Pandilleros incendian más de cien casas marginales
Julio A. Carles, CIUDAD DE PANAMÁ, Panamá, Marzo 23, 2007
Una balacera entre pandilleros pertenecientes a las bandas "Los Niños Sicarios" y los "Niños de Taxi Heathrow Airport la Tumba Fría" generó un fuego sin precedentes en el área, el cual dejó un saldo de tres personas muertas.
De acuerdo con versiones de testigos, el tiroteo estaba en su apogeo, cuando uno de estos malvivientes incendió una vivienda a propósito, desatando así una gran tragedia.
Existen dos versiones. La primera señala que rociaron gasolina; y la otra, que lanzaron un cóctel "molotov".
El fuego se fue propagando rápidamente, la brisa alimentó el siniestro entre las estrechas veredas del lugar conocido como La Caseta, donde las casas hacinadas, de madera, zinc y bloques, se convertían en presas de las llamas.
Más de 725 personas pudieron salvar sus vidas. No así los niños Kyara Bethancourt, de 14 años; su hermanito Félix Asprilla, de 4 años y la pequeña Lauryn Núñez Asprilla de ocho años, quienes dormían al momento del desastre.
A Kyara y a Félix los vecinos intentaron sacarlos, pero fue en vano, ya no se podía hacer nada, su vivienda estaba muy cerca de donde se inició el fuego.
Los bomberos intentaron llegar al lugar del siniestro inmediatamente, pero no pudieron, pues los pandilleros, a pesar de lo ocurrido, no se lo permitieron, confirmó el comandante del Cuerpo de Bomberos, Mario Ramírez.
En Curundú, un submundo donde impera la violencia, las pandillas ayudaron a que el fuego tomara más fuerza.
Habían pasado entre 10 a 12 minutos, la Policía Nacional reforzó el área frente al llamado urgente, y los bomberos por fin penetraron para contener el fuego, que les tomó tres horas controlar.
Al amanecer, ya la Policía tenía detenidos a dos sospechosos. José Luis Rosas Aguilar, de 20 años, y un menor de 15 años con un prontuario delictivo de más de 10 arrestos, entre el 2006 y el 2007. El director de la Policía, Rolando Mirones, lo dijo: " hubo mano criminal".
Aurelio Moreno, párroco de Curundú y San Miguel puso el dedo en la llaga. Se acercó al presidente de la República, Martín Torrijos, a su llegada al lugar del siniestro y le dijo claramente que el problema de las pandillas es incontrolable en el sector.
Posteriormente hizo una revelación grave "no puede ser que le decomisan el arma a un muchacho y el mismo guardia se la vende al de la banda rival más adelante", confió el sacerdote.
El cura aseguró que las bandas en Curundú están mejor armadas que la Policía Nacional, pero respetan mucho a la Iglesia.
Ante esta denuncia, el mayor Carlos de Icaza de la Policía Nacional instó al sacerdote a que presente las pruebas de lo dicho, pues la Policía está anuente a cooperar.

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