a nivel global. De la misma manera habremos de vincular tanto la cuestión de la población como la de la producción y distribución del ingreso con la cuestión ecológica y planetaria para ponerlas delante de Dios buscando recuperar el orden de la Creación.

 Debemos reinstalar al ser humano como centro de la Creación no en términos de poder sino en términos de responsabilidad moral para consigo mismo y para con toda la vida que nos rodea, inmenso don de Dios. La regla para nosotros es sencilla: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Quien dice que ama a Dios a quien no ve y daña a su hermano a quien ve es un mentiroso.

Defendiendo la Creación, internalizando nuevos paradigmas, alentando el surgimiento de tramas sociales solidarias, recreando la familia creyente, alentando el amor y la paz entre los seres humanos, y con la Creación, emprendemos la marcha.