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Jueves 7 de Junio, 2007

Carmelo Alvarez, pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo). [Foto: CLAI]
Carmelo Alvarez, pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo). [Foto: CLAI]

Joseph Ratzinger, ¿en la ruta de San Benito?

Carmelo Alvarez, CHICAGO, Estados Unidos, Mayo 9, 2005

Ahora que Benedicto XVI ha sido entronizado en el oficio petrino como papa, quisiera hacer algunas consideraciones sobre este teólogo y cardinal, y su trayectoria como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, bajo el pontificado de Juan Pablo II (1981-2005).

Además, deseo sinceramente que su gestión como pontífice sea acertada y juiciosa por el bien de la propia Iglesia. Por ello la pregunta por la ruta de San Benito no es tangencial ni antojadiza. Busca retrotraer la riqueza de una herencia que en el seno del catolicismo ha marcado una ruta de renovación espiritual valiosa.

La Congregación de la Doctrina de la Fe es quizás la más influyente en la gestión de cualquier papado e incide en todas las demás congregaciones, prelaturas y dicasterios del Vaticano. Como historiador eclesiástico uno podría  volver los ojos al pasado y ver algunas conexiones con la Santa Inquisición, de no muy grata recordación en el catolicismo medieval y moderno.

Estaría uno tentado a comparar actuaciones del Cardinal Ratzinger que tienen más de un vestigio de aquella nefasta institución represora y opresiva. Pero no es exactamente lo que me motiva a escribir éstas líneas. Deseo seguir otra línea menos obvia, pero probablemente más interesante.

Si Ratzinger escoge el nombre Benedicto no es para redimir a San Benito, ni a ninguno de los pontífices anteriores que escogieron ese nombre.

El hecho de que Benedicto XV (1914-1922) haya sido un papa honesto, aunque débil y en cierta medida fracasado en su intento de mediar para evitar la guerra en Europa, y de paso hacer más relevante un papado que seguía en franca hostilidad con la modernidad, no creo que es la razón detrás de la escogencia del nombre.

Si lo hizo por seguir en la ruta de San Benito (como especulan algunos) para recuperar esa espiritualidad tan hermosa y coherente, entonces aguardemos un poco para ver que cambio sustancial de enfoque, actitud y conducta se reflejen en los próximos meses.

El Ratzinger de los últimos veinte años fue un agente bastante intransigente y autoritario. Me basta con citar situaciones en las que yo mismo me vi envuelto cuando era Secretario General (1992-1996) de la Asociación de Teólogos y Teólogas del Tercer (EATWOT).

Nuestra organización es muy bien conocida en el Vaticano. El hecho de haber agrupado desde 1976 a los teólogos y teólogas de la liberación más connotados de todos los continentes, y la misma trayectoria de la organización en su reflexión y solidaridad con los pobres, los marginados, las mujeres, los indígenas y aborígenes y los afro-descendientes, ya puede dar una pista de las sospechas vaticanas sobre la heterodoxia de dicha organización.

No es secreto que la Congregación para la Propagación de la Fe hizo sendas investigaciones-y no menos advertencias y amonestaciones-a Gustavo Gutiérrez de Perú, uno de los fundadores de EATWOT, Jon Sobrino de El Salvador y al recordado Juan Luis Segundo de Uruguay.

A Leonardo Boff e Ivone Gebara, ambos de Brasil y Tissa Balasuriya de Sri Lanka se les sometió a prácticamente juicios inquisitoriales. El caso de Leonardo Boff llevó al silencio, el atropello, la humillación, que finalmente provocó su renuncia oficial a la Iglesia, que no a su vocación franciscana y su tarea ecuménica y pastoral.

Ivone Gebara fue sancionada con un año de ‘’reeducación’’ después de un proceso penoso de escrutinio y examen en que no se le permitió defenderse personalmente sino a través de un intermediario.

A Tissa Balasuriya se le injurió y torturó mentalmente, llevándolo hasta la ex-comunión (para ser rehabilitado posteriormente). Todos estos casos fueron dirigidos por la oficina de Ratzinger. Todos son miembros de EATWOT. Yo podría extenderme y compartir datos precisos de la forma en que mis colegas fueron tratados. Solo quería que no olvidáramos quien es el nuevo papa y algo de su trayectoria reciente.

Si Ratzinger escogió la ruta de San Benito tiene varios desafíos claros. Benito de Nursia (480-547) es figura cimera del monaquismo occidental. De hecho algunos eruditos le conceden el papel de haber salvado al catolicismo en Europa.

Benito era una persona de oración, meditación, disciplina, trabajo y reflexión: Su espiritualidad se resume en esa bella frase, ora et labora (ora y trabaja). Su tenacidad y diligencia proveyó la famosa Regla, que junto a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y Las Florecillas del Campo de San Francisco de Asís, constituyen pilares de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos.

El espíritu benedictino contagió todos los continentes y hoy tanto la formación educativa en la tradición benedictina como la lectio divina, constituyen piedras angulares de un acervo ecuménico y espiritual que pertenece a todo el cristianismo, y es admirado por otras tradiciones religiosas.

La ruta de San Benito es una fuente de inspiración que entre otras cosas ofrece la humildad, el don de escuchar, meditar y reflexionar antes de juzgar. Ofrece la oportunidad de entender el poder como servicio en clara adhesión al Evangelio.

Para mi el ethos benedictino tiene nombre y apellido; rostros e imágenes. Es Killian McDonnell en Minnesota que como teólogo carismático nos ha dado lo mejor de su herencia benedictina y el carisma de la sabiduría, la humildad y la amistad.

