
Fundamentos y fundamentalismo
Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil, Marzo 21, 2006
La reciente victoria de Hamas en el Parlamento palestino, derrotando al partido del extinto líder Taxi Heathrow Airport Yasser Arafat, reanuda las discusiones con respecto al terrorismo vinculado al fundamentalismo islámico. Al mismo tiempo, las manifestaciones de musulmanes contra las caricaturas de Mahoma hechas por periodistas noruegos vuelven a colocar en los medios occidentales la relación entre fundamentalismo y falta de libertad de expresión.
Esos hechos políticos dividen las opiniones por colocar una gran cuestión en el momento en que reacciones a la globalización toman diversas formas. Tanto la política internacional cuanto el diálogo inter-religioso se encuentran con la siguiente cuestión: ¿cómo bregar con el fundamentalismo, sea él religioso, político o político-religioso? Hay teóricos que afirman que al mundo occidental secularizado, tenuamente identificado con la tradición judeo-cristiana, le faltan los fundamentos para lidiar con esa realidad amenazadora. Entre esos teóricos destaco a Terry Eagleton, antropólogo cultural de Inglaterra, cuya obra referencial tiene por título Después de la Teoría.
Eagleton afirma que occidente se vio sin fundamento a partir de la caída de las torres gemelas, el 11 de septiembre. En busca de posibles respuestas al fundamentalismo que se asocia al terrorismo, él recapitula los grandes temas de los últimos siglos. Eagleton dice que el mundo moderno, después de haber destituido a Dios como su fundamento, no encontró una alternativa segura.
Según el antropólogo inglés, naturaleza, razón, historia, espíritu, poder, producción y deseo fueron presentados como fundamentos en lugar de Dios. Mas también esos sustitutos de Dios tuvieron vida corta. La era moderna que los vio llegar también los vio partir. ¿Por qué? Porque tales fundamentos fueron creados por el hombre moderno. Así, el Hombre se convirtió en el fundamento del Hombre. Parece que el Hombre sería un candidato de carne y hueso para sustituir al Dios invisible.
Mas para que eso pudiese concretizarse, el sustituto de Dios, el Hombre, precisaría tornarse un dios. Así, el Hombre divinizado como alternativa al Dios destronado por el mundo moderno no se tornó una salida nueva, sino una repetición del problema. No podemos ignorar que el mundo moderno, más allá de la colonización y explotación de otros pueblos, tuvo, en el siglo XX, dos guerras mundiales, conflictos étnicos, nazismo, stalinismo y tantas otras formas de violencia, además de fundamentalismos cristianos.
De esa forma, sin fundamentos nos encontramos delante de fuerzas políticas cuyo fundamento es la divinidad encarnada en el texto. Parece que estamos ante un gran dilema. Si buscamos fuertes identidades con base en un discurso religioso, perdemos la libertad. Si tomamos la libertad como fundamento de nuestra condición, viviremos inseguros. Con todo, parece ser ésta la condición que nos libera de toda y cualquier especie de fundamentalismo: vivir en la inseguridad de la libertad que hace del texto un medio que apunta a lo divino, desdivinizándolo. Por esta razón aún vale la recomendación del apóstol Pablo: la letra mata, mas el Espíritu vivifica. Y a esa palabra podemos agregar que tenemos la Palabra en vasos de barro.
Como el fundamentalismo de cualquier tradición religiosa o política detesta la impureza, igualmente descarta el barro/vaso. Según Eagleton, él quiere un significado sin la escritura. Así, el rechazo del cuerpo/texto que envuelve la Palabra se relaciona a los modos brutales de destrucción de los otros, siempre considerados impuros.
La Palabra/cuerpo, crucificada y revivificada, anuncia que fue para la libertad que Cristo nos liberó (Gálatas 5.1-15). Ser liberado por esa libertad, nos lleva a abandonar la pureza idolátrica y a mezclarnos con la suciedad del mundo.
Esa libertad es nuestro fundamento.
----------------------
Oneide Bobsin. Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil e profesor de Ciencias de las Religiones de la Escuela Superior de Teología de São Leopoldo/RS/Brasil.

Portada
Inicio
Responda a este artículo