Organismos ecuménicos se pronuncian sobre el caso Posada Carriles
José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Abril 24, 2007
El documento, que fuera confeccionado cuando aún no era efectiva esa decisión de los jueces Taxi Heathrow Airport y el gobierno de los Estados Unidos, ha sido dado a conocer ahora y plantea que “Para nosotras y nosotros, que ministramos en medio de los múltiples retos que la realidad cubana nos presenta; resulta inverosímil que el país que se ha erigido como líder en la lucha mundial contra el terrorismo, ese flagelo de la humanidad, cobije con impunidad personas que, públicamente, se han declarado responsables de ejercer la fuerza y la violencia para reproducir el odio y la muerte.”
La carta, firmada por el consejo directivo y el Centro de Estudios del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), el Centro Memorial Doctor Martin Luther King Jr. (CMLK) y el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (SET), ha sido enviada al Consejo Mundial de Iglesias, al Servicio Mundial de Iglesias y al Consejo de Iglesias de Cristo en los Estados Unidos.
Completan la nómina las Iglesias Episcopal de los Estados Unidos de América, la Evangélica Luterana de América (ELCA), la Presbiteriana de los Estados Unidos de América (PCUSA) y Discípulos de Cristo, además de la junta general de Ministerios Globales de la Iglesia Metodista Unida.
En otra parte de la misiva se hace referencia a que Luis Posada Carriles es responsable, entre otros muchos hechos, del oprobioso acto de hacer explotar en el aire un avión de Cubana que transportaba a 73 personas inocentes, entre ellas el equipo juvenil de esgrima que regresaba triunfador de una competición deportiva y a su condición de prófugo de la justicia ante el gobierno de Venezuela.
“Resulta incomprensible que el sistema judicial de una nación que se autodenomina antiterrorista, y que opera en un país libre y democrático como se cataloga el sistema de los Estados Unidos de América, no escuche el clamor de todo un pueblo y las voces de la comunidad internacional, al llamado de obrar con la justicia que se espera de la decencia y el honor.
“En este mismo espíritu, pedimos a ustedes, hermanos y hermanas en Cristo, que se unan a nuestro clamor por la justicia, que se unan a nuestras oraciones para que el mismo Dios que levantó a nuestro Señor de entre los muertos sea escuchado por quienes tienen la responsabilidad de hacerla valer.”
Y concluye: “Con gratitud a Dios elevamos nuestras oraciones por el privilegio de poder compartir con ustedes nuestras esperanzas y nuestros clamores. En nombre de las victimas y de sus familiares, en nombre de nuestro pueblo pedimos vuestra solidaridad para que se haga justicia.”

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