Volver al inicio

Sábado 1 de Setiembre, 2007

Cristianismo y líderes tentados por el poder político

Cristianismo y líderes tentados por el poder político

Alberto Araica, MANAGUA, Nicaragua, Mayo 11, 2007

El autor es menonita y líder del Centro de Estudios Internacionales, CEI, en Nicaragua.

Vivimos Taxi Heathrow Airport en una Nicaragua cuyos valores más profundos y sagrados se ven cada vez más devaluados por ideologías desfasadas y un cristianismo alienado, que para sobrevivir están obligados a aliarse uno con el otro. Son pocas la iglesias que trabajan verdaderamente  con los pobres y desposeídos,de acuerdo con la lógica de Jesús. Antes bien, muchos pastores se inclinan con los que puedan aportar una cuota de poder a proyectos políticos personales.
El acuerdo pragmático y estratégico entre el poder político y el poder religioso en Nicaragua, que ha garantizado la repartición y el control de los poderes, con la bendición de la iglesia católica, evidencia que la tentación del poder es la mayor de todas las trampas.
Igual que Jesús fue tentado en el desierto por el pragmatismo de la oscuridad (Mt.4,1-11), los líderes de este país son tentados a ceder cada vez más los valores éticos de sus doctrinas e ideologías ante el protagonismo, la espectacularidad, y la acumulación del poder, “dando al César lo que es de Dios y a Dios lo que es del César”.
Ese pensamiento pragmático del poder religioso ha sustituido los valores éticos del Reino de Dios por una manera práctica de esconder sus “pecados” detrás de un discurso de perdón y reconciliación.
 Como bien apunta Andrés Pérez Baltodano, “la universalidad del mensaje de Jesús y la base filosófica sustantiva de que se nutre la ética cristiana es incompatible con el oportunismo pragmático… Jesús no fue pragmático”.
Por eso el “desierto”, lugar donde Jesús fue tentado por los poderosos, ahora representa el escenario donde el pueblo nicaragüense, en permanente éxodo, camina sin dejar que “el agua contenida en el vaso de la esperanza” sea derramada por los que se han adueñado de la verdad.
 El pueblo nicaragüense, al igual que Jesús en el desierto, tiene que enfrentar el poder de las  fieras y sus aliados para ser fiel al mandato del Reino de Dios (Mc.1,12-13), por eso, el desierto representa para los más vulnerables el lugar de denuncia y resistencia ante al autoritarismo y el abuso de poder.
El poder alienante de ésta alianza, entre cúpulas partidarias y doctrinas caudillescas, que intentan descabezar el proyecto liberador del  pueblo (“tan pronto como salieron los fariseos, comenzaron a tramar con los herodianos cómo matar a Jesús”, Mc. 3,6), representan las fieras en el desierto que se resisten al llamado proféticos de los ángeles, aquellos y aquellas profetas populares que colaboran con el reino de Dios, y que siguen levantando la voz profética en nuestro país desde los panaderos, los trabajadores de la salud,  los campesinos de las Tunas que reclaman tierras en el norte del pais, los maestros que no completan para comprar la canasta básica,  las mujeres victimas de la justicia partidaria y las víctimas de la justicia religiosa que defienden los envestidos de poder espiritual. 
 La Cristiandad moderna, como concepción politica totalizante de la religión, quiere establecerse en Nicaragua no solo como un modo de relación entre la sociedad y la iglesia sino también entre la iglesia y el imperio de turno como dos caras de una misma moneda.
 El misterio de la experiencia personal y comunitaria del encuentro con el Cristo liberador ha sido substituida localmente por una ortodoxia política eclesial rígida, exclusivista, e inequívoca, donde no hay lugar para la divergencia de pensamiento.
 La intolerancia ante la heterodoxia de los nuevos “herejes” y disidentes es vista  entonces, al igual que en la edad media, como movimientos anti-feudales o herejías socio-religiosas, que atentan contra la fe y el pensamiento político-partidario oficial.
El reto para todos y todas debe ser  dejar de convertir las piedras en pan y abocarnos a proclamar una palabra verdadera, una palabra de vida, esperanza, justicia y dignidad: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn.8,32). Coincido en un punto con el Cardenal Obando: “el perdón …exige la verdad”, por eso no puede haber perdón sin verdad, y verdad sin justicia.
Como cristianos y cristianas, comprometidos/as con la vida y la dignidad de todos y todas las nicaragüenses, rechazamos esta manera de hacer iglesia desde el poder, rechazamos una iglesia cristiana aliada con los poderosos e influyentes de la sociedad, olvidando de qué lado está Jesús con sus buenas nuevas.       Rechazamos el involucramiento de la jerarquía eclesial en las políticas públicas del país, y el abuso de poder, alienante y autoritario de la jerarquía católica.
Denunciamos la “constantinización” del evangelio, el sistema doctrinal de pactos y alianzas a favor de intereses partidarios por encima de las necesidades de la mayoría de los pobres, restaurando la esperanza no solo como una utopía sino como un principio y valor.  Defendemos el Estado laico, y la libertad de pensamiento, expresión y culto; defendemos una iglesia comprometida con la construcción de una ética religiosa, social y politica, una ética de la esperanza como bandera de lucha para una praxis liberadora basada en la justicia, la verdad, la reconciliación y el amor. Creemos firmemente que no puede haber amor sin reconciliación, ni reconciliación sin verdad. No puede haber verdad sin derechos, ni derechos sin tolerancia.
Llamamos a todos los que caminamos en el desierto a cerrar filas alrededor de la esperanza, creyendo que Jesús nos acompaña en este camino, resistiendo con la verdad desde el espíritu comunitario y solidario; haciendo nuestras las palabras del evangelista en Lucas 21,28: “Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo, y levanten sus cabezas, porque se acerca la  redención” (del pueblo).