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Lunes 12 de Noviembre, 2007

Diversas voces se alzan para no callar el crimen del docente neuquino

Claudia Florentín, BUENOS AIRES, Argentina, Abril 13, 2007

El miércoles por la tarde, las dos cámaras legislativas del Congreso Nacional repudiaron  por unanimidad Taxi Heathrow Airport el asesinato del maestro Carlos Fuentealba, en la provincia de Neuquén, hace una semana. Exhortaron a las distintas jurisdicciones a resolver pacíficamente los conflictos sociales y manifestaron su preocupación porque estos hechos "atentan contra los fundamentos del sistema republicano y democrático".  La voz de los políticos se oye a destiempo y sin fuerza en un país donde la clase dirigente política, en gran medida, miró hacia otro lado cuando el asesinato de Fuentealba era título de las noticias.

"Desde nuestra localidad primero que nada se pide Justicia por la muerte del compañero Fuentealba, ahora lo salarial para nosotros quedó en un segundo plano", afirma una docente del interior de la provincia, que como tantas, llegó de otras tierras buscando mejores horizontes.

Sandra Rodríguez, la compañera de Carlos Fuentealba que fue el padre de sus dos hijas, dijo en el acto del lunes 9, "Carlos fue un obrero, un empleado, un maestro, recorrió un camino largo para llegar a estudiar y ser maestro. Fue influenciado por mí y mis catorce años de docencia que tenía en aquel momento. Padecimos la pobreza bancándonos juntos para lograr nuestros sueños. Él, con dos títulos, y yo, con cuatro, como docentes todavía seguimos peleando el mango. Esto sólo lo pueden entender los trabajadores como nosotros, peleándolo de una sola forma, militando en la vida, en la calle. No hay forma de referirme a él mucho más que con esta palabra que aunque no me gusta es la verdad. Fusilaron a mí Carlos y con él a toda mi familia".Con estas palabras resumió la lucha de miles de trabajadores argentinos y latinoamericanos que pelean día a día por una vida digna.

El obispo emérito metodista Aldo Etchegoyen, co presidente de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (APDH), se refirió a la grave situación en la provincia sureña luego de la represión y la muerte del docente con un sentido discurso que transcribimos: "La cristiandad recuerda en estos días el asesinato por pena de muerte en la cruz  de un maestro de 33 años.  Han pasado siglos y un maestro joven de 40 años ha sido asesinado en Neuquén.  Joven maestro comprometido con la dignidad humana en la vida de sus alumnos en el límite de aquella ciudad, más allá algunos ranchos muy pobres y la montaña.  Allí ayudó a poner los ladrillos de la escuela, allí comenzó a poner las bases de la enseñanza en vidas jóvenes. Allí hoy las lágrimas y el dolor del vacío alimentan un inesperado duelo de Semana Santa.

Siglos atrás la barbarie hecha imperio, luego de una parodia de juicio, llevó a la muerte al joven maestro Jesús de Nazareth de Galilea.  Hoy la barbarie del gatillo fácil impone la muerte a Carlos Alberto sin juicio alguno. ¿Su delito? luchar por una vida verdaderamente digna y plena, con derechos iguales para toda persona comenzando por la educación.  Aquel maestro de Nazareth caminó el mismo camino, en la misma dirección, sus enseñanzas siguen hablando de vida plena con todo lo bueno que la dignifique como  trabajo, educación, en resumen pan en toda mesa y pan en el espíritu.  ¿Qué pasó?... ¿qué sigue pasando? Sucede que el poder se molesta cuando el pueblo reclama dignidad y vida.  El conflicto entonces es con quienes ejercen el poder político y económico. Vale entonces la pregunta ¿para qué ejercen el poder sino es precisamente para servicio de la vida plena?  Cuando esto no está claro viene entonces la orden de desalojar la ruta mediante la represión; el resultado es que la ruta despejada para que pasen los autos de los turistas vale más que la vida de un joven maestro.

Pilato siglos atrás se lavó las manos como diciendo “yo no fui”; el gobernador hoy en Neuquén se lava también las manos, reconoce que dio la orden pero niega su responsabilidad por la muerte de Carlos Alberto y luego?,  escapa de la casa de gobierno como un delincuente. 

El compromiso es más fuerte que la represión, las lágrimas más fuertes que las balas, la dignidad humana más que el poder, la vida más fuerte que la muerte. El desafío es caminar ese sendero."

También la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) expresó su sentir, afirmando que creen que la creación de espacios para el diálogo pacífico y civilizado, es el único camino para superar los conflictos y avanzar juntos hacia la construcción de una patria que nos confraternice en la paz, el amor al prójimo y la justicia. Asimismo se ofrecen a colaborar en la resolución de este y otros conflictos. "Lo hacemos movidos por nuestra actitud de servicio a la comunidad en todas las áreas, principalmente en la pastoral", enfatizan.

La sangre de los inocentes sigue llegando a los oídos de Dios, y no podemos quedarnos en silencio.