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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Dr. Oneide Bobsin, teólogo luterano y profesor de Ciencias de la Religión de la EST.
Dr. Oneide Bobsin, teólogo luterano y profesor de Ciencias de la Religión de la EST.

El lado correcto de la vida errada

Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil

El estaba nuevamente sobre la cama. Esta vez, la vida quedó pendiente de un hilo. Su potente moto quedó hecha chatarra. Tal vez le revelase así su impotencia ante la vida

Una vez más la madre se dedicaba al hijo, procurando entenderlo. Juares era dependiente químico. Ella le rogaba que cuide su vida. El ejemplo de longevidad de los abuelos era el consejo de la madre. Pero él respondía: “Mamá, con la vida que llevo si alcanzo a los treinta ¡estará muy bien!”

Millones de jóvenes y sus familias viven dramas semejantes.  Como chivos expiatorios asumen el peso de uaa sociedad drogada. Drogados socialmente, no perciben los mecanismos  que los eligen como víctimas de una situación.

Es de nuestro conocimiento que casos así son el hilo frágil del crimen  organizado globalmente. Drogas,   mujeres, menores y órganos humanos  son mercancías transnacionalizadas en el mercado de la muerte.

Según informes de la ONU, la “Cosa Nostra”,  la mafia norteamericana, los carteles de Colombia, la yakuza japonesa, entre otros, mueven anualmente 500 billones de dólares. Parte del dinero es invertido para sobornar jueces, autoridades políticas, policías, etc.

Se estima, también, que el crimen organizado lanza 120 billones de  dólares en el mercado financiero, involucrando, de manera indirecta, a todos.  Como dijo el apóstol Pablo, todos pecamos, por eso  carecemos de la gracia de Dios. El dinero del crimen está  en la misma red bancaria donde colocamos nuestros ahorros o puede circular en trabajos solidarios en la periferia.

La ausencia  del Estado, debilitado  por las políticas neoliberales, han favorecido el crimen organizado. Traficantes se convierten en modelos para jóvenes de la periferia.

En una de las más grandes favelas (barriadas, villas miseria) del Brasil, gran parte de los adolescentes tienen ante sí dos caminos, dijo un adolescente: “O voy para el crimen o me convierto en  pentecostal”.

“Yo, relató el joven, escogí el lado correcto de la vida errada”.

Sabemos cómo combatir y erradicar a mediano y largo plazo el crimen organizado. Luego, me abstengo de hablar sobre programas de inclusión social. También sabemos que  los espacios de recuperación para  dependientes químicos son tan importantes cuanto  lo son la denuncia y la elección de gobernantes cuyas políticas públicas van más allá de programas de represión.

De cualquier manera, las soluciones son complejas. Aún así, un ejemplo puede mostrar caminos al alcance. En una escuela pública, un grupo de profesoras  resolvió actuar, pues en aquel barrio el desempleo y la desestructuración familiar tornaban caótica la vida. 

Mujeres abandonadas  por sus maridos hacen de la venta de las drogas una  fuente de ingreso. En tal contexto, las bandas se identifican a través de animales totémicos.

Fuerzan la entrada de drogas en el recinto escolar, practican la  violencia, pintan los muros y paredes; en fin, son un “problema”. Son llamados cariñosamente  por quien se preocupa con ellas  de “Farc” – Fuerzas armadas de C..;  La “C” se refiere a la inicial  del barrio.

Con buen sentido la dirección de la escuela dialogó con las “Farc”. Negoció la limpieza de los muros y paredes, dejando de lado la pedagogía de la exclusión.  Se creó espacio para que cada pandilla pinte.  Las canchas de deportes fueron abiertas para una distracción organizada.

Con medidas socio-educativas de esta naturaleza se rompieron los estigmas que generan la violencia.

Las “Farc” traen a la mente el hombre poseído que se agredía y vivía entre tumbas, conforme el Evangelio  de Marcos, capítulo 5.  Se sentía poseído por una legión de espíritus malignos. Aquella región era ocupada por legiones de soldados romanos. Integrado por la palabra  liberadora de Jesús, se dispuso a seguirlo.

Entre tanto, los testigos de la liberación quedaron con miedo. ¿Por qué? Tal vez, porque  perdieron el chivo expiatorio sobre el cual lanzaban los fracasos de las estructuras  excluyentes que todos crearon.

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Oneide Bobsin. Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en el Brasil y profesor de Ciencias de las Religione de la Escuela Superior de Teología, São Leopoldo/Brasil.