Francois Houtart hace balance del pontificado de Juan Pablo II
BRUSELAS, Bélgica, Abril 11, 2005
Habiendo decidido el cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán, presentar su renuncia al papa Taxi Heathrow Airport Juan Pablo II al llegar a la edad requerida de 75 años, considerando que su estado de salud le impedía asumir responsabilidades ulteriores, se desvanecen las esperanzas en un potencial sucesor aperturista, dice el teólogo belga Francois Houtart.
En las conclusiones de un extenso artículo titulado Balance de un Pontificado, Houtart dice: No hay duda que Juan Pablo II, el prelado deportista y el antiguo obrero de las fábricas Solvay en Cracovia, el aficionado de teatro y el moralista de la Universidad Católica de Lublin, el sacerdote con espiritualidad mística y el pastor de los Cárpatos, será conocido en la historia como un gigante de la era contemporánea.
Pero queriendo reconstruir una Iglesia sólida en un mundo más humano, acabó destruyendo una cantidad de fuerzas vivas emergentes y marcadas por una visión evangélica y profética, y eso no podrá ignorarse, indica Houtart, rofesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina.
La luz espiritual y moral de las cuales pretendía ser portador, se transformó en una instancia política. El gobierno central de la Iglesia que tenía que ser un servicio al "pueblo de Dios", se convirtió en un aparato reaccionario, aliado de facto de los poderes económicos y políticos,dice.
Su voz, que reclamaba la justicia y la paz, en vez de adoptar el tono profético necesario ante la tremenda explotación, más que nunca mundializada, de la economía de mercado capitalista, se transformó simplemente en una crítica razonable, agrega.
Es verdad, anota, que Juan Pablo II ha restaurado la Iglesia, pero ¿qué Iglesia? Ciertamente, ha potenciado el lugar de ésta en la sociedad, pero ¿qué lugar? La humanidad necesita llamadas a la esperanza que se basen en análisis de la realidad y en proyectos de futuro. Una de estas voces proféticas, inspirada por Dios liberador, podría llegar de Roma, señala Houtart, actual secretario ejecutivo del Foro Mundial de Alternativas (FMA), con sede en esta capital.
No se puede decir que el balance del pontificado haya respondido a esta doble expectativa. Éste será el desafío para su sucesor, quien podrá apoyarse sobre la esperanza de una muy grande espera y sobre fuerzas vivas afortunadamente siempre presentes en todo el planeta, afirma finalmente.
No es fácil esquematizar las líneas de fondo del pontificado de Juan Pablo II, que ha estado al frente del gobierno de la Iglesia Católica más de un cuarto de siglo, en una época que ha visto cómo el Consenso de Washington orientaba la economía mundial hacia el neoliberalismo, con sus catástrofes sociales, por no citar las guerras que han reforzado el sistema mundial dominante y el ataque terrorista contra Estados Unidos, escribe.
Houtart anota que las relaciones con las otras confesiones cristianas y con las otras religiones conocieron ciertas manifestaciones impresionantes, como los Encuentros de Asís en 1986 y 2002. Pero la intransigencia doctrinal y los obstáculos a las colaboraciones más institucionales, marcaron unos límites infranqueables a ciertas reformas en curso.
Los numerosos viajes de Juan Pablo II a través mundo han revelado la energía poco común de la que está animado. No obstante, más que un auténtico contacto con la realidad de los lugares visitados, se trataba sobre todo de difundir el pensamiento romano. Las visitas pontificias provocaron emoción en cuanto a las celebraciones colectivas, pero a largo plazo desembocaron en un fortalecimiento del ala conservadora del catolicismo, estima Houtart. (188/2005).

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