Volver al inicio

Lunes 3 de Setiembre, 2007 Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación

La religión como institución se encuentra en declive

Leopoldo Cervantes-Ortiz, CIUDAD DE MÉXICO, México, Enero 18, 2007

En el marco de la presentación del libro Ateologías (coeditado por la revista Fractal y Taxi Heathrow Airport el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), el pasado 11 de enero, el ensayista y cronista Carlos Monsiváis, reciente ganador del Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (antes Juan Rulfo) afirmó que el concepto de divinidad es una idea mutante que se ha ajustado con la historia.

La nota de La Jornada (14 de enero) agrega que Monsiváis señaló también que en la modernidad tardía la religión no se ha desvanecido, pero su naturaleza se ha modificado. Además, puntualizó que la religión “no puede ya definirse únicamente en términos de atributos históricos, estructurales o doctrinarios. La religión como institución vive un declive, o por lo menos padece tensiones muy considerables”. Dijo también que la religión es “algo generado en la experiencia, la práctica y las aspiraciones de vidas vividas”.
Monsiváis, de pasado protestante, es uno de los 14 autores del libro, coordinado por Benjamín Mayer, cuyo punto de partida es el concepto de la muerte de Dios es el punto de partida del libro. Otros participantes son el propio Mayer (director del Instituto de Estudios Críticos), Judit Bokser (profesora de la UNAM), Fernando González (autor de un volumen sobre Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo), Ilán Semo, Ugo Pipitone, Sandra Lorenzano, Bolívar Echeverría y Néstor Braunstein, entre otros. Según la nota de Arturo Jiménez, “se trata de una reflexión colectiva que parte de la oposición entre la creencia y la no creencia en Dios, el teísmo y el ateísmo, la teología y la razón, y que además revisa la validez de esta última, surgida en la Ilustración”.

Sobre “la muerte de Dios”, Monsiváis apuntó que dicha frase suele ridiculizarse sin tomar en cuenta que, como todo concepto o hecho, Dios es una idea mutante: “El dios monoteísta de los hebreos es distinto al dios del amor que Pablo transforma en institución, y es por entero diferente al dios que preside la persecución de los disidentes religiosos, y al dios cuya mención vigorosa bendice la explosión demográfica del dogma, y al dios de los distintos ejércitos, y al dios de George Bush y Osama Bin Laden, y al dios en cuyo nombre Benedicto XVI exige a los obispos africanos que combatan las amenazas de su continente: el adulterio, el aborto, la homosexualidad (supongo que no debe haber otros problemas en África)”.

Se refirió al hecho de que Joseph Ratzinger insiste en la prohibición del condón y no dejó de mostrar su indignación por las declaraciones de José Ángel Córdova, flamante Secretario de Salud, quien expresó que “ha sido mal encauzado el tema del sida desde el punto de vista de las políticas de salud, porque se ha beneficiado a una tendencia que es nociva, como la homosexualidad”. Fustigó estas opiniones al considerar “poco excesivo que un secretario de Salud se erija en cardenal alterno y nos dé la posibilidad de saber hasta qué punto su ignorancia no es casual sino orgánica”. Planteó que es inadmisible que “la idea de religiosidad, de la aplicación de la norma a todos aquellos que no tienen por qué compartirla, se convierta en política de Estado”.

Al retomar el asunto de la muerte de Dios, advirtió que ésta no implica la muerte de la fe y aclaró que su diferencia no es con los creyentes. Basándose en diversos ensayos de Ateologías, cuestionó que los atributos de Dios se trasladen, en los mundos teocráticos, a sus representantes, quienes identifican la crítica a la Iglesia con la "traición a la patria". Tras admitir que no se referiría a los ensayos del libro relativos al psicoanálisis, reivindicó la defensa urgente del laicismo y leyó unas “notas pararreligiosas” en las que, por ejemplo, escribe que “en el cristianismo de hoy es muy vigoroso el componente mediático, que en buena medida normó recientemente la respuesta sentimental y devocional a la muerte del Papa”.

El escritor dijo que la “ateología” es producto de la realidad, pero que ahora la llamada “teología”, en la mayoría de los casos, se ha vuelto una actividad académica que “no sirve ni para la edificación ni para el esclarecimiento de los santos”, además de que existe una notoria “escasez de público”. Monsiváis calificó de “autobiográfica” la última parte de su intervención y explicó: “Soy profunda y obstinadamente laico, y nunca, por lo menos de manera consciente, determiné mi conducta por el sistema de recompensas ultraterrenas (cómo se nota que nunca he estado en el lecho de muerte)”. Finalmente dijo que, “sin la Biblia, mi vida se despoblaría de un número impresionante de referentes. Y aquí termino para que no me escuchen decir: confiésome padre”.