
El sueño de Huanta
Alfonso Wieland, LIMA, Perú, Abril 10, 2006
A propósito de la irrupción política de un sector evangélico
En abril del 2002, recuerdo Taxi Heathrow Airport que coincidí con don Humberto Lay en un bus de regreso de Huanta (Ayacucho) luego de la realización de la audiencia publica promovida por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) para escuchar los desgarradores testimonios de las víctimas de la violencia política.
Un tema que conversé con el entonces comisionado de la CVR fue sobre el Movimiento Restauración Nacional, que él estaba organizando. Le manifesté que no creía en los partidos confesionales y él me respondió que estaban tratando de construir un partido plural, no religioso. Además, señaló, él se veía no como un líder político sino como un pastor, apoyando a quienes tuvieran vocación de realizar política partidaria. En ese entonces, afirmó que no postularía a la presidencia de la República.
Cuatro años después, uno de los resultado de las elecciones presidenciales del 9 de abril, es sin duda el bautismo político del Partido Restauración Nacional (RN). Pero ¿cómo es visualizado RN por la opinión publica? Como un partido religioso liderado por un pastor evangélico que ha dado la sorpresa al alcanzar mayor votación que otros partidos chicos con más oficio político.
Algunos comentaristas señalan que el 4% de votación conseguida por Lay representa el voto militante de una minoría religiosa. Es decir, Restauración Nacional es hoy lo que don Humberto Lay no quería que fuese hace algunos años.
Previo a las elecciones pude escuchar testimonios de evangélicos, varios de ellos amigos míos, creyentes firmes de que Dios estaba conduciendo todo para que Lay fuese el nuevo presidente del Perú. Faltando pocas semanas para los comicios, una persona me dijo muy segura que, por una intervención divina, el 15% de indecisos, que registraban las encuestas, se volcaría apoyando a RN.
Luego de que por sorteo en la Oficina de Procesos Electorales, RN ocupara el tercer espacio en la entensa cédula de votación, otro entusiasta amigo escribía un email señalando que eso era manifestación de la intervención divina a favor de RN.
¿Qué pensarán ahora estos buenos amigos? Una respuesta probable que escucharé es que Dios tiene sus tiempos y que el camino se está preparando para que sea un evangélico quien gobierne el país.
Desde que en 1990 los evangélicos estuvieron en boca de la prensa por apoyar al entonces desconocido Alberto Fujimori, se han multiplicado los esfuerzos de ciudadanos evangélicos, la mayoría de ellos erráticos, por contar una presencia en el Congreso o en el Ejecutivo.
¿Es un triunfo para la comunidad evangélica peruana contar con una supuesta “representación” en el Congreso? La respuesta es: depende de qué se quiere lograr.
Hay varias alternativas: Si es para actuar como un gremio que busca canalizar demandas de una minoría religiosa. Si es para defender mas bien intereses personales, de un grupo de personas cuya única bandera e ideología es el poder por el poder.
Si es para apoyar la gobernabilidad del país enfatizando en algunos aspectos como, por ejemplo, la lucha frontal contra la desigualdad y exclusión social. O tal vez, que no está lejos de ocurrir, que simplemente no se sepa lo que se quiere.
Actuar en defensa de intereses religiosos, podría determinar una agenda estrecha para RN. Establecimiento de efemérides ligadas a “lo evangélico” (Día de la Biblia, Día de la Evangelización, etc), exoneraciones de impuestos para los pastores y las iglesias, entre otras gollerías.
Pero lo mas peligroso será aquí que se construya una versión chola de la “moral majority” estadounidense. Es decir, un grupo político conservador especializado en abanderar causas como el anti-aborto, la oposición al matrimonio gay, etc.
Y no estamos discutiendo aquí la importancia de estos temas, pero una fijación de este tipo podría llevar a la iglesia a una innecesaria polarización, a un monocorde discurso que cuela el mosquito pero traga el elefante, que concibe al mundo de una manera maniquea y que no ve la lucha contra las grandes injusticias sociales, como la pobreza, como parte del mandato bíblico.
