Religiosos que viven con VIH/SIDA intentan cambiar actitud de iglesias
Susana Barrera, PORTO ALEGRE, Brasil, Febrero 17, 2006
"Estamos aquí para decirle al Consejo Mundial de Iglesias que debe hacer más por las Taxi Heathrow Airport personas que viven con el virus de inmuno deficiencia humana (VIH/SIDA), y para demandar el cambio de actitud de las iglesias hacia las personas portadoras del virus", dijo el reverendo Jape Halth, secretario general de ANERELA, una red integrada por religiosos y personas que viven y son afectadas por esa pandemia en Sudáfrica.
Jape Halth es un religioso anglicano que vive con el virus desde hace seis años, es divorciado y tiene un hijo. Destacó que en ocasiones ha sido juzgado en forma negativa por ser portador del vih, aunque viene de una comunidad de fe donde se pregona que Dios es el único que puede juzgar.
Describió que cuando conoció su diagnóstico fue invadido por una gran tristeza y pensó que iba a morir muy pronto. "Todo indicaba que iba a morir en seis meses o un año; sin embargo ustedes me ven aquí y todavía no estoy listo para mi ataúd", dijo sonriente el religioso de 42 años.
En la IX Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias, que se realiza en Porto Alegre del 14 al 23 de febrero, se analiza el tema del VIH/SIDA, pero en la mayoria de los talleres y grupos de discusión brillan por su ausencia las personas sero-positivas, ellas son los grandes ausentes de esta cita, observó el sacerdote anglicano.
Según estadísticas de Naciones Unidas, en el mundo viven 42 millones de personas con el virus, siendo Africa el continente más afectado con 26 millones. En América Latina se calculan unos dos millones de personas infectadas con el virus.
"Muchas iglesias han dicho que el pecado no es el vih/sida sino la estigmatización que sufren los portadores del virus, pero esas declaraciones formales no se sienten a nivel personal y por ello exhortamos a las iglesias a redoblar el trabajo de información y educación para una mejor atención pastoral a personas portadoras del virus", agregó.
El secretario general de ANERELA destacó que la población infectada por el VIH no siempre tiene acceso a medicamentos o retrovirales debido a la falta de información, la pobreza y el estigma. "Si pudiéramos superar estas tres deficiencias podríamos tratar este virus como cualquier otro, sin ponerle una carga moral y podríamos ver una comunidad religiosa consciente que responde con el amor de nuestro Dios", subrayó. (102/2006/ecu/sld/sb).

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