
Raúl Macín, el escritor
Leopoldo Cervantes-Ortiz, CIUDAD DE MÉXICO, México, Enero 20, 2006
Nacido en Pachuca, capital del estado de Hidalgo, el 8 de noviembre de 1930, Raúl Taxi Heathrow Airport Macín Andrade falleció apenas unas semanas después de cumplir 75 años, lo cual celebró junto con algunos amigos escritores y poetas. Justamente esta veta de su trabajo es la que interesa resaltar aquí, pues los más de 45 libros que escribió permiten ubicarlo como uno de los autores de origen protestante más prolíficos de la historia reciente en México.
Reconocido como miembro del ala radical del protestantismo desde su juventud y su trabajo como pastor metodista en varias ciudades del norte de México, Macín pudo dar rienda suelta a sus inclinaciones religiosas y políticas sólo hasta que abandonó la iglesia a principios de los años 70.
En 1964, cuando publicó Casi cristiano (título de un célebre sermón de Juan Wesley), un libro de relatos dirigidos a llamar la atención de la iglesia sobre el trabajo con los jóvenes, era muy difícil imaginar la carrera literaria de Macín.
Su afiliación al Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC) y a Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL) llevó a Macín a redactar libros explosivos. El primero de ellos, Rubén Jaramillo, profeta olvidado (ISAL; 1970, reeditado en 11984 y 2000), es una reconstrucción novelada de la vida de un líder agrario metodista asesinado en 1962 por orden del gobierno de Adolfo López Mateos. Lectura revolucionaria de la Biblia (1979) es el otro, donde resume su percepción de la forma en que las iglesias han enajenado el mensaje de las Escrituras. Allí, rinde homenaje a Jacques Chopineau, su profesor de exégesis en Bruselas, Bélgica.
En esos años, la editorial Posada le encargó la redacción de varios libros en su colección Duda, una serie de volúmenes de gran tiraje que se vendían semanalmente en puestos de periódicos. Allí aparecieron Méndez Arceo: ¿político o cristiano? (1973), La Iglesia hoy: ¿¿clero de izquierda o derecha? y Monseñor Lefebvre, el obispo maldito (ambos en 1977). Su estilo para polemizar era directo y sin subterfugios, por lo que se entiende perfectamente la forma en que sintonizó con los objetivos de la editorial.
De su trabajo ecuménico hay que mencionar otros trabajos: Eva no fue una mujer (1977), La mayordomía como acción social (1976) y, sobre todo, Lutero: presencia religiosa y política en México, publicado en conmemoración de los 500 años del natalicio de Lutero.
En dicho libro recogió su colaboración para la Enciclopedia de México, donde recapitula muy bien la presencia del protestantismo en México y reflexiona sobre su participación como cristiano protestante en el Partido Socialista Unificado de México.
Anteriormente había expuesto su perspectiva de la participación política de los protestantes en un simposio realizado en San Diego, California, en octubre de 1983. Su colaboración formó parte del volumen Religión y política en México, publicado por Siglo XXI en 1985.
A una época posterior corresponde Los derechos de las minorías religiosas en México (1991) publicado por Claves Latinoamericanas, editorial que fundó y dirigió. Este trabajo fue su respuesta, por un lado, a la celebración de los 500 años de la conquista de América, y, por otro, a la coyuntura religioso-política del momento: los cambios constitucionales en la materia.
De ahí el título y el enfoque del libro que pasa revista a la historia de México y desemboca en la discusión sobre el derecho y las responsabilidades de las minorías religiosas.
Finalmente, su obra poética, que alcanzó también un número considerable de aportaciones, es quizá la que mejor lo describe en los últimos años de su vida. La Comisión Evangélica Latinoamericana de Educación Cristiana (CELADEC) editó La casa de todos (1989), donde se inspira en cada libro de la Biblia para escribir poemas breves, de versos cortos, que prefirió siempre.
En La Pascua del sólo tú (del mismo año), mezcla, como siempre lo hizo, sus preferencias políticas con la intimidad amorosa y las referencias religiosas que nunca lo abandonaron. Algo similar sucede con Por siempre Laura (1986), que formó parte de una prestigiosa colección de poesía.
Acaso su libro más emblemático sea Forma de canto, forma de vida (1984), donde dio fe de su pasión por la música al dedicar a varios compositores y cantantes algunos de los poemas del libro. Y qué mejor manera de terminar este recuento que citar uno de sus textos poéticos: “Primero fue el sueño/ lleno de sueños/ que no podían dejar de ser soñados./ Después fue la esperanza/ hecha de esperas/ que no podían dejar de esperarse./ Y hoy/ sueños y esperanzas/ se han reunido en ella/ en la práctica cotidiana/ y milagrosa/ del arte”.

Portada
Inicio
Responda a este artículo