Si Restauración Nacional fuese sólo un reflejo de intereses individuales egoístas, su suerte estará echada. Desde ahora visitarán a don Humberto Lay representantes de los otros partidos que gobernarán el Perú los próximos cinco años. El 4% es un bocado nada despreciable para quienes están urgidos de encontrar una mayoría en el Congreso y de ganar la segunda vuelta en junio próximo.
¿Cuáles serán los puntos sobre los que se negociará con estos partidos? ¿intereses de la “comunidad evangélica”? ¿principios democráticos y de gobernabilidad? O más bien, ¿ciertos puestos públicos para personas de RN con ansias de lograr una cuota de poder en el futuro gobierno?
Si prima lo ultimo, estamos frente a un movimiento que está destinado a desaparecer. Quizás no ocurra ello mañana, pero sí tarde o temprano, como le ha pasado a tantos movimientos políticos. El más reciente caso, el de Fernando Olivera, del Frente Independiente Moralizador, que no logró pasar la valla electoral, después dee haber co-gobernado el país con Alejandro Toledo..
No sé si peor que lo anterior es que Restauración no tuviese propuesta alguna. No tanto que no tenga un plan (basta visitar su página web). Se trata de que no tenga un norte claro de qué proyecto de país está buscando construir.
Si no lo tiene, deberá construirlo en el camino. Se requiere entonces un manejo profesional para enfrentar una situación política tan compleja como la peruana. ¿Podrá el pastor Lay hacerlo? Para muestra un ejemplo. En la Revista Ideele No. 175, Máximo San Román (candidato a vicepresidente de RN) responde negativamente a las preguntas siguientes: ¿la lectura del Informe final de la CVR es indispensable para elaborar una (nueva) estrategia de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico?; y si en ciertos lugares y momentos del conflicto armado la actuación de miembros de las Fuerzas Armadas involucró prácticas generalizadas y sistemáticas de violaciones de los derechos humanos.
¿Estará de acuerdo don Humberto Lay, ex-comisionado de la CVR con estas aseveraciones de un cercano aliado? ¿Tendrá la capacidad de construir propuestas políticas dentro de un partido que parece ser la suma de intereses individuales?
Humberto Lay ha mencionado que RN es parte de la historia peruana, queriendo significar su relevancia en la escena nacional. Para lograrlo, RN deberá atreverse a construir un partido moderno, que rompa sus fronteras religiosas. Deberá además dejar de practicar el amateurismo político, tan de moda hoy en día, dejando de lado esa irresponsable idea de que ser un “outsider es un mérito.
Deberá finalmente contribuir en la educación política de esos 400 o 500 mil ciudadanos evangélicos esperanzados que lo han apoyado por su imagen de pastor. Esta educación y formación cívica debe apuntar a favorecer la movilización de los evangélicos para lograr los profundos y necesarios cambios sociales que el Perú está urgido para que sea un país viable.
En fin, hacer realidad lo que parecía el sueño de don Humberto en abril del 2002, en Huanta, construir un partido donde quepan hombres y mujeres de buena voluntad, honestos, que puedan aportar al real cambio del país, que tomen en serio la el ejercicio ético de la política.
Quizás esta exigencia ponga en el límite de lo posible a RN. Dejar de ser un partido que “representa” a un sector religioso minoritario, podría ocasionar la pérdida de eso que es su singularidad y su frontera. Dejar de lado a aliados y miembros de su partido cuestionados de cometer actos de corrupción podría provocar un quiebre definitivo de su liderazgo.
En todo caso, la historia nos dirá qué fuerzas prevalecerán al interior de un movimiento que hoy es identificado como “de los evangélicos”.
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Alfonso Wieland. Director de la Asociación Evangélica Paz y Esperanza, de Lima, Perú.

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