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Lunes 12 de Noviembre, 2007

José Aurelio Paz, periodista cubano. [Foto: CLAI.]
José Aurelio Paz, periodista cubano. [Foto: CLAI.]

Balas y cruces

José Aurelio Paz, LA HABANA, Cuba, Octubre 31, 2005

DESDE que el ser humano abrió los ojos al mundo ha necesitado del símbolo, como Taxi Heathrow Airport valor visual, para autoreafirmarse. De ahí sus pinturas rupestres, los elementos utilzados en sus ritos ante sus dioses, y hasta las evidencias encontradas en objetos tan rutinarios como vasijas y platos.

La Habana, por estos días, ha estado invadida de balas y cruces, traídas por un grupo de periodistas y comunicadores desde las más disímiles partes de la geografía.

Creo que es obvio el marcado y extremo simbolismo de ambos elementos. Si bien la pólvora negra, inventada por los chinos aproximadamente en el Siglo IX de nuestra era, solo pretendía ser una guerra de colores en los fuegos de artificio, su composición de salitre, azufre y carbón pronto fue utilizada por los árabes en el origen de las armas de fuego. Mientras la cruz, palabra que viene de los vocablos griegos stau-ros o xy’lon, tiene su origen en la antigua Caldea como estaca de madera que simbolizaba al dios Tamuz.

Luego, en el Siglo II, se adoptó la conocida Tau o T, en su forma más frecuente, con el travesaño más bajo, la cual era llevada en la mano de los sacerdotes egipcios y los reyes pontífices como símbolo de su autoridad sacerdotal ante el dios Sol.

Hasta que, finalmente, devino símbolo del sacrificio de Jesucristo en bien de la humanidad, estandarte mayor del cristianismo en todas las épocas y momentos de su historia.

Hallar una bala, en un ejercicio de arqueología, nos remonta de manera inmediata al sentido material de una guerra en un preciso período o época. Encontrarnos una cruz habla del espíritu de las personas en la búsqueda de una manera más humana y fraternal de vivir todos en comunión. De ahí que los teólogos hablen de la verticalidad del símbolo como el vínculo entre Dios y sus criaturas y la horizontalidad como expresión de relación entre todas ellas.

Por eso creo que los organizadores de la reunión de la Red Global de Comunicadores –GNC (Global Comunications Network, según sus siglas en inglés)-, celebrada en esta capital recientemente, no pudieron escoger mejor obra de arte para reconocer a sus ponentes más importantes y personalidades invitadas.

La visión bíblica de las espadas convertidas en azadones (Isaías 2 y Miqueas 4), sirvió de fuente de inspiración para este nuevo símbolo. Con la ayuda brindada por el programa para Liberia, estructurado por la Federación Luterana Mundial, el señor George Yogba, junto a 30 personas más, comenzaron a fabricar cruces de diferentes tamaños con cartuchos usados de balas y misiles provenientes de los conflictos bélicos de todo el mundo.

"La idea de convertir los cartuchos usados de balas y cohetes en símbolos de paz, me llegó en un sueño", afirma Togba, quien, antes de la guerra civil trabajaba como mecánico en un taller.

Este humilde hombre, quien durante el conflicto ingresó a las fuerzas rebeldes para proteger a su familia y conoció en carne propia el doloroso precio de una bala disparada, es ahora un militante cristiano que busca el Shalom al que Dios nos llama y mantiene a su familia con recursos obtenidos solo por medios pacíficos.

Según la tarjeta que acompaña al emblema, el proyecto se ha convertido en una módica fuente de ingresos gracias a la venta en toda Europa y América de miles de ellos.

Y uno se pregunta: ¿Por qué usarlo en un evento que reunió a comunicadores de muchos sitios bajo el lema de: "Comunicación y poder: independencia y responsabilidad en un mundo globalizado"?

Sencillamente porque, ante el avance abasallador de las tecnologías y los poderes políticos hegemónicos actuales donde uno de los "valores" globalizados es la guerra, se precisa de un compromiso de los medios al servicio de las iglesias y de una visión alternativa de los fenómenos, que, finalmente, conduzca al aldabonazo contra tanta desidia y ponga, en el ejemplo de Jesucristo, un paradigma alentador que impida un nuevo holocausto mundial.

Temas meridianos fueron discutidos allí. Cómo las formas de opresión y el silenciamiento se han reciclado de manera sofisticada en el sostenimiento "de una estructura social y un pensamiento que invisibiliza a las mujeres y les niega espacios a sus voces", según la Master en Comunicaciones de Cuba, la señora Isabel Moya.

O en esa dimensión de lo cubano, como realidad ya única en el Planeta, en un país que no ha tenido otra alternativa que asumir el espíritu de fortaleza sitiada, durante más de 40 años, ante el bloqueo impuesto a la Isla por el gobierno Norteamericano.

¿Por qué Cuba? Cuba es la diferencia. Lejos de todos sus defectos y dificultades como sociedad imperfecta, trata de hacer ver que otro mundo es posible.

¿Y cuál es ese otro mundo? ¿Acaso nos propone un viaje a otro Planeta? ¿Una búsqueda de un nuevo cielo en otro cielo? Nada de eso, simplemente propone construir, desde nosotros mismos, un paisaje fraternal que atienda todas las necesidades humanas y apunte hacia el noble oficio de saciar lo que un escritor cubano definía como "las dos hambres"; la tangible y material, esa que nos estrangula el estómago en cualquier rincón de este mundo sin equidad; y esa otra que le complementa y es la del espíritu, la que nos equilibra como criaturas de Dios y nos alumbra por dentro.

Diversos talleres hablaron de las distintas experiencias narradas por los miembros de esta red, tan disímiles y distantes desde Kenya a Honduras, pero atadas todas en su extremo más justo: la ética y la honestidad como principios ineludibles de todo ejercicio periodístico y de comunicación que se respete y abogue por globalizar las mejores acciones y los mejores sentimientos de los seres humanos.

El símbolo, regalado lo mismo a un controvertido cineasta que a un cardenal católico en las visitas realizadas a centros de interés social y a proyectos eclesiales -como el de los patios familiares que las personas cultivan para compartir el resultado de las cosechas con sus vecinos-, devino premonión de los propósitos que animan a la Red Global de Comunicadores.

Ser responsables en nuestra tarea, cuando las balas de la información globalizada como modo de sometimiento, discriminación o mentira, en el universo actual de las tecnologías, apuntan hacia los más pobres de este mundo. Compartir vías alternativas que se crezcan en las dos dimensiones de una ética vertical y horizontal, como la propia cruz, para que la esperanza vuelva a ser esa poderosa red con que Jesús llamó a sus discípulos a hacerse pescadores de hombres y mujeres, en la búsqueda de formas de vida que se superpongan a las maneras engañosas de la muerte.

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José Aurelio Paz, periodista cubano, miembro de la Iglesia Bautista de CIego de Ávila.