
Vicente Fox y las iglesias
Leopoldo Cervantes-Ortiz, CIUDAD DE MÉXICO, México, Diciembre 8, 2005
Por Leopoldo Cervantes-Ortiz
23 de noviembre-2 de diciembre, 2005
Cuando falta un año para que Taxi Heathrow Airport concluya la presidencia de Vicente Fox, bien vale la pena hacer un balance de su actuación en materia religiosa. Católico confeso y muy dado a hacer alarde de su militancia, ha marcado con esta preferencia a su gobierno, aun cuando en el mismo se ha subrayado la necesidad de promover y llevar a cabo la tolerancia mediante el reconocimiento de la enorme pluralidad de creencias presentes en el país.
Además, las reuniones de Fox con las dirigencias de varios credos ha intentado demostrar que dicha política no era de ninguna manera coyuntural o llevada por otro tipo de intereses. En este sentido, los actos oficiales han cumplido con la función de hacer visible la intención de no reeditar la simulación de gobiernos anteriores.
No obstante, la cercanía de Fox con las cúpulas católicas ha sido demasiado evidente, a pesar de que su status conyugal no es el óptimo, como pudo apreciarse en su primera visita al Vaticano, cuando no pudo ser recibido por el Papa junto con su esposa.
Por otro lado, los recientes episodios de intolerancia en el estado de Hidalgo han puesto en entredicho la voluntad política del régimen foxista para hacer efectiva la libertad de cultos.
El ascenso a la secretaría de Gobernación de Carlos Abascal, de familia y tradición cristera, despertó de inmediato sospechas, pues incluso en sus antecedentes académicos se han rastreado elementos de inconformidad profunda con los componentes laicos del Estado mexicano.[1]
Su actuación ha marcado el último año de la presidencia de Fox pues rebasa con creces todas las expectativas que se anticipaban, es decir, no se salió del molde y ha dado toda la razón a sus críticos.
Un ejemplo puede servir para establecer algunas pautas para un balance. El 21 de noviembre pasado se inauguró el Seminario Continental para América, algo así como una Cumbre católica de las Américas. En dicho seminario comenzó a analizarse el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, que contiene “las directrices del Vaticano para impulsar la evangelización al alba del tercer milenio”.
El cardenal Norberto Rivera Carrera afirmó que México no puede volver al tiempo en el cual, por agradar al pueblo “no se respeta la ley, se pervierten los caminos de la economía, la educación y obras fundamentales”. Es decir, indicó, el país "tiene que ausentarse de ese populismo", y conminó a los políticos a leer el documento elaborado por el Vaticano.[2].
Si se observa con atención la fotografía de La Jornada, podrá advertirse lo sucedido allí: mientras habla Giuseppe Bertello, representante papal en México, se observa que quien aparece en el centro del presidium es nada menos que Carlos Abascal, el secretario de Gobernación, en medio de los cardenales Norberto Rivera, arzobispo primado de México, y Renato Raffaele Martino, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz.
Este protagonismo de Abascal constituye, hasta el momento, otro eslabón más de una cadena de sucesos que recientemente ha incluido su apoyo al llamado a la desobediencia civil por parte del cardenal Rivera, quien exhortó a resistir las iniciativas gubernamentales acerca de la eutanasia.
El 16 de octubre, Rivera Carrera señaló: “Cuando la autoridad se sale del marco legal desde donde puede y debe gobernar no hay obligación de tributarle obediencia, y si se opone abiertamente a los derechos humanos fundamentales, entonces hay que negársela”.[3]
Le recordó a la autoridad civil que “sólo tiene poder para legislar en favor de los derechos y deberes humanos, sin oponerse a los divinos”, y planteó que en caso de que alguna ley atente contra la sacralidad de la vida, “el creyente debe ser quien denuncie las injusticias y atropellos de la dignidad del ser humano”.
Agregó que un cristiano debe expresar rotunda defensa del respeto y obediencia hacia las autoridades; sin embargo, cuando éstas van en contra de la vida, no debe obligarse a ninguno a obedecerle, siendo ésta su primera exhortación.
Prosiguió con la declaración de que “si se opone abiertamente a los derechos humanos fundamentales, entonces hay que negarle la obediencia [...] Si los lineamientos de las autoridades se oponen a los derechos divinos, debe entrar la segunda limitación del poder civil, sancionada por la sentencia de Jesús: ‘Dad a Dios lo que es de Dios’”, puesto que la autoridad humana no es absoluta.[4].
