Anunciar el Evangelio es la razón de ser de la Iglesia, dice Gustavo Gutiérrez
Harold Segura C., SAN JOSÉ, Costa Rica, Agosto 27, 2002
¿Cómo decirle al maltratado, al oprimido y marginado que Dios lo ama? Esa fue la Taxi Heathrow Airport pregunta esencial que se planteó la Teología de la Liberación (TL) en sus primeras décadas y que, años después, sigue vigente, afirmó el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, considerado "padre de la Teología de la Liberación.
De lo que se trata es de que la Iglesia anuncie el amor de Dios. Ese es su mensaje central. Todo lo demás son variaciones de esa verdad fundamental del evangelio, agregó Gutiérrez ante unas 60 personas, entre profesores, estudiantes e invitados de la Universidad Bíblica Latinoamericana, en su sede de la capital costarricense.
En las propuestas originales de la TL, señaló, hay asuntos centrales que mantienen su vigor. En primer lugar, la situación del continente planteó una nueva presencia o irrupción de los pobres. Esta es una presencia conflictiva que presenta un enorme desafío a la tarea misionera de la Iglesia. Había que encontrar una manera pertinente de hablar acerca del amor de Dios, y nuestra teología se comprometió con esa búsqueda, dijo.
En segundo lugar, anotó, la TL se preguntó por el significado de los pobres y por la perspectiva desde donde debía hablarse de ellos. Esta segunda cuestión hacía referencia, en concreto, a las personas pobres, y no solamente a la pobreza como una abstracción sociológica.
Era necesario definir el punto de vista o “mirador”, desde el cual la Iglesia debía leer la realidad de los pobres. Nuestro mirador, dijo, era y sigue siendo la evangelización; desde ella se concibe nuestro compromiso con “los desheredados de este mundo”.
El tercer asunto clave en el origen de la TL y que mantiene plena vigencia es la pregunta ¿Qué es hacer teología?, puntualizó Gutiérrez. La teología, reiteró, “es una reflexión sobre la práctica de la vida cristiana, en la que se unen la práctica contemplativa y el compromiso histórico; es decir, el amor a Dios y el amor al prójimo”. En este sentido, agregó, es “acto segundo” cuyo punto de partida es la vida del cristiano en la historia.
La exposición fue seguida por un diálogo abierto con los presentes en los que abordó diferentes temas. Dijo: que “el 80 por ciento de mi tiempo se consume en el trabajo pastoral y sólo el 20 por ciento en la reflexión teológica formal o académica”.
Anotó que : “tan sólo ahora, a mis 74 años, y cuando se supone que he llegado a la edad en la que uno debe jubilarse, he sido nombrado, por primera vez y de manera oficial, profesor de teología”.
“Me importa un comino que al compromiso cristiano con todos los seres humanos, comenzando con los más despreciados, se le llame o no Teología de la Liberación. Que lo llamen cómo les parezca mejor”, aseveró.
Al fin y al cabo, acotó, lo más importante de la TL, que son los pobres y marginados, no le pertenece a ella sino al mensaje del evangelio de Jesucristo; y éste, sin duda, será para mí siempre lo más importante.
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