Abordan problema del racismo
GINEBRA, Suiza, Agosto 28, 2002
Convencidos de que "el racismo en sus más perniciosas formas persiste en las sociedades contemporáneas y todavía afecta dramáticamente a las iglesias", el Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) dedicó una sesión plenaria a debatir el tema.El Comité, reunido aquí del 26 de agosto al 3 de septiembre, basó su debate en un informe del CMI para Combatir el Racismo, este escandaloso pecado que persiste porque las tendencias sociales, políticas y económicas del mundo están produciendo nuevas expresiones del racismo.
Stan McKay, ex-moderador de la Iglesia Unida de Canadá, se refirió al caso de niños indígenas que eran arrancados de sus hogares para llevarlos a colegios residenciales y eran instruidos en inglés.
La Iglesia Unida de Canadá pensó que recibir el evangelio significa adoptar la cultura europea occidental y así trató de imponerlo a los indígenas canadienses. Así se crearon escuelas internados, que además del impacto cultural, se prestaron a diversos abusos físicos, emocionales e incluso sexuales.
Esta visión cambió en los años 70 del siglo pasado y actualmente se asiste a un proceso de reconciliación entre la iglesia y los pueblos indígenas, que tiene tres etapas: decir la verdad, expresar pesar y arrepentimiento y buscar la dirección del Espíritu Santo.
Naboth Muchopa, de Zimbabwe y actual secretario conexional para Justicia Racial en la Iglesia Metodista de Gran Bretaña, se refirió a la discriminación racial de la que son víctimas los negros en diferentes partes del mundo.
En todo el mundo se condena el racismo como pecado, pero evidentemente subsiste el problema de humillación,afirmó. Abierta o solapadamente, mencionó, en Europa se niega el acceso a los pobres migrantes al trabajo y una vida digna.
El documento de estudio lamenta que el compromiso de las iglesias contra el racismo parece haberse limitado a la lucha contra el apartheid en Sudáfrica pero no lo encara en sus propias vidas y sociedades y sobre otras formas de discriminación que afectan, especialmente, a los pueblos indígenas.
El informe llama a las iglesias a luchar por una justicia transformadora, en lugar de una simple justicia restauradora, porque siglos de racismo, discriminación y sexismo no pueden ser borrados y restaurados, sino que necesitan ser transformados por la renovación de las mentes.
Otro caso se refiere a las relaciones entre la Iglesia Luterana de Noruega y los gitanos de ese país. En Noruega hay unos 20.000 gitanos (roma) establecidos allí desde hace 500 años. Hasta fines del siglo XX se siguió una política de asimilación, por la que los niños gitanos eran apartados de sus padres y llevados a escuelas, muchas de las cuales eran administradas por la iglesia. Incluso se acusó a la Misión Noruega para los Sin Techo como responsable de la esterilización de mujeres roma.
En 1998, el Sínodo General de la Iglesia de Noruega declaró "tenemos un pecado y una vergüenza que no podemos seguir soportando. Por tanto, pedimos en nombre de nuestra iglesia: Perdonen nuestro pecado". Se ha iniciado así un periodo de restauración y reconciliación que está avanzando.
En Estados Unidos, la Iglesia Metodista Unida no sólo ha pedido perdón a los pueblos indígenas a los que se trató como si cristianización equivaliese a "occidentalización", sino también por el racismo que condujo a la creación de congregaciones negras.
Aunque poco ha cambiado en Estados Unidos respecto a las instituciones sociales, económicas y políticas relacionadas al racismo, dice el informe, la experiencia de la Iglesia Metodista Unida puede ser importante para otras iglesias que afrontan desafíos similares.
Finalmente, el documento recomienda que el mito de la superioridad blanca debe ser desterrado, que las iglesias deben entender que aunque no estén personalmente involucradas en los errores del pasado siguen ligadas al legado y culpas de sus sociedades y advierte que hay que estar alerta ante la nueva ola de evangelización entre los pueblos indígenas.

Portada
Inicio