Abascal, responsable del cumplimiento de la ley y del orden del país, justificó el llamado católico a desobedecer las leyes alegando una “objeción de conciencia”. Su argumentación, pretendidamente filosófica, invocó el “orden natural” por encima del civil: “Puede existir el derecho a la objeción de conciencia cuando a juicio de una persona se viola el orden natural, se altera el orden moral, mediante una ley escrita”.
Lo definió así: “La objeción de conciencia se daría, por ejemplo, en el caso de que a un médico, comprometido con el respeto a la vida, se le exigiera que practicara un aborto o una eutanasia en contra de su conciencia, en contra del orden natural”.
Por ello, consideró “una llamada de atención” estudiar sobre el tema, por ser un derecho humano, “de orden natural, reconocido en la legislación de muchos países”.[5].
La postura del vocero de la Presidencia, aunque tibia, fue en sentido contrario a este apoyo. Las declaraciones de Abascal recibieron múltiples críticas, e incluso Bernardo Barranco, sociólogo y periodista católico, se refirió en duros términos al hecho como “una provocación al Estado laico mexicano”.
Para él, resultaba preocupante el comportamiento de Abascal, jusnaturalista que se opone al derecho positivo imperante en este país desde las leyes de Reforma. Si se tratara de un individuo no habría mayor problema, pero Abascal es un hombre de Estado.
Barranco subrayó: "Sin dramatizar, es innecesario jugar con fuego: ahí están en la memoria simbólica de este país las dos grandes guerras fratricidas. Tanto en la guerra de Reforma, siglo XIX, como en la cristera, siglo XX, la fe y la política, la religión y la lucha armada se fanatizaron”.[6].
Hay que situar todo esto en el ambiente pre-electoral, pues a medida que se acercan los comicios de julio del 2006, los actores políticos y sociales del país no dejan pasar la oportunidad de hacer valer sus creencias e ideologías.[7].
Barranco se refirió también a este asunto: El cardenal pretexta la discusión sobre la eutanasia para reposicionar el papel político social de la iglesia en vísperas de los procesos electorales de 2006. El verdadero fondo del problema de la relación entre la religión, la sociedad y la política es la democracia.
Pasa a segundo término comprender si la fe, los valores y la política son irreconciliables, más bien lo importante es saber si la democracia es compatible con una religión que por momentos parece que ambiciona dirigir e incidir en la política.
¿Qué lugar debe ofrecer una frágil democracia en transición a los arrebatos teocráticos y ayatolescos del cardenal y de la estructura católica que aún no encuentra su lugar, su espacio ni su verdadero papel en la actual circunstancia que vive la nación? Digámoslo con otras palabras: ¿cuál es el papel que deben jugar las Iglesias en la construcción y desarrollo del orden social mexicano actual?
Ese papel debe ser garantizado necesariamente por la autoridad ejercida de un Estado laico a partir de los principios de libertad, la tolerancia y respeto de las diversidades religiosas y de las minorías”.[8].
Pero no hay que olvidar que estos embates forman parte, también, de la estrategia del nuevo Papa, Benedicto XVI, quien semanas atrás había hecho duras afirmaciones acerca de la situación actual en México.
Ante varios obispos mexicanos, Benedicto XVI expresó su preocupación porque el “afán de poder” en algunos ambientes mexicanos “deteriora las sanas formas de convivencia y la gestión de la cosa pública”, además de que propicia un incremento en los “fenómenos de la corrupción, impunidad, infiltración del narcotráfico y del crimen organizado”.
Consideró que todo ello deriva en “diversas formas de violencia, indiferencia y desprecio del valor inviolable de la vida”.[9].
A todo lo anterior hay que agregar la participación de Abascal en la beatificación de militantes cristeros en Guadalajara, capital de una entidad tradicionalmente conocida por ser la cuna de dirigentes de la rebelión de corte religioso en la década de los años 20 del siglo pasado.
Se trató de un acontecimiento interpretado como una reivindicación vaticana de 10 laicos y tres sacerdotes que perdieron la vida durante el gobierno de Plutarco Elías Calles. Abascal consideró, en entrevista a la agencia oficial Notimex, que “sólo con ánimo de reconciliación y paz se podrá construir ‘el México grande, libre, justo y próspero con el que todos soñamos’”.