Conocí a Killian en 1985 en el contexto de una consulta entre iglesias históricas, pentecostales, ortodoxas y católica. Su serenidad y pausa en el diálogo, el acervo de su conocimiento sobre teología del Espíritu Santo y la experiencia transformadora del Espíritu experimentada en su propia vida, lo hacen un ser humano extraordinario.

Sus aportes a la Sociedad de Estudios Pentecostales en la cual compartimos por más de dos décadas es testimonio de su ecumenicidad y mente amplia.

Killian ha sido un puente de comprensión y tolerancia entre católicos y pentecostales, en tiempos en que la desinformación y los prejuicios hacían difícil el diálogo. Su herencia benedictina le ayudó a discernir y sopesar con ecuanimidad y acierto. Solo basta con leer su impresionante producción literaria para atisbar y adentrarse en este teólogo carismático benedictino.

A sus 84 años, frágil pero lleno de sabiduría, todavía Killian sigue demostrando la solidez de esa herencia benedictina, que al final de cuentas es la esencia de lo cristiano.

Yo también tengo viva en la memoria la hospitalidad brindada por mis hermanas y hermanos benedictinos. Los rostros llenos de ternura en Filipinas, Holanda Sri Lanka, Guatemala, Perú, Ecuador y tantos otros lugares quedan como imágenes lúcidas de una autenticidad evangélica de valor incalculable.

La tenacidad y dedicación de maestros y maestras en colegios que han formado líderes nacionales en distintos países queda como testimonio elocuente del valor de la herencia benedictina.

¿Seguirá Ratzinger por la ruta de San Benito? Si es así las opciones son claras. Ese camino de espiritualidad está preñado de valores profundos y cristalinos, con mayores desafíos éticos, teológicos y eclesiales.

Una actitud transparente y diáfana en que la humildad, la honestidad y la integridad sean ejes del accionar, será más que suficiente para que Benedicto XVI honre a San Benito de Nursia ,y en buena teología católica, pida al Santo que interceda en su favor en la gestión que tiene por delante.

¿Cuáles son algunos desafíos que deberá enfrentar Benedicto XVI y para lo cual esta herencia benedictina le puede iluminar? Hay voces dentro del catolicismo que claman por mayor democracia en la Iglesia. Para nadie es secreto que el binomio Juan Pablo II- y su mano derecha Ratzinger centralizaron, y en ocasiones obstaculizaron, espacios de participación y diálogo.

Hoy la prensa y sectores conservadores del catolicismo internacional quieren hacer ver que Juan Pablo II y su pontificado fue toda gracia y buena conducción pastoral. El carisma de Juan Pablo II nadie lo niega. Su conservadurismo honesto y la inconsistencia en muchos campos, tampoco.

Benedicto XVI tendrá que abocarse a llamar a la unidad interna en la Iglesia, pero no con medidas represivas sino con actitudes tolerantes. Deberá de una vez y por todas abrir el catolicismo (sobre todo europeo) a la realidad global que señala hacia el futuro de la Iglesia en África, Asia y Latinoamérica.

Roma y el eurocentrismo no son la alternativa para un catolicismo vigoroso en el siglo XXI. Pretender re-evangelizar a Europa olvidándose del lugar prominente que deben ocupar esas regiones, mayormente empobrecidas del mundo, es optar por el cautiverio y la decadencia.

Muy alto en la agenda de Benedicto XVI debería estar la participación de las mujeres en la Iglesia, y no hablo solo de la ordenación.

Es menester que los laicos (hombres y mujeres) sean recibidos en la Iglesia como pueblo pleno de Dios con sus dones y aportes. Las mujeres han sido marginadas en la estructura eclesiástica católica y no hay razones ni teológicas, biológicas, morales ni espirituales que lo justifiquen.

No hay duda que el sacerdocio está en crisis en la base de la iglesia. Ello incluye la conducta sexual, la realización humana y vocacional. Por esa razón hay una disminución tan evidente de vocaciones sacerdotales.

Viajando por Latinoamérica y el Caribe comparto con amigos sacerdotes en conversaciones que solo reflejan la gran frustración en que silenciosamente viven. Esperar que lleguen escándalos sexuales para atenderlos y finalmente dejarlos a su propia suerte no solo es cruel, sino que me parece poco cristiano. La Iglesia tiene que ser más consecuente más allá de las conveniencias y los acomodos.

Escuché detenidamente las homilías recientes de Benedicto XVI. Su intento de cobijarse bajo el pontificado de Juan Pablo II es una ruta poco saludable.

A su edad sería más conveniente confiar más en el Espíritu Santo que en el poder que pueda emanar del oficio petrino. En ese esfuerzo emular a San Benito y actualizar una herencia tan rica en gracia y verdad puede ser un gran acierto.

Como persona que ha optado por la ruta ecuménica yole ofrezco sinceramente mis oraciones. A fin de cuentas todos y todas somos responsables de ser fieles a la más grande herencia de todas, la que emana de la propia vida de Jesucristo.

Pedir que la Iglesia sea fiel al Evangelio del Reino es tarea de todos los cristianos y las cristianas, no importa en que tienda eclesiástica nos encontremos. Como siempre me decía aquel gran pastor y amigo Monseñor Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, México: “Ojalá seamos menos religiosos y más cristianos”.

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Carmelo Álvarez. Pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo). Chicago, IL
27 de abril del 2005