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Lunes 12 de Noviembre, 2007

Manuel López, periodista español, director de la revista Foto y miembro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid.
Manuel López, periodista español, director de la revista Foto y miembro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid.

Tarea pendiente: El canto a la viña

Manuel López, MADRID, España, Mayo 1, 2005

“Cantad acerca de la viña del vino rojo”, invita el texto manifiestamente mejorable de Taxi Heathrow Airport Isaías 27:2 en la Biblia Reina-Valera en sus versiones de 1909, 1960 y también en la más reciente de 1995.

Originariamente, la versión de Casiodoro de Reina de 1569 rezaba: “En aquel día la viña de Hemer, cantad deella”. En la versión posterior de Cipriano de Valera de 1602, sin embargo, desaparece la ene del verbo, de modo que en vez de a unirse al coro el texto sagrado invita a los lectores a acercarse a la mesa de degustación: “câtad deella“, dice textualmente. ¡Salud!

¿Errata intrascendente, o acaso premonición del enorme potencial de desarrollo futuro de la viticultura y la enología? Quién sabe. Porque, que sepamos, a la vista está que los equipos de revisión del texto bíblico se relacionan mal o no se relacionan con experto alguno en viticultura o enología.

Y es que lo que produce la uva tinta en cualquiera de sus múltiples variedades no es vino rojo, sino tinto, como su propio nombre indica. Casi parece preferible la fórmula de simplificación redundante por la que se decantaron -en la acepción de inclinarse, tomar partido, decidirse; no en la que tiene que ver con decantar el vino, claro está- los revisores de la Biblia de las Américas: “Una viña de vino; de ella cantad.”

“A pleasant Vineyard”, reza el texto en la mayoría de las versiones inglesas clásicas al uso. ¿Puede ser una viña placentera, agradable? La trasposición al terreno de la estética de la voz “hemer” sin duda goza del beneplácito de la colosal industria de las bebidas de cola.

Pero esa voz del hebreo encaja más con lo gustativo que con lo visual. Lo que se dice pleasant , placentero... tiene que ver con el paladar y es el fruto de la vid.

“La vigna deliziosa, cantatela!”, anima una reciente versión en italiano (San Paolo, Milán, 1997), que mejora a ojos vista la versión clásica (Nuova Riveduta. Roma, 1994) que habla del vino bermejo: "Cantate la vigna del vino vermiglio.” Lo dicho, el resultado de la penetración ideológica de las misiones anglosajonas, ay.

En alemán, la versión de referencia es la edición revisada de la Biblia de Lutero de 1984: “Ein lieblicher Weinberg, singet ihm zu!”, de donde el adjetivo lieblich, amable, está tomado de la cultura de frühshopen, aperitivo dominical en las bodegas de vino blanco afrutado del Rin.

Nada que ver con las viñas de uva tinta del absoluto Levante mediterráneo, las colinas de viñedos de Israel que ven nacer el sol del Asia profunda y ponerse en las aguas del Mare Nostrum. 

La versión de Von Allioli (Viena, 1950) sube de categoría la descripción del fruto de la vid, al que llama noble: “Der Weinberg des edlen Weines”. Todo lo contrario que la versión de 1891 de la Biblia de Elberfeld, que describe el vino como feurig, ardiente, fogoso: “Ein Weinberg feurigen Weines, besinget ihn!”

Los autores de la versión portuguesa revisada de Figueiredo (Lisboa, 1963) sí saben de qué va el texto: “A vinha que dá vinho puro lhe cantará louvores”.

Acaso influenciada por la sobria resistencia protestante tras el exterminio de cátaros y hugonotes, la versión francesa clásica de Ségond pasa con excesiva abstinencia sobre el texto: “Chantez un cantique sur le vigne”.

Con toda razón la versión revisada (Villiers-le-Bel, 1978) se moja: “Entonez le chant de la vigne au vin capiteux”. De donde el vino capiteux no es otra cosa que el vino en barrica, en fermentación. Así se comprende que haya tenido que ser la versión francesa de la Biblia de Jesusalén la que además de al pan, pan, haya llamado al vino, “la vigne magnifique”, en alusión a “la vigne de vin en fermentation”, y anime a los lectores a cantarle: "chantez-la!”

“Esta un hofi di wendrúif presioso, ban kant’é den un kantika”. Los traductores de la Biblia al esperanto acaso hayan dado con el adjetivo que más justicia hace a la calidad deseable del mejor vino, la de precioso, esto es, “excelente, exquisito, primoroso y digno de estimación y aprecio”, en definición del Diccionario de la Lengua Española. 

El vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro y el pan que sustenta nuestra vida. He ahí la esencia de la cultura mediterránea que vivió Jesús de Nazareth.

Conste que no lo dice un servidor, animador de la cultura del vino con algún que otro artículo sobre el resveratrol* en estas páginas o la antocianina en Protestante Digital*. Aunque las misiones USA lo silencien, lo dice la Biblia, y por el mismo orden: vino, aceite y pan (Salmo 104:15).

Alegría, pues, hermanas y hermanos. He aquí acaso una asignatura pendiente a superar para el que va a ser el primer Concilio cristiano del Siglo XXI, la IX Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Porto Alegre 2006. Buena cosa será saludar, bendecir y celebrar la Asamblea... con un canto a la viña y una cata de su fruto. ¡Salud!

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Manuel López, periodista español, director de la revista Foto,  y consultor internacional de prensa. Miembro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid. 

* https://alcnoticias.org/articulo.asp?artCode=1540&lanCode=2

** https://www.protestantedigital.com/hemeroteca/020/letrap.htm