Agregó que “la beatificación de los 13 cristeros era una buena oportunidad para ‘reconciliarnos con nuestra propia historia’”, y concluyó diciendo que “la historia de México ha tenido momentos difíciles, y citó entre ellos la persecución religiosa en el sexenio de Elías Calles. Hay que proponernos jamás cometer de nuevo los errores del pasado y siempre trabajar mejor para construir una nación democrática”. [10].
Días más tarde defendió su asistencia a la ceremonia religiosa negando que con ello violentara la ley. “Mi derecho humano a practicar mi fe, con pleno respeto a la ley mexicana, es una garantía inviolable”, expresó.
Y dijo más: “"No se es padre de familia sólo al interior del hogar; no se es funcionario sólo en el ejercicio público de la función, y no se es creyente sólo al interior del templo. Somos lo que somos integralmente. Ahí (en la misa de beatificación), el secretario de Gobernación era un creyente más. Nadie se bajó del altar a cederle un lugar, nadie le tributó honores de ninguna índole; nada, nada que mezcle la función pública con las creencias religiosas”.[11]
El periodista evangélico Carlos Martínez García ubicó el suceso en un marco histórico amplio: “Este clericalismo, vivo y actuante hoy, no le perdona a [Benito] Juárez el resquebrajamiento del dominio económico, político y social de la Iglesia católica debido a las leyes de Reforma.
Como en la Independencia y la Reforma, el clero católico igualmente combatió el aparato jurídico resultante de la gesta popular que llamamos Revolución. El Estado nacional se forjó a contracorriente de los deseos clericales”.[12]
Además, planteó fuertes interrogantes en torno a la pálida intervención de Abascal en los casos de persecución religiosa contra evangélicos en varios estados del país.
Al comentar la presencia del secretario de Gobernación en Guadalajara, y siguiendo la línea crítica de diversos medios, el periodista Julio Hernández López no dudó en calificarlo como “Monseñor Abascal”, y al arzobispo de Guadalajara como “el Presidente Sandoval Iñiguez”.[13].
A la luz de su constante aparición en actos religiosos públicos, sumamente publicitada, la persistente identificación con los valores y la ideología católicos, además de los acontecimientos recientes brevemente esbozados líneas arriba, resultó bastante predecible escucharlo hacer un llamado a llevar a cabo una “ofensiva de espiritualidad” contra la injusticia.[14].
Eso fue una constatación más de que, en estos cinco años, no ha logrado entender lo que significa diferenciar, en la práctica, sus convicciones personales de su investidura de Jefe de un Estado laico.
Al reivindicar los valores de una religión —precisamente la que ha sido enemiga a muerte del laicismo en México—, como base de un supuesto “humanismo integral y solidario”, Fox echa por la borda su pretendido respeto por la diversidad específicamente religiosa.
Jamás en la historia moderna del país un Jefe del Ejecutivo había inaugurado un evento de asociación religiosa alguna. Esta parcialidad no puede ser bien vista por los ciudadanos que no comparten la orientación religiosa del presidente.
Este suceso sólo podría compararse al acaecido cuando recibió al papa Juan Pablo II y, en un acto propagandístico indiscutible besó la mano del pontífice católico, alguien que, para la legislación laica de México, no es más que otro Jefe de Estado con quien el país entabló relaciones diplomáticas sino hasta muy recientemente.
Su afirmación de que aquí “las religiones conviven en respeto y armonía”, de que las personas son libres de practicar sus credos, así como el recuerdo, ya se ve, superficial, de que la separación entre el Estado y las iglesias “ha hecho de México una nación abierta y tolerante, respetuosa, donde caben todas las creencias religiosas”,[15] manifiesta una escasísima sensibilidad histórica, debido al lugar en donde todo esto fue expresado.
Asimismo, al invitar a los religiosos a brindar apoyo ético y solidario a la sociedad, hizo una distinción inaceptable entre ciudadanos debido a que un llamado así debería incluir a todos por igual, sin importar su apego a creencias religiosas.
Su mención de “las iglesias ecuménicas y su doctrina” como grandes aliados para ganar la batalla de la promoción de los valores universales queda bastante fuera de lugar porque el espacio donde fueron pronunciadas estas palabras continúan otorgando privilegio sólo a una de las religiones presentes en el territorio nacional.
