Volver al inicio

Jueves 7 de Junio, 2007

Adiós, ética protestante

Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil, Agosto 23, 2005

Cuando Max Weber caracterizó la afinidad electiva entre capitalismo y protestantismo, tuvo mucho criterio al Taxi Heathrow Airport distinguir los diversos ramos históricos del mundo protestante, atribuyendo al calvinismo impulsos capitalistas. 

Otra salvedad importante debe ser hecha cuando se interpreta la obra de Max Weber. Me refiero a la constreucción del “tipo ideal” de protestantes, cuyo objetivo fue facilitar su análisis.

Quien no observa ese aspecto puede hacer una pregunta tipo: ¿Será que Weber entendendió bien a Calvino, Lutero o Wesley?  Para Weber, esa no era la cuestión principal, porque el “tipo ideal” consistía en acentuar unilateralmente uno o varios puntos de vista de un fenómeno, a fin de formar un cuadro de pensamiento homogéneo, como dijo uno de sus intérpretes.

En otras palabras, el luteranismo, el calvinismo, el pietismo o metodismo construidos  por Weber no son encontrados en la realidad. Conn todo, sus construcciones ideales ayudan a entender los diversos ramos históricos del protestantismo.

Si fuésemos a caracterizar lo que nosotros denominamos luterano, calvinista, pietista de hecho, no encontraríamos tales personas en carne y hueso.  Por tanto, los tipos ideales de protestantes ayudan a entender las actitudes prácticas de los más diversos ramos del protestantismo.

En esa línea de raciocinio, podemos destacar el tipo ideal de protestante que tiene afinidad con el capitalismo del siglo XVI, el calvinismo. Weber presenta las máximas de Benjamín Franklin como tipo ideal: Tiempo es dinero, crédito es dinero, el dinero es procreador y fértil, un buen pagador es señor de la bolsa ajena, el deudor no puede olvidarse de sus deudas.

Luego, todas esas advertencias tienen un sentido utilitario. Por ejemplo, la honestidad es útil porque trae crédito. Es evidente que Weber se estaba refiriendo al capitalismo y a las culturas americanas, que tanto influyen en nuestra América Latina.

Luego, el “espíritu del capitalismo”, concretizado en la ética protestante de Benjamín Franklin, encontró aliados en el tipo ideal del calvinismo y resistencias, por ejemplo, en la tradición luterana.

El luteranismo, para Weber, era muy tradicional. Estaba más cerca del catolicismo que del calvinismo. Weber usa un dictado para hablar de los luteranos que se albergan en la gracia de Dios: “viven de la mano para la boca".

En otras palabras, de los luteranos no vienen impulsos racionales pro-capitalistas. Bajo la gracia divina, diariamente pueden pedir perdón y reconquistar un lugar ante Dios, al tiempo que el calvinista precisaría comprobar en la labor cotidiana  su condición de bendecido.

A su vez, pietistas, bautistas y metodistas estarían más cerca del modelo ideal del calvinismo de Ginebra del siglo XVI que los luteranos. Pero también aquellos que ya se distanciaron en parte del tipo ideal.

Con esas salvedades, por tanto, podemos corregir el sentido común que vincula el surgimiento del capitalismo a los diversos ramos protestantes. Por esa razón, lo más correcto sería hablar de ética calvinista y el espíritu del capitalismo.

Hoy, con todo, el  espíritu del capitalismo no precisa más de ahorro y del ascetismo intramundano. El placer del consumo toma el lugar  del ahorro; el hedonismo desbanca a la austeridad; el trabajo pierde espacio ante la magia y especulación financiera.

En fin, el capitalismo contemporáneo separó definitivamente la ética protestante y el espíritu del capitalismo.

Cabe, entre tanto, una nueva pregunta: ¿La “teología de la prosperidad” sería la edición neoliberal de la ética protestante de nuestro tiempo?  !Es el próximo asunto!

--------

Oneide Bobsin. Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil y profesor de Ciencias de las Religiones en la Escuela Superior de Teología de São Leopoldo/RS/Brasil.