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Jonathán Pimentel, SAN JOSÉ, , Febrero 6, 2006
Algunas iglesias bautistas (hablo, en particular, de mi experiencia en Centroamérica) desarrollan, como resultado de Taxi Heathrow Airport múltiples y complejas condensaciones, prácticas que contienen alcances teológicos y políticos que permiten imaginar o visualizar algunas posibilidades de (algunos) “los bautistas”.
En breve, estas prácticas se caracterizan por:
A) Procurar transferir y autotransferir poder (de planificación, ejecución y evaluación) en la construcción de la vida eclesial. Esta práctica incluye, y podría fundamentarse, en el reconocimiento de todas las personas (asistan o no a la iglesia) como capaces, efectiva o potencialmente, de darle sentido a su propia existencia y de aportarle sentido a la existencia comunitaria.
Esto se manifiesta, por ejemplo, en un diálogo constante que busca redefinir, a la luz de la práctica eclesial, la idea concepto de liderazgo y administración de los recursos eclesiales.
B) Lo anterior tiene, al menos, tres despliegues: 1) los criterios de discernimiento utilizados para orientar la vida eclesial están o se procura que estén organizados alrededor de las necesidades de las personas (binomio salud – salvación);
2) se tensionan, de esta forma, otros criterios que anteriormente sirvieron como centros estructurantes: muchos de ellos producto de la pugna transmisión recepción del “mensaje cristiano” producto de la presencia misionera y su predominio (distinto en cada país) frente a un liderazgo “nacionalista”.
3) El deseo de no fijar la existencia comunitaria, sino discernir, sus posibles desarrollos a partir del criterio de salud – salvación de las personas concretas. Esto se expresa en la diversificación litúrgica, pastorales descentralizadas, esfuerzos de relectura bíblica que combinan herramientas de las ciencias bíblicas y la creatividad comunitaria.
C) Prácticamente el binomio salud – salvación no expresa la escisión soteriología diaconía. Esta escisión, dicho escuetamente, imagina la existencia cristiana inserta en una interminable cadena compuesta por los componentes culpa, rescate y obligación.
Por el contrario, testimonia que la salud (económica, emocional, política, cultural, erótica, lúdica) es un momento de la salvación (encuentro, aquí en la tierra, con Cristo, que incluye resurrección de los muertos), y la salvación un momento de la salud.
En otro lenguaje, que no es el de estas iglesias, podemos decir que en la práctica se mantiene una adecuada tensión soteriológica que testimonia la inmanencia de la trascendencia y trascendencia de la inmanencia.
Todo esto se manifiesta en la participación (no proselitista), más bien de testimonio, en proyectos educativos, de resistencia y organización barrial, entre otras.
Un alcance teológico de estas prácticas es la vivencia ecuménica. El ecumenismo, comprendido desde las prácticas mencionadas, se refiere a la posibilidad – necesidad de sentir y pensar la tierra para habitarla sosteniblemente (Helio Gallardo).
Veamos: el reconocimiento de las personas como capaces de autodeterminar su existencia responsablemente y da darle sentido a la existencia comunitaria, se asocia con el sentido de ecumenicidad que hemos mencionado. Esto, por supuesto, establece una ruptura con otros “modelos de ecumenismo” ligados a agencias internacionales u organismos compuestos por jerarquías eclesiásticas (ecumenismo burocrático); este ecumenismo produce proyectos, pero no movimientos.
Una mención más sobre esto. Esta práctica “bautista” supone reconocimiento, solidaridad y proyecto humano y planetario. Reconocimiento de las personas como prójimos, es decir, merecedores de toda mi responsabilidad. Y, también, como capaces de significar su propia existencia.
Finalmente, reconocimiento de la tierra como parte integrante de nuestras existencias; de ahí la necesidad de habitarla (habitarnos) sosteniblemente. Solidaridad, que manifiesta la comprensión de la interdependencia de la vida (el proverbio africano vivo, porque tú vives) y por ello, procura sentir el “dolor de cualquier humano en el mundo como si fuera su propia dolor.
Proyecto, se trata de habitar y permanecer en la tierra sosteniblemente. Ya sea que con este se testimonie o no una fe religiosa. En el caso de estas iglesias, y expresado teológicamente, esto testimonia su seguimiento de Cristo y un modelo encarnacional – profético de misión.
Un alcance político de estas prácticas. La observación anterior (estas iglesias están interesadas en construir humanidad) puede tener como despliegue la denuncia (evangélica y eficiente) de que la convivencia (?) gestada por las estructuras e instituciones del capitalismo dependiente latinoamericano (y otras formas culturales de discriminación – dominación) torna imposible una calidad humana de vida para los seres humanos y contribuye al de deterioro, en algunos casos irreversible, de la vida planetaria.
Los despliegues que he mencionado, para que puedan ocurran efectivamente, deben ser parte de la sensibilidad o actitud (espiritualidad) que conforme a estas iglesias y no un “modelo” del deber ser de los bautistas.
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Jonatháqn Pimentel, rector del Seminario Teológico Bautista de Costa Rica <stbcr1@costarricense.cr>

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