Además, como bien señala la nota de La Jornada, “mientras el presidente Fox defendía su otro credo, la democracia, como un sistema de vida más que una estructura jurídica o un régimen político, José Ignacio Mariscal Torroella, presidente del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, decía que los bautizados no pueden permanecer como espectadores indiferentes cuando tantas personas padecen injusticias, pobreza, desempleo o violación de sus derechos humanos, ‘por actitudes, conductas y estructuras que hacen de la persona un objeto desechable o un ser para el consumo, la producción y el placer constante’”.[16]
En mayo de 2000, Fox lanzó en una carta a los obispos mexicanos y a las demás iglesias, un “decálogo” que contenía su propuesta para el trato a las iglesias.
1. Promoveré el respeto al derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural.
2. Apoyaré el fortalecimiento de la unidad familiar, que en México es un recurso estratégico.
3. Respetaré el derecho de los padres de familia a decidir sobre la educación de sus hijos.
4. Promoveré el libre acceso para la asistencia espiritual y religiosa en los centros de salud, penitenciarios y asistenciales, como los orfelinatos y los asilos para ancianos.
5. Responderé al interés manifestado por las iglesias para promover un amplio espacio de libertad religiosa a partir del artículo 24 constitucional.
6. En congruencia con el derecho humano a la libertad religiosa y con los acuerdos internacionales suscritos por México en esta materia, promoveré que se eliminen las contradicciones entre los artículos 24 y 130 de la Constitución, reformando el 130 en la parte que restringe la libertad religiosa, que proclama el artículo 24.
7. Abriré el acceso a los medios de comunicación a las iglesias, para que éstas puedan difundir sus principios y actividades.
8. Promoveré que en el marco de una reforma hacendaria integral se defina un régimen fiscal para las iglesias, con deducibilidad de impuestos, cuando contribuyan al desarrollo humano.
9. Terminaré con la discrecionalidad para autorizar la internación y permanencia en México de los ministros de culto de las iglesias.
10. Promoveré la homologación voluntaria de los estudios eclesiásticos en el ámbito civil, respetando los programas y contenidos de las materias que imparten los seminarios o instituciones de formación religiosa.[17].
Aun cuando algunos de estos puntos apuntaban hacia el reconocimiento en acto de la diversidad religiosa, muchas de estas propuestas fueron pensadas básicamente para beneficiar a la Iglesia Católica, pues en realidad recogen muchas inquietudes de las jerarquías de dicha iglesia, sobre todo en lo relativo a la educación y en el acceso a los medios de comunicación electrónicos.
Otro ejemplo, esta vez del ámbito cultural, puede ilustrar la política foxista de apoyo a la Iglesia Católica: un espacio que ocupaba la Secretaría de Hacienda en el Centro Histórico de la Ciudad de México fue devuelto a la Arquidiócesis de México, la cual lo había solicitado para abrir su museo de arte sacro.
En vista de las críticas recibidas, la jerarquía católica se vio en la necesidad de incluir el nombre “ecuménico” para denominar dicho museo.
Con acciones como la citada, acumuladas a lo largo de estos cinco años, se ha visto cómo las preferencias religiosas de un gobernante pueden encaminar toda una política en medio de las exigencias sociales de una verdadera transición democrática.
Por el contrario, el cambio tantas veces preconizado por Fox se ha convertido en una especie de revancha que él, como representante de la mayoría católica, se ha propuesto realizar desde la jefatura de Estado.
Toda esta conducta, que de alguna manera invierte los papeles, pues muestra a los políticoso sustituyendo a los líderes religiosos y viceversa, ha sido descrita acertadamente por Soledad Loaeza, al referirse sobre todo a la intromisión de los obispos en política, de acuerdo con lo señalado en la Constitución, como sigue:
Si se va a reformar la legislación en materia de Iglesias y de religión, habría que eliminar las ambigüedades que se prestan a manipulación por parte de las autoridades religiosas. [...] Lo que tal vez tendrían que tener en cuenta obispos y cardenales es que esta separación protege a una y a otra de las toxinas que pueden transmitirse entre sí. Tan mala es una política cargada de religión como una religión cargada de política. Seguro que el C. Dios lo comprendería.[18]
Y es que precisamente éste ha sido el problema de Fox a lo largo de su mandato, al situarse en uno de los lados del espectro: ha hecho una política cargada de religión, tan nociva como la que intentan seguir practicando los dirigentes católicos, una religión cargada de política.
