![Emotivo homenaje recibió el teólogo Sergio Arce [Foto: José A. Paz]](/picture/Arce.jpg)
El bloqueo es esencialmente un fenómeno político-económico
Arce Martinez, Sergio, LA HABANA, Cuba, Febrero 28, 2007
“Se trata de incrementar por todos los medios las difíciles condiciones que ya nos impone Taxi Heathrow Airport
el criminal bloqueo norteamericano”
CC del PCC
Gobierno Revolucionario de Cuba
El bloqueo es esencialmente un fenómeno político-económico y nuestro discurso teológico siempre ha estado íntimamente relacionado con dichos fenómenos. La teología, como nosotros la entendemos, debe ser político-económica si ha de ser fiel al Evangelio de Jesús, quien declaró: “No podéis servir a dos señores”. Esta es una cuestión política planteada en términos teológicos, como es evidente al usar el término servir. Por otro lado, añadió: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Esta es una cuestión teológica en términos económicos al hablar del servicio al dinero. No hay, por lo tanto, duda alguna que las tres cuestiones: lo teológico, lo político y lo económico estaban entrelazados de manera indisoluble de acuerdo a Jesús. Se debe también recordar, que en cierto momento de la narración evangélica, se nos presenta a Jesús invitando a los que le escuchaban a que “tomaran su cruz cada día y le siguieran”. Usar el término cruz no podemos calificarlo de inocente, puesto que en las condiciones socio- económicas que significaba vivir bajo el yugo del Imperio de turno, el Romano, tenía un significado político de carácter antiimperialista bien definido.
Por otro lado, hemos de tener presente el incidente narrado en los Evangelios en el cual se nos presenta a Jesús instando a un joven rico que había cumplido toda la ley mosaica a que repartiese su fortuna entre los pobres. El joven desestimó la petición de Jesús. De este incidente se colige que el verdadero Anti-Dios de la Teología que se inserta en el Evangelio de Jesús, no es otro sino Mammón, el Dinero y no el ateísmo, y, mucho menos, el Comunismo, práctica socio-económica que caracterizó al Grupo de sus seguidores organizado y lidereado por Jesús, así como a la Comunidad eclesial por ellos establecida a partir de su muerte, resurrección y ascensión. Esto se interrelaciona íntimamente con lo dicho en el párrafo anterior en que esbozábamos el carácter imperialista de Jesús, por cuanto una de las características de todo Sistema Imperialista es su política dirigida a la adquisición de una mayor cantidad de riquezas a las logradas, fenómeno histórico propio de su voracidad de poder político-económico-financiero.
Metodológicamente vamos a dividir inicialmente nuestro análisis en tres secciones los cuales de hecho son inseparables, pues constituyen un todo indisoluble. Se trata de las afirmaciones propias del Credo cristiano: Creo en Dios Padre, Creo en Jesucristo, el Hijo de Dios y Creo en el Espíritu Santo.
Comencemos con la primera de ellas: “Creo en Dios Padre”. Cuando analizamos el hecho histórico del bloqueo de Cuba por los Estados Unidos de Norteamérica, hoy recrudecido, por lo cual se hace más relevante cualquier análisis al respecto se nos hace más evidente que antes la negación factual de lo que los cristianos y las cristianas decimos creer, de acuerdo a nuestro sistema doctrinal en lo que se refiere a su afirmación básica, la Paternidad -que incluye naturalmente lo “maternal”-, de Dios. Es obvio que la creencia en un Dios Padre lleva implícita la fraternidad humana. Sin embargo, no hay nada más anti-fraternal que el bloqueo hoy recrudecido, concebido desde siempre como un medio cuya finalidad era y sigue siendo forzarnos como nación a renunciar a nuestra manera socialista de organizar nuestra sociedad a través del hambre, las enfermedades y la muerte, fenómenos consecuencias de la escasez de alimentos y medicamentos. Este hecho obviamente niega rotundamente la fe en un Dios que es Padre de todos los seres humanos, fe que pretenden profesar los que nos imponen, por más de cuatro décadas, este bloqueo ahora con su recrudecimiento. Estos hechos no sólo contradicen una abstracción teológica sobre quién es Dios a quien se invoca llamándolo “Padre Nuestro”, sino que con ello se niega lo que constituye lo esencial, el meollo de la fe en El/Ella.
En términos de nuestra Teología en Revolución, decir que creemos en Dios no es creer en cualquier dios, sino más bien es luchar por confiar, es decir, tener la Voluntad de Creer, como le llamó William James, en el Dios que se nos revela en las Escrituras, el Dios de los empobrecidos y débiles, los oprimidos y “perseguidos por causa de su amor a la Justicia”
La segunda sección se refiere a la segunda gran afirmación del Credo cristiano: “Creo en Jesucristo, el Hijo de Dios”. Esta divinidad de Jesucristo que se expresa a través del término “Hijo” le convierte en nuestro Hermano Mayor, quien no es sólo Dios para nosotros, sino también deviene en copartícipe de nuestra peculiar manera de ser humanos, creados por Dios y para Dios.
