Nueva ley sobre transgénicos preocupa a ambientalistas
BRASILIA, Brasil, Marzo 7, 2005
La aprobación por la Cámara de Diputados de una ley que autoriza las investigaciones con Taxi Heathrow Airport células-madre y legaliza la producción y comercialización de organismos genéticamente modificados, más conocidos como transgénicos, preocupa a los defensores del medio ambiente.
El proyecto de Ley de Bioseguridad fue aprobado por 352 votos a favor, 60 contra y una abstención, por la Cámara de Diputados, el pasado miércoles. Como ya fue aprobado por el Senado, solamente falta la promulgación por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva para entrar en vigor.
La ley disgusta también a la ministra del Medio Ambiente, Marina Silva. La Asesoría y Servicios a Proyectos en Agricultura Alternativa (AS-PTA), opina que la ley aprobada es "fruto de un gobierno transgénicamente modificado", ya que el Partido de los Trabajadores, que llevó al poder al presidente Lula, siempre se opuso a la producción y comercialización de transgénicos en Brasil.
La aprobación de esta ley fortalece un plan para transformar el Cono Sur sudamericano en un territorio gran productor y exportador de soya. Los ambientalistas argumentan que faltan mayores conocimientos respecto a todos los peligros que los transgénicos representan para el productor rural, el medio ambiente y la salud humana y animal.
El gran argumento de los productores de soya transgénica en el estado de Río Grande do Sul, donde, se dice, semillas transgénicas llegaron de Argentina de contrabando, es la alta productividad. Pero el boletin virtual "Por un Brasil libre de transgénicos", cita estadísticas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos que demuestran lo contrario: la productividad con soya transgénica se redujo entre 5 y el 11 por ciento en relación con cultivos convencionales.
Además, la cantidad de herbicida que necesita la soya transgénica en Estados Unidos, después de nueve años de cultivo, es 86 por ciento mayor que lo que requieren los cultivos tradicionales. Y en Argentina, tras siete años de cultivo, el empleo del herbicida glifosato aumentó en 14 por ciento.
En Brasil, la empresa Monsanto, una de las productoras del terrible "agente naranja", usado por las tropas norteamericanas en Vietnam, posee la patente de las semillas de soya transgénica Round Up Ready. La empresa cobra regalías por el uso de esas semillas, incluso a agricultores que las recibieron por contaminación de plantaciones vecinas.
La aprobación de esta ley tiene un aspecto negativo comercialmente. La organización ambientalista Greenpeace Internacional informó que 57 de las 60 mayores empresas de alimentos del mundo decidieron no comercializar productos transgénicos en la Unión Europea. En Alemania, 99 por ciento de las industrias alimenticias no usan transgénicos, por exigencia de los consumidores.
En Paraná, el mayor productor de soya, se declaró "estado libre de transgénicos" y prohibió embarcar por sus puertos soya transgénica procedente de otros estados y de Argentina o Paraguay. Su comercio de soya convencional y orgánica le da ventajas comerciales.
Además, el gobierno del estado de Mato Grosso del Sur, anunció la semana pasada que no permitirá la exportación de soya transgénica por el puerto de Paranaguá, pues eso significa menores precios y menor competitividad del producto en los mercados internacionales. (106/2005).
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