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Sábado 28 de Enero, 2006

Descendientes de estadounidenses promueven fiesta en cementerio

Edelberto Behs, SAO PAULO, Brasil, Octubre 25, 2005

Una fiesta en el cementerio puede sonar extraño, pero figura en el calendario turístico del Taxi Heathrow Airport Estado de Sao Paulo. El Cementerio del Campo es escenario de la conmemoración anual de la Fraternidad de Descendientes Estadounidenses en Santa Bárbara del Oeste, un municipio de 172 mil habitantes ubicado a 138 kilómetros al noroeste de Sao Paulo.

Es una cuestión de costumbre, mis nietos saltan de alegría cuando los invitamos para la fiesta, afirma Noemia Alice Cullens Pyles, de 59 años, tesorera da  la fraternidad. En verdad la fiesta ocurre en un patio localizado al lado de la capilla, pero dentro del cementerio.

En la fiesta, la próxima está programada para el 9 de abril de 2006, se sirven comidas típicas de los estadounidenses en el patio del cementerio, como hot dog, biscuit, mientras chicas con trajes típicos de ese país y muchachos vistiendo uniformes de soldados confederados, se presentan en la pista de baile en cuadrillas, junto a una bandera confederada.

Para el presidente de la Sociedad Cultural Misiones Quilombo y coordinador del Foro de Liderazgos Negros Evangélicos, Hernani Francisco da Silva, "en ningún momento en estos 20 años de fiestas conmemorativas, los descendientes de estadounidenses de Santa Bárbara D'Oeste, pidieron perdón al pueblo negro por la esclavitud y racismo practicados por ellos y sus antepasados".

"Mi familia nunca tuvo esclavo. De mi parte no cabría tal pedido de perdón. Los que vinieron de Estados Unidos no trajeron ningún esclavo consigo, pero si alguien los tuvo aquí y si su conciencia lo manda, cabe hacerlo", afirmó la tesorera de la Fraternidad. Ella entiende que quien inició la esclavitud en el país fue el imperio brasileño, a quien cabría pedir perdón al pueblo negro.

Santa Bárbara D'Oeste recibió, después de la Guerra de la Secesión de Estados Unidos (1861-1865), inmigrantes  que se establecieron en la región y se dedicaron a cultivar  caña de azúcar, naranja, y desarrollaron actividades industriales. En 1866 allí habían unas 93 familias estadounidenses. Se estima que unos 10 mil sureños dejaron el país entre 1866 y 1867, de los cuales aproximadamente dos mil  llegaron a Brasil, la mayoría de origen bautista, episcopal, presbiteriano y metodista.

El Cementerio del Campo nació en las tierras del Coronel Oliver, que perdió a su mujer y a sus dos hijas por la tuberculosis. Como no pudieron ser sepultadas en el cementerio de la localidad porque las leyes de entonces impedían los entierros de personas no católicas en los campos santos, el coronel las enterró en su hacienda.

A partir de entonces, todo estadounidense que fallecía en la localidad era enterrado en el Cementerio del Campo, hoy un área de 15 mil metros cuadrados, que alberga 400 tumbas.

El objetivo de la fiesta es mantener el cementerio. Las fiestas reúnen más de mil quinientas  personas cada año, cuando los organizadores recaudan cerca de mil dólares.

La costumbre de que las familias se encuentren en el cementerio tiene más de cien años. En el pasado, los descendientes de estadounidenses se desplazaban los domingos hasta el cementerio para oír al pastor. Como el cementerio quedaba a 10 kilómetros del centro de la ciudad y la movilidad en la época era a caballo, las familias aprovechaban el domingo para almorzar juntas y confraternizar.

Noemia Pyles cuenta, con orgullo, que hasta el ex-presidente Jimmy Carter, cuando era gobernador de Georgia, visitó el cementerio, junto con su esposa. Paseando entre las tumbas, Rosalyn Carter encontró la sepultura de un tío-abuelo que vino al Brasil y del cual nunca tuvieron noticia. (636/2005/ecu/misc/eb).