Volver al inicio

Jueves 7 de Junio, 2007

María Newnum, es pedagoga, master en teología práctica, vice-presidenta del Movimiento Ecuménico de Maringá y asesora en el Consejo Municipal de la Mujer en Maringá.
María Newnum, es pedagoga, master en teología práctica, vice-presidenta del Movimiento Ecuménico de Maringá y asesora en el Consejo Municipal de la Mujer en Maringá.

Castigo a desnudez de la mujer

, MARINGÁ, Brasil, Mayo 8, 2006

En Maringá (Brasil) una periodista fue despedida del diario donde trabajaba tras la exhibición no Taxi Heathrow Airport autoriza de fotos suyas en Internet en posiciones sexuales. El ex enamorado, autor de la hazaña delincuencial, continuó trabajando sin problemas en una empresa de prestigio en la ciudad, como si nada hubiese ocurrido.

De hecho, su vida continuó y ni las mujeres, responsables de mantener en el cargo al sujeto, tomaron alguna iniciativa para lograr su despido. Lo que muestra la connivencia y la falta de comprensión del poder femenino aún en las situaciones en que ellas pueden efectivamente decidir, o una evidente conciencia viril de que la mujer “vagabunda” tuvo lo que mereció.

En Marília una estudiante de Derecho fue víctima del mismo delito y tuvo que ser escoltada por la policía para lograr salir de la Facultad, pues una multitud la insultaba, le tiraba objetos e intentaba lincharla.

También en este caso, las mujeres permanecieron patéticamente como simples espectadoras.  Un joven tomó la iniciativa de llamar a la policía para socorrer a la muchacha.

Nuevamente al autor del delito, un colega de la misma facultad, no le sucedió nada. Nadie intentó lincharlo, quedó debidamente protegido por su condición de macho. La joven, no. Era mujer y consecuentemente una “cualquiera” que precisaba ser corregida o por lo menos sufrir un escarmiento. De tan asustada, dejó de asistir a las clases y aunque haya argumentado que las fotos fueron montadas, sufrió el castigo.

Estos no son los únicos casos ocurridos en Brasil. La falta de un Código Penal actualizado y la ineficiencia de la Justicia da a los “machos delincuentes” el poder supremo de castigar a las mujeres. La actualización del código en lo que respecta a los delitos en Internet es lenta porque sólo ha afectado a mujeres. Ellas continúan siendo ciudadanas de segunda clase en el país donde las leyes, en su mayoría, son elaboradas por hombres.

Pese al constatado gusto por la pornografía evidenciado en el inmenso mar de revistas y sitios pornos, hay una idea de que las mujeres deben ser castigadas por su desnudez, y cuanto mayor sea el castigo, mejor.  En el fondo de ese túnel macabro hay un panel de luces relucientes que dice: “La desnudez de la mujer sólo es permitida bajo control de los machos”.

Por eso en las revistas y sitios pornográficos es permitida la desnudez de la mujer porque ella está bajo control y para el deleite exclusivo de los machos. Y cuanto más explícita fuera esa desnudez, mejor. Las poses son siempre de sumisión. Arrodilladas para succionar el  pene ”que le baña el rostro con el fluido del poder de los machos, esas mujeres muestran constantemente quién tiene el poder sobre ellas y sobre sus cuerpos.

De ahí el deseo de linchamiento de la mujer de Marília, de ahí la preservación del puesto del sujeto de Maringá, es un aviso contundente del control que los machos tienen sobre el cuerpo de la mujer al punto de exponerlas cuándo y cómo quisieren.

La justicia no hará nada, los hombres no harán nada y ni las mujeres harán alguna cosa, ya que no creen tener el poder, ni sobre sus cuerpos. Estos pertenecen a los machos y sus mentes no están preparadas para romper con ese poder “grandioso”.

La teóloga Ivone Gebara en “Poder y no poder de las mujeres” p. 11, afirma: “Las mujeres fueron y aún son víctimas de una forma autoritaria y excluyente de vivir el poder. Aún les es negado cualquier participación social más amplia, cualquier forma de decisión político-societaria que toque los intereses de la mayoría y parece que este campo de batalla no comenzó a apasionarlas”.

Solamente a partir de esa pasión por el  empoderamiento femenino y por el entendimiento de que el poder no es dádiva exclusiva de los hombres es que la mujer podrá asumir el poder de su propio cuerpo. De lo contrario la desnudez de la mujer continuará siendo usada como la fórmula más cobarde para descalificarla como individuo y como integrante de la sociedad.

La desnudez de ese poder es el peor castigo de las mujeres.

Que nadie se engañe. Al castigar a una mujer, se castigan todas.

-----------------

María Newnum es pedagoga, miembro de la Iglesia Metodista, master en teología práctica, vice-presidenta del Movimiento Ecuménico de Maringá y asesora en el Consejo Municipal de l Mujer de Maringá.

Otros artículos de María en https://www.maringanews.com.br/