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Martes 8 de Marzo, 2005

Fortunat Mallimacci, investigador de la Universidad de Buenos Aires. [Foto: UBA]
Fortunat Mallimacci, investigador de la Universidad de Buenos Aires. [Foto: UBA]

Nuevas posibilidades de líderes religiosos, señala Mallimacci

Rolando Pérez, BUENOS AIRES, Argentina, Marzo 2, 2005

La sociedad argentina vive una profunda restructuración  de creencias religiosas, dentro de un activo mercado religioso, sostuvo el profesor Fortunato Mallimacci, investigador de la Universidad de Buenos Aires.

En ese contexto, agregó, destacan los procesos de desinstitucionalización e individualización, las transformaciones internas del catolicismo y el crecimiento del mundo evangélico pentecostal, indicó en una ponencia que presentó el 28 de febrero en un encuentro sobre Estrategias de Incidencia en Políticas Públicas de Organizaciones Religiosas en los diferentes niveles del Estado.

Lo nuevo, hoy no está en que se cree más o menos que en otras décadas, sino que se cree diferente. Entenderlo se vuelve indispensable para comprender las profundas transformaciones que ocurren al nivel social, cultural y político, anotó.

Este proceso, dijo, genera un paisaje transformado, en el cual la Iglesia Católica no es ya la gran estructuradora de lo religioso, sino que debe disputar el espacio de las creencias con una pluralidad de instituciones.

La crisis de representatividad y el proceso de popularizacion del campo religioso que experimenta la sociedad argentina ha generado el surgimiento de diversas formas de resistencia al modelo neoliberal, muchas  de ellas provenientes desde afuera del sistema político institucionalizado, señaló.

Este fenómeno se da en el contexto de un proceso de "privatización" de la ayuda social, en el cual desde distintos grupos se ocupa el espacio de la asistencia, dejado vacante por un Estado cada vez más desvinculado de los servicios de salud, educación y promoción de los sectores populares, apuntó.

En ese contexto, afirmó, es interesante observar la participación, tantoa nivel discursivo como en la práctica, de las iglesias y movimientos religiosos, que ocupan un lugar importante en el espacio social marcado por la agudizacion de la crisis.

Mallimacci estimó que el proceso de individualización se da especialmente en aquellos sectores que tienen amplios recursos, mientras que en el caso de las personas empobrecidas el proceso de individualización significa aislamiento, fragilidad y pérdida de capital social.

No se trata de hombres y mujeres "apáticos", "objetos de manipulaciones", "pasivos" frente a lo que sucede. Por el contrario, sus  creencias religiosas influyen en su vida cotidiana y dan respuesta a los principales  desafíos que presenta la ciudad, especialmente angustias, pertenencias, integración familiar, puntualizó.

Este nuevo escenario, signado por la crisis de las mediaciones políticas y sindicales o de los modelos de políticas sociales, económicas y culturales, genera nuevos espacios para que los líderes religiosos canalicen  la protesta. Los líderes de las iglesias tienen la posibilidad de cumplir el rol de reguladores del conflicto social o como administradores del descontento, indicó Mallimacci.

Sin embargo, advirtió, la respuesta de los líderes religiosos a las nuevas demandas sociales significa caminar por una delgada línea que separa la función de articular las demandas de sectores sociales afectados por el actual proceso neoliberal y el de actuar como agente de control social.


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