Al adentrarnos en el análisis del bloqueo de Cuba y su reciente recrudecimiento en esta segunda sección, nos topamos con la negación factual de la fe cristiana al considerar sus doctrinas cristológicas y antropológicas, puesto que no hay nada más anti- humano y, por tanto, anti-cristiano que bloquear a un pueblo, ya que el propósito de un bloqueo como el de Estados Unidos contra Cuba no es otro que el causar la muerte para aquellos que como nosotros, el pueblo cubano, rehusamos renunciar a nuestra soberanía como nación y a nuestra dignidad como personas, logros alcanzados por el Sistema social de que gozamos a partir del triunfo revolucionario y bajo la máxima dirección de nuestro Comandante Jefe, Fidel Castro.
El acto de bloquear a Cuba niega la fe en Dios el Hijo, Hermano común de todo el género humano. Lo que se juega no es nada que tenga que ver con ninguna abstracción teológica, como alguno pudiese pensar. Lo que está en juego es el mismo corazón de la fe cristiana, Creer en Jesús como el Cristo o Mesías, no es creer en cualquier Cristo o Mesías, sino luchar por tener fe, lo que William James llamaba la Voluntad de creer, en el Jesús-Mesías de los Evangelios, es decir, el de los empobrecidos, de los débiles, de “los perseguidos por causa de su amor a la Justicia”, sinónimo de la liberación de todo el género humano. Ese Jesús-Cristo nos da la medida de nuestra propia humanidad como “creados a la imagen y semejanza de Dios”, y, por lo tanto, como colaboradores de la implementación dentro de la Historia del propósito creativo, liberador e integrador de Dios.
La tercera sección se refiere a la tercera gran afirmación del Credo cristiano: “Creo en el Espíritu Santo”. Lo que caracteriza a este Espíritu no es sólo el hecho de que Dios habita en cada uno de los que viven y actúan dirigidos e inspirados por su Espíritu, sino que con ello, nos convierte en su verdadero templo, “Dios no habita en templos hechos por manos humanas”, Dios cohabita en el pueblo que vive en consonancia con su ser que es Amor, Justicia, Paz, lo cual le convierte en “Cuerpo de Cristo Resucitado”.
Cuando analizamos el bloqueo de Cuba impuesto por los gobiernos de Estados Unidos y la manera anti-humana, terrorista que caracteriza el Gobierno actual nos damos cuenta de que estamos en presencia de una negación factual de la fe cristiana en términos de su doctrina neumatológica y eclesiológica, ya que no hay nada más anti-solidario que este bloqueo, sobre todo, en su actual empeño recrudecedor. Su propósito es romper todos los lazos materiales y espirituales que nos unen como pueblos, romper todos los lazos familiares que unen a los cubanos que viven en aquella extraña tierra y los que convivimos en nuestra amada Isla, en aislar a Cuba del resto del subcontinente americano, y, de ser posible, del resto del mundo. Esto niega de manera rotunda cualquier fe en Dios como Espíritu Santo, ya que el Espíritu Santo es el Dador de la Vida, que siempre es vida comunitaria, y el Creador de toda Solidaridad entre los seres humanos y de estos con el resto de lo creado.
Luego, lo que está en juego con esta política bushiniana contra nosotros es su pretendida fe en el Espíritu Santo, fe que dicen los dirigentes de esa nación que es parte de su fe en Dios. Tener fe en el Espíritu Santo no es creer en cualquier espíritu, ni en cualquier santidad, sino luchar por vivir, tener la Voluntad de creer a lo William James, en consonancia con el Espíritu que fertiliza con su presencia la Solidaridad entre los seres humanos y de estos con el resto de lo creado, que crea comunidades de empobrecidos, de débiles, de “perseguidos por su amor a la Justicia” Este es un Espíritu que poseyéndonos nos da el valor y la dignidad necesarias para llamar a la oscuridad, noche y a la luz, día; al bien, Bien y al mal, Mal,
La intención de todo lo que hemos expresado se concreta en denunciar el carácter anti-cristiano del bloqueo y de manera específica, del actual recrudecimiento del mismo dentro de la política global bushiniana en contra de nuestro pueblo. Si analizamos teológicamente los planes agresivos de la actual administración contra nuestra nación basándonos en los Evangelios, podemos afirmar la naturaleza anti-evangélica de esta política.
El Dios de quien la Biblia nos habla no es solamente un Dios que ha hecho una opción incambiable a favor de la liberación del “débil”, esto es, del empobrecido y de todas las víctimas de las injustas estructuras imperiales, sino que también “hace nuevas todas las cosas”.
Todo proceso creativo y liberador posee un carácter integrador en el cual nada se desperdicia y se echa a un lado de manera total como si nada en ello fuese servible y útil. El Dios bíblico se nos presenta como un Dios austero que no bota despreocupadamente materia prima alguna. Aun cuando la historia humana está llena de grandes contradicciones siempre nos presenta cómo estas contradicciones se integran en el proceso liberador que es su característica esencial, reconstruir a cada paso la naturaleza, la historia y la conciencia humana.
El surgimiento de lo nuevo será siempre el producto de una labor comunitaria en que todos estamos jugando, consciente o inconscientemente el papel de compañeros los unos de los otros y todos de Dios.

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