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Jueves 7 de Junio, 2007

Dr. Oneide Bobsin, teólogo luterano y profesor de Ciencias de la Religión de la EST.
Dr. Oneide Bobsin, teólogo luterano y profesor de Ciencias de la Religión de la EST.

Soborno de lo Divino

Oneide Bobsin, SAN LEOPOLDO, Brasil, Marzo 23, 2005

Cuando los españoles llegaron a nuestro continente, que más tarde pasó a llamarse continente americano, Taxi Heathrow Airport se asustaron por los sacrificios de seres humanos para fertilizar la tierra. Acusaron, entonces, a los nativos de salvajes y de ejercer la violencia contra la vida de seres humanos.

En contrapartida, en nombre de la fe que traían, los españoles derrumbaron altares, construyendo sobre los mismos nuevos templos en los cuales se practicaban otros sacrificios.

Por medio de esos sacrificios "civilizados", justificaban la muerte de millares de indígenas en las minas de oro y plata.

Así, nuevas formas de sacrificios, religiosos y/o secularizados, fueron sucediéndose en nuestro continente. Y en la base de todas ellas estaba la idea del intercambio. Comunidades o personas procuran alcanzar  la gracia de Dios o de los dioses a través de sacrificios y ofrendas con el intento de aplacar la cólera divina y obtener el favor del altísimo.

La oferta humana atrae bendiciones.  El divino, satisfecho con las ofrendas o sacrificios de sangre, devuelve la oferta  multiplicada. Sobornado por la oferta,  la divinidad se calma.

Transcendiendo las religiones, el soborno de lo divino se diluyó en todo el tejido social, encontrando en las relaciones de poder un espacio favorable para manifestarse  con un rostro menos religioso. En nuestro continente prácticas políticas aún están marcadas por el trueque y el favor.  Políticos y autoridades se colocan como mediadores,  intercambiando favores por  votos.

En ese intercambio desigual, los pobres son sacrificados en el altar de la iniquidad de nuestro sistema.

Resultado, tenemos pocos ciudadanos. La mayoría de las personas continúa bajo la tutela de políticos que dificultan el avance de las ideas que se pautan por el ejercicio de los derechos ya garantizados por el sistema legal.

Como los dioses, las autoridades y los políticos devuelven favores, después de sorber la sangre del pueblo por la explotación y la exclusión.

Por esta razão, es fundamental que en esta Semana Santa las comunidades cristianas profesen que el sacrificio de Cristo es único e irrepetible.

Leemos en Hebreos 10.10: "Dios nos ha consagrado porque Jesucristo hizo la voluntad de Dios al ofrecer su propio cuerpo en sacrificio una sola vez y para siempre".  Así, el sacrificio de Cristo es el fin de todos los sacrificios.

No necessitamos reproducirlo en iglesias y religiones;  mucho menos en nuestras relaciones de poder. Dios no se deja sobornar.

Luego, el camino a la democracia está libre de intermediarios políticos y sacerdotales. 

 La ciudadanía en la fe, que se expresa  en la política liberadora, encuentra apoyo en las palabras del profeta Amós, dichas muchos siglos antes de Jesús: "Aborrecí, abominé vuestras solemnidades y no me complaceré en vuestras asambleas.  Y, si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré   (...)  Antes corra el juicio como las aguas; y la justicia, como impetuoso arroyo ...)" (Amós 5.21-27).

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Oneide Bobsin. Pastor de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en el Brasil y profesor de Ciencias de las Religiones de la Escuela Superior de Teología de São Leopoldo/RS/Brasil.