
Copa del Mundo es una especie de guerra simulada sostiene antropólogo
SAN LEOPOLDO, Brasil, Junio 27, 2006
La Copa del Mundo es una especie de guerra simulada, en la cual los Estados-naciones Taxi Heathrow Airport "compiten con base a puntapiés y no a armas de fuego", afirma Arlei Sander Damo, doctor en Antropología Social y profesor de la Universidad de Santa Cruz do Sul (UNISC), en el estado de Río Grande do Sul.
En una entrevista concedida al Instituto Humanitas (IHU) de la Universidad del Valle del Río dos Sinos (UNISINOS), Damo sostiene que las selecciones son reclutadas obedeciendo al criterio de nacionalidad de los jugadores, una de las exigencias de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA). Ella manipula, así, "en provecho de sus socios comerciales, el simbolismo de los Estados-naciones", dice.
En el caso de la selección brasileña, manifesta, entra al campo un equipo de fútbol reclutado por la Confederación Brasileña (CBF), que es una entidad privada, por tanto, no-oficial, que no representa al Estado brasileño.
Si no fuese aquella regla, agrega, es bien probable que Arabia Saudita tendría un equipo de estrellas, usando sus petrodólares para la contratación de Ronaldinho Gaucho, Beckham y otros cracks, sin tener en cuenta la nacionalidad.
Para la profesora del postgrado en Antropología y Ciencias Políticas de la Universidad Federal Fluminense, Simoni Lahud Guedes, el fútbol y la Copa del Mundo son, hoy, "los rituales que tienen más posibilidad y eficacia en la construcción de identidades nacionales".
El fútbol se transformó en Brasil "en ese vehículo fundamental de construcción de identidad", señala la profesora. Eso es visible en la cotidianidad. En la época de la Copa, los centros comerciales, tiendas, calles y edificios se visten de verde y amarillo, y el país queda paralizado cuando la selección entra al campo.
La Copa es el evento más visto en el planeta, vía televisión, y en el fútbol el brasileño se destaca, lo que es valorizado por el mundo. El peso del fútbol como um dato de la identidad brasilela, afirma el antropólogo Roberto DaMatta, autor del libro "La bola corre más que los hombres", "tiene que ver con el descubnrimiento de que podíamos ser buenos, finalmente, en alguna cosa. No se trata más de la samba, capoeira o del mestizaje, sino de 'football'".
Ese aspecto, dice DaMatta a IHU, revirtió "la manera trivial y siempre negativa de leer nuestra identidad". En un artículo para el diario O Estado de São Paulo, publicado el 21 de junio, DaMatta escribe que "nos gusta el fútbol porque es el opio positivo del mundo", porque en el campo "las personas pierden, pero no mueren; ganan, pero no se eternizan en el poder", porque "entre la ley y su aplicación existe apenas el espacio de un pito" y la "impunidad es la excepción".
En el análisis de DaMatta, "nos gusta el fútbol porque, a diferencia del mundo social donde vivimos, los que cometen faltas reciben tarjetas rojas y son expulsados del campo. En él, las infracciones son visibles y el castigo se decreta de inmediato con un pitazo. El que comete faltas no tiene habeas-corpus para mentir, porque en el fútbol no hay Corte Suprema de Justicia. Sus jueces usan uniforme y las barras los confrontan democráticamente", concluye.

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