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Jueves 3 de Noviembre, 2005

 [Foto: AFP]
[Foto: AFP]

Un país de agudos contrastes hospedará la 9a Asamblea del CMI

Rosina Duarte, PORTO ALEGRE, Brasil, Setiembre 20, 2005

El fulgor del Carnaval,  la garra del fútbol, el exotismo de las playas tropicales y Taxi Heathrow Airport el ruido de los escándalos políticos: Estos son algunas de las imágenes superficiales de Brasil, un país rico en recursos naturales y creatividad, mas asolado por la pobreza.  ¿Cómo es, en realidad, el país que en febrero próximo recibirá la 9a Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias?

Marcado por contrastes y dimensiones continentales, Brasil es el país más grande entre las naciones latinoamericanas y la quinta del mundo en territorio. Sus 8,54 millones de kilómetros cuadrados (un poco más del doble de la Unión Europea ampliada) son poblados por 170 millones de habitantes (aproximadamente un tercio de la población de la UE).

Bañado por el Océano Atlántico, sus playas paradisíacas son famosas. Pero su geografía exhibe gran diversidad: tierras áridas, planicies, sabanas, pantanales, sierras, además de bosques y florestas, muchos de ellos amenazados por las quemas y la deforestación.

Grandes metrópolis como São Paulo y Río de Janeiro (16 millones y 14 millones de habitantes, respectivamente) coexisten con regiones de bajísima densidad demográfica.  La diversidad es también una característica de la población, que desciende de más de 40 etnias, mezcladas con indígenas nativos.

Historia e política

Antes de ser colonizado por los portugueses en 1500,  Brasil era habitado por indígenas. En la mayoría pacíficos, fueron diezmados por la violencia y las enfermedades de los blancos. El exterminio se extendió hasta el siglo XX. De 1900 a 1957, la población indígena decreció de un millón a menos de 200 mil.

A partir de 1530 los portugueses se proveyeron de esclavos traídos de África (Angola y Sudán). La esclavitud duró más de 300 años, con más de 3,5 millones de personas traficadas - el mayor número registrado entre los llamados países del Nuevo Mundo.

Independiente desde 1822, Brasil se transformó en república en 1889. La  independencia, sin embargo, fue declarada por un príncipe extranjero, el portugués Dom Pedro I, y la República proclamada no por un revolucionario, sino por un  mariscal golpista, Deodoro da Fonseca.

Desde entonces, Brasil enfrentó dictaduras y golpes de Estado. El más reciente ocurrió en 1964. Los militares tomaron el poder, suprimieron los derechos civiles, deportaron, torturaron y mataron a opositores y gobernaron despóticamente por 22 años.

Con menos de dos décadas de democracia, Luiz Inácio Lula da Silva, un ex-líder sindical, fue electo presidente en octubre de 2002 y asumió en enero de 2003. El cambio de timón, sin embargo, no inmunizó al país de las denuncias de corrupción. Hoy Lula y su Partido de los Trabajadores (PT) responden  acusaciones sobre préstamos sospechosos, concesión de privilegios y circulación de dinero ilícito.

Economía

Durante la mayor parte del siglo XX, hasta los años 70, Brasil disfrutó el status de País del Futuro. Sus incalculables riquezas naturales, entre ellas el  60 por ciento de la región amazónica y la reserva de 20 por ciento del agua potable del planeta, justificaban esa imagen.

Con 800 millones de hectáreas cultivables, Brasil aún no realizó una reforma agraria. Parte de los agricultores expulsados del campo viven miserablemente en las ciudades. Otra parte lucha por un cambio de esta realidad. El Movimiento de los Trabajadores sin Tierra es uno de los más importantes del mundo.

La industria brasileña se desarrolló en los años 50, produciendo crecimiento económico y, al mismo tiempo, concentración de la renta y urbanización desproporcionada.  El estancamiento económico llegó en los años 80. El número de desempleados y trabajadores informales superó los 30 millones, y los indigentes los 22 millones.

Al mismo tiempo se agravó la concentración de la renta.  El 10 por ciento de los más ricos de la población se apropia de la mitad de la renta generada en el país, mientras el 40 por ciento más pobre queda sólo con un ocho por ciento de ella. El salario mínimo es de R$ 300,00 (USD 130,00).

Novena economía del mundo, Brasil tiene una deuda externa gigantesca: 237,9 mil millones de dólares (equivalente al 39 por ciento del Producto Interno Bruto nacional). Las altísimas tasas de inflación se redujeron a partir de 1994. Aún así, el poder adquisitivo de la población siguió disminuyendo.

Recientemente la exportación ha crecido, batiendo um récord histórico en 2004, cuando aumentó 32 por ciento y superó los US$ 96 mil millones de dólares.

Salud y Educación

El empobrecimiento de la población también afecta su salud, aumentando los problemas nutricionales y las enfermedades transmisibles. Cerca de 120 mil bebes mueren anualmente antes de completar un año de vida.

Cerca del  97 por ciento de los niños y niñas de 7 a 14 años están en la escuela, mas el país convive con graves deficiencias educacionales. De 100 pequeños brasileños que ingresan al sistema escolar, apenas 8,1 por ciento termina la escuela secundaria. El analfabetismo es del  12 por ciento entre los mayores de 15 años.

Baja escolaridad, pobreza, falta de oportunidade y creciente tráfico de drogas figuran entre las causas de la violencia en las grandes ciudades. Fustigada por tantos problemas, la sociedad civil se organizó. Se estima que en el país existen 20 millones de voluntarios.

Religiones

Una parte de los que practican el voluntariado está ligada a las iglesias. La que reúne más fieles es la Católica Romana, con 126 millones (74 por ciento de la población),  mas este número se redujo alrededor de 14 por ciento desde 1980.

Cerca de 25,5 millones (15 por ciento) de los brasileños se declara protestante, siendo el 85 por ciento de ellos pentecostal.

Los seguidores de las religiones afro-brasileñas y sincretistas como candomblé, xangô macumba y umbanda, suman 4 por ciento de la población.  Existen aproximadamente 500 mil musulmanes y 100 mil judíos, y un menor número de adeptos de otras religiones. Un 7,3 por ciento afirma no tener religión.

El movimiento ecuménico brasileño buscó la proximidad con el pueblo por medio de la solidaridad y ganó fuerza en los años 70, durante la resistencia a la dictadura militar. En 1982 fue creado el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas (CONIC).  Este reúne a las iglesias Evangélica de Confesión Luterana en Brasil (IECLB), Episcopal-Anglicana, Reformada, Metodista, Presbiteriana Unida, Ortodoxa Siria y  Católica Romana.

Fue precisamente el CONIC que invitó al Consejo Mundial de Iglesias a celebrar su  9a Asamblea y primera en suelo latinoamericano, en Porto Alegre,  del 14 al  23 de febrero de 2006.

Durante esos diez días, aproximadamente 3 mil cristianos de todo el mundo entrarán en contacto directo con la rica diversidad de un país fascinante y su pueblo, que a pesar de enormes dificultades lucha y celebra la vida con firme esperanza.

Una actitud bien conocida de quien,  a pesar de todo, persiste en su compromiso con la visión de la unidad cristiana. 

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 Rosina Duarte es reportera free-lance y desarrolla proyectos de comunicación con comunidades de bajos ingresos,  a través de la Agencia Libre para Información, Ciudadanía y Educación (ALICE).