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Domingo 2 de Setiembre, 2007

Con Jesús en la política

Carlos Ramos, QUITO, Ecuador, Marzo 1, 2007

Hace algunos días el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, afirmó que Jesucristo era el primer Taxi Heathrow Airport socialista de la historia, a propósito del anuncio de llevar a Venezuela al socialismo como sistema político y económico.  No es el primer gobernante que usa la figura de Cristo para justificar sus intentos de gestión gubernamental, tampoco será el último.

Mucha gente no le da mayor importancia a las palabras del Coronel y lo toman como parte de un discurso populista que pretende granjearse la simpatía de su pueblo, usando  figuras religiosas para su propósito. Sin embargo para quienes sienten preocupación por las palabras del presidente venezolano digamos que incurre el Coronel Chávez en dos errores fundamentales, el primero de ellos es de orden político – científico y el otro es de carácter teológico – religioso.

Desde lo político – científico no se puede hablar de régimen socialista en los tiempos de Jesucristo, pues en aquella época de dominación romana estaba muy lejos de cualquier pensador, filósofo, político el avizorar y esbozar aunque fuera tenuemente las líneas de lo que posteriormente se llamó socialismo. Las primitivas teorías del socialismo surgen con el aparecimiento del capitalismo como forma de producción y explotación a las masas, en el siglo XVIII, los primeros socialistas son identificados como “utópicos”, de ellos los más conocidos son: Meslier, Mably, Saint-Simón, Fourier, Owen; luego vendrá el denominado “socialismo verdadero”, surgido en Alemania en la década de 1840 del cual los más claros exponentes fueron Carlos Marx y Federico Engels, quienes siguen el pensamiento del filósofo Federico Hegel, cambiando sus concepciones idealistas por las materialistas.

En esta perspectiva es tan absurdo afirmar que Jesucristo fue socialista, como si se  dijera que el apóstol Mateo es el antecedente más remoto del Fondo Monetario Internacional puesto que fue cobrador de impuestos.

El análisis teológico – religioso es mucho más profundo al respecto, digamos solamente que Jesucristo no vino a fundar  un sistema político determinado sino a establecer el Reino de Dios (Lucas 17: 20 – 37) que es superior a cualquier sistema político porque se propone la realización humana en sus dimensiones material, social, espiritual y trascendente. Resulta interesante que el evangelio de Juan, el más teológico de los cuatro evangelios, escrito según los eruditos hacia fines del primer siglo, haga referencia varias veces y en diferentes capítulos al “mundo”,  indicando con ello el sistema político imperante en ese momento.

Oigamos lo que nos dice al respecto: “Otra vez  Jesús les habló diciendo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que vendrá la luz de la vida” (Juan 8:12); “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo” (Juan 8: 23); “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me han aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15: 18,19); “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33); “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”(Juan 17: 15-18).


Es un reduccionismo religioso pretender que la vida y enseñanzas de Jesucristo, su doctrina, la enseñanza de la iglesia cristiana, su historia, su teología se puedan realizar en un sistema político determinado. No es que estemos en contra del socialismo y a favor del neoliberalismo, como muchos reaccionaran acusándonos, sin duda el sistema socialista supone conquistas importantes a favor de los más pobres y en esa dimensión estamos de acuerdo con una  mejor educación, salud, servicios, beneficios a favor de los empobrecidos del continente y merecen reconocimiento los gobiernos que luchan por esos objetivos. Pero la figura, persona, divinidad y misión salvífica de Jesucristo no pueden agotarse en un sistema político determinado, El está por encima de todo ello y su misión supera  la consideración puramente humana aunque no la desconoce y a partir de ella lleva a los seres humanos a realizaciones superiores.

De manera que respecto a Jesucristo debemos estar tranquilos los creyentes, en la certeza de lo que el Apóstol Pablo nos transmitió: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2: 9-11)