De allí la importancia de reivindicar la lucha del pueblo de México por tener un Estado laico.
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[1] Claudia Herrera Beltrán, “El poder de la Iglesia, superior al del Estado, planteó Abascal”, en La Jornada, 21 de julio de 2005.
[2] Alma E. Muñoz, “Prelados católicos condenan a políticos que promueven leyes ‘contra la vida’”, La Jornada, 22 de noviembre de 2005.
[3] Alma E. Muñoz, “Norberto Rivera defiende derecho de curas a ‘meterse en política’”, en La Jornada, 17 de octubre de 2005.
[4] Idem.
[5] Alma E. Muñoz y Alonso Urrutia, “Promueve Abascal la objeción de conciencia en aborto o eutanasia”, en La Jornada, 18 de octubre de 2005.
[6] B. Barranco V., “El cardenal, Abascal y la desobediencia civil”, en La Jornada, 19 de octubre de 2005.
[7] Cf. Daniela Pastrana, “Del púlpito a las urnas”, en Masiosare, suplemento de La Jornada, núm. 410, 30 de octubre de 2005. Pastrana hace un amplio recuento de las iniciativas católicas en contra de cualquier ley que, según la interpretación del episcopado mexicano, vaya “en contra de la vida”.
[8] B. Barranco, op. cit.
[9] Alma E. Muñoz, “Corrupción, impunidad y delincuencia propician violencia en México: el Papa”, en La Jornada, 17 de septiembre de 2005.
[10] Juan Carlos García y Alma Muñoz, “Beatifican a líderes cristeros”, en La Jornada, 21 de noviembre de 2005.
[11] Fabiola Martínez, “Primero rendí homenaje a Madero: Abascal”, en La Jornada, 25 de noviembre de 2005. En el suplemento Masiosare (“Los mártires olvidados”, 27 de noviembre de 2005, p. 2)se hizo mención a algunos profesores de educación primaria que fueron asesinados o mutilados por turbas azuzadas por militantes cristeros: Esta es la nota completa: “La maestra María Rodríguez Murillo murió asesinada en el municipio de Tabasco, Zacatecas. El profesor Vicente Escudero lo fue en Santa Mónica de Viudas, municipio de Valparaíso, también en Zacatecas. Setenta cristeros llegaron hasta la casa donde se hospedaba, lo llevaron a la orilla del río y lo colgaron. Su cádaver permaneció ahí cinco días. Nadie lo bajaba porque todos en el pueblo le tenían mucho miedo a Trino Castañón, el jefe de los rebeldes. A Vicente Escudero lo mataron en medio de la guerra cristera, por el delito de enseñar a los niños. En estos días, el secretario de Gobernación, Carlos Abascal, asiste a la canonización de los cristeros y subraya que ‘hay que comprender que nuestra historia fue como fue y hay que amarla como fue’. La maestra Elba Esther Gordillo juega a la alianza con el partido del secretario Abascal. Se celebra a los cristeros. Para los maestros asesinados, para los cientos de desorejados, no hay homenaje alguno”.
12] C. Martínez García, “Abascal, el cristero”, en La Jornada, 23 de noviembre de 2005. Édgar González Ruiz se refirió al acto en términos más severos, en “Un asesino a los altares. Beatifican a Anacleto González Flores, un ideólogo de la guerra cristera”, La Crisis, 21 de noviembre de 2005, www.lacrisis.com.mx/anacleto211105.htm. González Ruiz escribió un libro sobre la familia Abascal.
[13] J. Hernández López, “Cristo Rey”, en La Jornada, 22 de noviembre de 2005, p. 4.
[14] Rosa Elvira Vargas y Alma Muñoz, “Fox llama a emprender ‘ofensiva de espiritualidad’ contra la injusticia”, en La Jornada, 22 de noviembre de 2005.
[15] Idem.
[16] Idem.
[17] Enrique Méndez, “Promete Fox un régimen especial a las iglesias”, en La Jornada, 7 de mayo de 2000.
[18] S. Loaeza, “Jerarcas reincidentes”, en La Jornada, 1 de diciembre de 2005.

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