Luteranos piden disculpas a comunidades judías de Argentina y Uruguay
BUENOS AIRES, Argentina, Agosto 1, 2002
En una declaración dirigida a la comunidad judía de Argentina y de Uruguay, la Iglesia Evangélica Luterana Unida de esos dos países expresó su "especial pesadumbre" por ciertos elementos existentes en su herencia histórica, tomados en parte por el reformador Martín Lutero.
El documento señala que en la larga historia del cristianismo, una de las circunstancias más trágicas es el tratamiento dado por los creyentes cristianos a los creyentes judíos. Muy pocas comunidades cristianas de fe fueron capaces de escapar al contagio del antijudaísmo, y su sucesor moderno, el antisemitismo.
Los luteranos miembros de la Federación Luterana Mundial (FLM) y la Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina y Uruguay "sentimos una especial pesadumbre con respecto a ello". Asimismo por las catástrofes –incluyendo el Holocausto del siglo XX – sufridas por los judíos en lugares donde las iglesias luteranas se hallaban fuertemente representadas, a pesar de las expresiones, quizás minoritarias, de creyentes luteranos que no se sumaron a tales prácticas", agrega.
Nosotros, que portamos el nombre de Lutero y su herencia, reconocemos, con dolor, algunas diatribas antijudías de Lutero y las exhortaciones contra los judíos de sus últimos escritos. Como lo hicieron muchos de los propios compañeros de Lutero del siglo XVI, rechazamos esas invectivas, y expresamos además nuestro hondo y perdurable pesar por sus trágicos efectos en las generaciones posteriores, agrega la declaración.
Junto con la Federación Luterana Mundial, señalan, deploramos particularmente la apropiación y exageración de las palabras de Lutero por parte de los antisemitas modernos para su enseñanza del odio hacia el judaísmo o hacia los creyentes judíos de nuestro tiempo.
Expresamos por otra parte nuestro urgente anhelo de vivir nuestra fe en Jesucristo con amor y respeto hacia los creyentes judíos.
Reconocemos en el antisemitismo una contradicción y una afrenta al Evangelio, una violación de nuestra esperanza y nuestra vocación, y comprometemos a nuestra Iglesia a oponerse al nefasto ejercicio de esta clase de intolerancia, tanto dentro de nuestros propios círculos como en la sociedad que nos rodea, afirma el documento.
La declaración está firmada por Ángel F. Furlan, pastor-presidente de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, Ricardo Pietrantonio, vicepresidente y secretario de Ecumenismo y Relaciones Interreligiosas y Roberto O. Stein, secretario ejecutivo.

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